Se veía venir: ¡No era el tren, sí el dislate!

Jesús Díez (Sopeña de Curueño, 1952) es autor de ‘El niño del tren Hullero’ o Silbar del tren Hullero’

Jesús Díez
30/11/2025
 Actualizado a 30/11/2025
¡Ya se ve la locomotora asomada a la curva del monte tras de los robles! ¡Ya silba pasado el puente de hierro sobre el río! ¡Ya entra en la estación!. | EUSKOTREN
¡Ya se ve la locomotora asomada a la curva del monte tras de los robles! ¡Ya silba pasado el puente de hierro sobre el río! ¡Ya entra en la estación!. | EUSKOTREN

Cuando de niños estábamos esperando en las estaciones al Tren Hullero, las frases que oíamos pronunciar a nuestros abuelos y padres, y que se reflejaban con alegría en la cara y los ojos de cada viajero eran: ¡Ya se oye llegar el tren! ¡Ya se ve la locomotora asomada a la curva del monte tras de los robles! ¡Ya silba pasado el puente de hierro sobre el río! ¡Ya entra en la estación! Los niños saltábamos de alegría. Recuerdo alguna vez siendo guajes, que burlando la vigilancia de los guardagujas bajábamos del andén a las vías, nos tumbábamos sobre las traviesas de madera, poníamos el oído sobre el brillante metal del raíl; y según las vibraciones o sonidos escuchados, calculábamos la distancia a la que se encontraba el Tren: cercano o aún lejos. A partir de esa adivinanza, subirse otra vez al andén, ver entrar en la estación las locomotoras arrastrando los vagones cargados con carbón y otros con viajeros, era algo inaudito, todo un acontecimiento. A partir de ahí la necesidad del Viaje.

Ahora se veía venir, este dislate como aviso para navegantes de lo que venga después: No vuelve el tren de Feve a la estación, sino ese tsunami que arrasa todo lo que pilla a su paso por la provincia de León. La estación fue inaugurada en la capital el 30 de mayo de 1923, como destino de un tramo de 29 kms., desde la localidad de Matallana de Torío, por eso se bautizó con el mismo nombre. Lo que en aquella fecha fue una lucidez por parte de los que llevaron a cabo el proyecto, lamentablemente a partir del año 2011 por intereses o planteamientos oscuros, se convirtió en una torpeza haciendo que "descarrilara" el tren y no llegara hasta la mítica estación de Matallana, quedándose en la de La Asunción. También desde esa fecha se destruyó el patrimonio industrial y cultural, el museo vivo y al aire libre que rodeaba la estación; no se preservó para enseñar como herencia ferroviaria a los viajeros más jóvenes que no lo conocieron: la placa giratoria de locomotoras, el depósito de agua, la cantina-churrería aledaña al edificio, etc...

Una de las obras de Jesús Díez dedicadas al Hullero
Una de las obras de Jesús Díez dedicadas al Hullero. | L.N.C.

Decía A. Machado: Todo necio confunde valor y precio. Esta frase y su esencia filosófica, se podría aplicar a lo ocurrido con el Tren de Feve y la estación nombrada, ahora estación fantasma por ese disparate que comenzó en 2011, y adonde nos han llevado unos y otros. Ahora desde sus andenes, no se ve llegar ni se oye silbar el Tren de Matallana; ni en las ventanillas de sus vagones se asoman campesinos viejos, mineros jóvenes, ni otros viajeros que en el presente quieren servirse de él como trasporte útil para emprender su nuevo proyecto de Vida. Se veía venir y regresar… No el tren puesto en valor por las personas que lo han defendido... Se veía venir este nuevo dislate.

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