– Pereira - Villafranca y tú
– Antonio es Villafranca, Villafranca es Antonio y yo nací y vivo en Villafranca, y he tenido la inmensa suerte de ser su amigo.Somos lo que hemos visto, sentido, vivido y bebido, y yo bebí de su fuente, de ese chorro de agua fresca que él nos propuso en una época gris, en un pueblo pequeño separado por un río. Antonio, al igual que Lorca, nos enseñó el mar a los que vivimos en una provincia de interior. Antonio fue una ventana, un tren que llegaba cuando él estaba. Antonio nos hizo más vivo el vivir y nos enseñó que tras el puerto del Manzanal había vida… y esperanza.
– ¿Crees que en esas imágenes se encuentra el espíritu de Pereira ?
– Eso he humildemente pretendido. En cualquier caso, ha nacido del impulso de la experiencias profundas que he visto, leído y vivido con Antonio. Este trabajo no son unas fotografías de Pereira, ni siquiera de su vida. Esta propuesta es una interpretación de la obra de Pereira y de su mundo, en formato fotográfico. Es imposible abarcar el espíritu de Antonio, porque a lo infinito no se llega nunca. Puedes hacer una interpretación personal de lo que es para ti, incluso diría más, lo que un poema o un cuento puntualmente es para ti, pero intentar llegar toda una obra a unas imágenes me parece demasiado pretencioso. Antonio, al igual que Lorca, nos enseñó el mar a los que vivimos en provincias de interior, y el mar no lo metes en un caldero de agua. Prefiero ser más humilde y hablar de esta exposición como el que habla de lo que metió en un caldero. Antonio, con sus cuentos, con sus relatos, nos trasladó a otras épocas, a pasajes cotidianos, nos presentó personajes que vivían en su universo, un universo de ironía y realidad llevado a un espacio intemporal, a un lugar más allá de la realidad.
– ¿Dónde te encuentras mejor, en la fotografía de detalle o la lejana? – No me encuentro mejor o peor con el objetivo seleccionado. Procuro ver el final al principio, ya unos días antes de comenzar. Una fotografía no es una pintura, ni un poema, ni una sinfonía, ni un baile, no es solo una imagen bonita, no es un ejercicio de contorsionismo técnico ni de calidad perfecta de copiado, es o debería ser un documento con significado, un juicio penetrante. Cuando eso se da es cuando mejor me encuentro. El proceso es mas básico. Empiezo sin ideas preconcebidas. Un descubrimiento me hace fijarme en algo, luego lo descubro por el objetivo, la forma final de presentación en cristal, la copia final previsionada totalmente con todos sus detalles de textura, movimiento, proporción, antes de exponer, y empieza la magia… el obturador se libera automáticamente y finalmente fija mi concepción, permite las justas manipulaciones posteriores. El final último, la copia, no es más que un duplicado de todo lo que vi y sentí con la cámara en ese preciso momento. Personalmente pienso que se trata, ante todo, de una forma de placer físico que experimento muy raras veces en realidad frente a ciertas imágenes, cuando ocurre un milagro gracias al cual todo se convierte en pura armonía, desde la imagen que quería manifestar a los otros y a mi mismo, hasta los instrumentos usados para obtener el resultado final: calidad plástica, coordinación de las forma, saturación de la luz, elección del momento… Las buenas fotografías o las buenas exposiciones son muy paradójicas y escapan a cualquier definición, pero todas tienen un punto en común, la emoción que suscitan va más allá de la imagen que representan. Su significado es mucho más rico que lo que parecen sugerir, emanan una leve música… tienen, en suma, algo de milagroso, quizás el emparejamiento con la obra de Pereira. Cuando digo que me gustaría fotografiar a alguien lo que realmente quiero decir es que me gustaría conocerle, ardo en deseo de ver cómo son las personas después de fotografiadas. Durante el acto soy despiadadamente egoísta, sustituyo la profundidad de campo por la profundidad emocional, intento colocarme en esa línea peligrosa de luces contrastadas, por donde anidan los sentimientos, entre la piel de la persona y su camisa, en este caso entre su obra y su mundo.Aguanto