– ¿A qué se debe que hoy en día la antigua Roma siga ejerciendo esa fascinación que no se da tanto en otras culturas y civilizaciones como la egipcia o la griega, por ejemplo?
– Ni tú ni yo estamos hablando ahora en un idioma derivado del antiguo egipcio, ni un idioma derivado del griego, aunque tenga algo de griego en algunos cultismos, sino que estamos hablando una evolución del latín. Así que fíjate el peso cultural que eso tiene. Además, muchísimas de nuestras costumbres, incluso en cuestiones aparentemente triviales como la siesta o poner en rojo los días festivos del calendario, vienen de Roma. Pero también aspectos importantes como nuestro idioma o nuestro Derecho son una evolución de Roma. Es natural que muchísima gente en nuestro país tenga una enorme curiosidad por saber de dónde venimos. Si a esto le añades la enorme supresión que hay sobre todas las materias de humanidades: historia, arte, latín, griego y ahora parece que quieren acabar incluso con filosofía, eso lo que hace es que puede redundar en una peor preparación humanística de las personas, pero gracias a Dios parece que no consiguen acabar con la curiosidad de la gente por saber de dónde venimos.
– En su caso, que es una persona de formación anglosajona, ¿cómo surgió esa atracción por ese periodo histórico?
– A mí me gustaba tanto la historia como la literatura, lo que sucede es que en los años ochenta no era habitual que una persona pudiera hacer una titulación doble, cosa que ahora sí que hay una mayor flexibilidad. Si yo hubiera estudiado ahora probablemente habría hecho una titulación doble de filología y de historia. Como no pude hacerlo me decanté por la literatura, por mi pasión por narrar, pero a la hora de volver a escribir pues me pareció interesante por qué no combinar esas dos pasiones que yo tenía: la literaria y la histórica. Y si quieres combinar esos dos elementos evidentemente acabas escribiendo novela histórica.
– ¿En una novela histórica quién debe de jugar un papel más preponderante, el narrador o el investigador?
– Hay que tener en cuenta que no existe un solo tipo de novela histórica. Existe un tipo de novela donde la ambientación es histórica pero la trama que sostiene al relato es inventada. Un ejemplo de este modelo es ‘El nombre de la rosa’, de Umberto Eco. Ahora bien, puedes tener otro tipo de novela donde incrementemos el peso de la historia, serían novelas donde no solo la ambientación de la época es histórica sino que además los grandes protagonistas del relato también son históricos. Podíamos entrar aquí en novelas del tipo ‘Yo, Claudio’, de Robert Graves. Las novelas que yo hago se entroncan en este segundo modelo. Lo cual no quiere decir que un tipo de novela sea mejor que el otro. Simplemente son diferentes.
– ¿En su caso, cómo es el proceso de creación de sus novelas, con la dificultad de que algunas de ellas están estructuradas a modo de trilogías, como las referentes a Escipión el Africano o el emperador Trajano?
– Evidentemente hay que partir de una base documental, hay que investigar, pues sería irresponsable por parte de un narrador ponerse a recrear una época sin haberla estudiado con cierto detalle antes. Luego arranca la parte de estructura; es decir, cómo organizar el relato, cómo quieres contar lo que vas a contar, es la parte más difícil. El cómo lo cuentas es la clave de que tu novela sea popular, porque captures al lector con diferentes elementos de intriga que no necesariamente tienen que ser añadidos, sino que las propias intrigas de la historia tú sepas contarlas de forma que las desveles poco a poco. Y a todo esto luego empieza ya la fase de redacción, donde siempre vuelves a la documentación porque hay tantísima información que no puedes dominarlo todo y de pronto tus personajes se van moviendo por distintos escenarios y tienes que documentarte sobre esos escenarios que no controlas. En este proceso vas saltando de escritura a documentación constantemente.
– ¿Cómo trabaja el lenguaje para hacerlo creíble a la época en que se desarrolla la acción y que a la vez sea comprensible para el lector actual?
– Hay que utilizar un tipo de lenguaje próximo al de nuestros días para que el lector no viva el relato como algo distante. Pero tampoco puedes cometer anacronismos en el sentido de que los personajes hablen de una forma tan coloquial que resulte inasumible para el lector. Para crear ambiente lo que hago es añadir palabras de los idiomas que originalmente hablaban los personajes, como en este caso es latín, griego, incluso sánscrito o chino clásico. – ¿Qué ventajas encuentra a la hora de estructurar sus novelas en trilogías, como sucede en el caso de Escipión el Africano o Trajano?
– La trilogía me permite que no solamente narre el relato de una persona y su entorno más próximo sino que puedes hacer un gran fresco de toda una época, porque de esta forma puedes hacer novelas casi antropológicas donde no solamente hables de un grupo de personajes y de su intriga sino además de las religiones, de los idiomas, de las costumbres cotidianas, de la estructura militar de la época... todo esto te permite hacer un retrato ‘en cinemascope’, término que aplicó un articulista con relación a ‘La legión perdida’ y que me parece una metáfora bastante acertada.
– ¿De alguna manera se puede decir que escribe en imágenes?
– Sin duda alguna. Procuro hacer mis relatos lo más cinematográficos posibles, porque cuando una persona se acerca a una novela puede haber leído más o menos, pero lo que es indiscutible es que habrá visto infinidad de películas y series de televisión. Y en ese sentido es muy útil poder aprovechar toda esa narrativa cinematográfica o televisiva que llevan los lectores.
– De toda novela histórica se pueden sacar lecturas válidas para los tiempos en que vivimos. En reiteradas ocasiones usted ha dicho que los políticos actuales deberían mirarse en el espejo del emperador Trajano.
– Sí, indudablemente. Hay una cuestión muy clara y es que a mí me interesaba recuperar para el siglo XXI una figura como Trajano, que luchó activamente contra la corrupción y obligaba a los senadores corruptos a devolver íntegramente el dinero. En este sentido quería mostrar a la gente que se podía gobernar de otra manera, que si Trajano pedía austeridad era el primero en ser austero y recortarse el dinero, o ser trasparente haciendo públicos los gastos de su familia. En un mundo como el que vivimos hoy nos vendría genial una figura como Trajano.
– ¿Hay alguna otra figura histórica en la que ya esté trabajando para una futura novela?
– Lo estoy haciendo, pero la editorial no me permite que te diga sobre quién. Sí puedo adelantarte que no será una trilogía sino una novela, aunque no descarto otras trilogías en el futuro.