la respiración, y cuando todas las facultades convergen en el rostro de la efímera realidad pongo en el mismo eje el corazón, el ojo y la cámara. En ese momento todo es relativo, brota la excitación, la tensión muscular aumenta, el corazón se acelera, la respiración se entrecorta y dominar la imagen se convierte en una gran alegría física y mental. Durante ese breve instante todo lo que hay en la mente y el alma de una persona se refleja en sus ojos, en sus manos, en sus gestos, en sus formas. Cuando se da esa desnudez es el instante que hay que fotografiar, es el esquivo «momento de la verdad». Por eso no me encuentro mejor de una manera o de otra. Me encuentro mejor cuando se da esa magia, y en este caso Pereira estaba cerca Pereira. Nunca se ha ido y se dieron los momentos mágicos que siempre lo rodeaban. – ¿Cómo compaginas texto e imágenes? – Normalmente estoy muy abierto a compaginar diferentes disciplinas artísticas siempre que entre ellas exista una interrelación. No veo unas más importantes que otras. Por eso no me gusta que me etiqueten de ‘fotógrafo’. Me parece muy pobre el término. Si crees que para contar una historia la haces más completa, adelante. Creo que hay que ser generoso a la hora de la entrega y si puedes trabajar con dos manos, mejor que con una, siempre que la mirada de ambas confluya en el mismo punto. Al final no somos más que contadores de historias y el medio a utilizar me parece lo de menos. Si utilizando varios puede aportar… adelante. Unifiquemos miradas y enriquezcamos la muestra. Por eso me gusta trabajar con la música, con la poesía, con la pintura, etc. y porque personalmente me resulta más atractivo y enriquecedor. En este caso la muestra va acompañada con sus textos porque creo que suma y ayuda al observador, enriquece la obra, y es una forma de estar trabajando codo con codo con Antonio. Él nos dejó, pero su obra sigue con nosotros, está igual de presente. De esta forma puedo decir que es una sinfonía realizada a dos manos, en este caso a tres, ya que partiendo de la fotografía los textos los ha elegido Mestre, con el que comparto mirada. – ¿Qué nuevos proyectos afrontas? – El proyecto de vivir, que no es poco. Siempre que me hacen esa pregunta recuerdo la contestación de Vicente Núñez: «acabo de comenzar una mantelería de ganchillo». Me parece una gran contestación. Mi ocupación o proyecto es ‘el oficio de mirar’, de ver, y me tiene ocupadísimo, no doy abasto, viendo los que está pasando. Creo que los que nos dedicamos a este noble oficio tenemos un ‘compromiso’ y hoy mi compromiso está con la mirada en la memoria histórica. Por tanto, en cuanto a grandes proyectos, este es el que me ocupa. Me gustaría jugar dentro de este tema tan sangrante con un nuevo concepto visual y llevar belleza incluso. Creo o trato de convencerme de que la belleza, en la más amplia acepción del término, es subversiva y tiene el poder de conmover a quien la observa, mucho más de lo que suele creerse. Y en eso ando, llevando mi oficio y entregado a la memoria histórica. En breve sacaré un libro por y para la memoria, aunque en realidad deberíamos utilizar el término desmemoria, ya que de ella intentaré hablar. En momentos como éste, los que tenemos una ventana no podemos estar de espaldas al compromiso que tenemos de cambiar las cosas, de limpiar, de apartar esas cenizas y así facilitar una nueva floración, tenemos que restablecer la dignidad, la justicia y también la reparación, necesaria para el avance. Es momento de sentar la verdad sobre nuestras rodillas, a pesar de que amarga y la sintamos. En definitiva, es para lo que sirve o debería de servir nuestro trabajo. No sirve para juzgar a nadie pero sirve para alzar la voz en el silencio, hablar con libertad y proclamar la inocencia de las cosas, para rebelarse contra la locura de la historia; sirve para denunciar en qué lugar todavía hay sangre, dónde queda la razón, dónde la palabra y dónde la injusticia; sirve para distribuir las flores del mañana y así poder plantar los árboles de nuevo. Es nada… Pero al final sirve. Y en eso estoy.
– ¿Cómo ves la exposición después del paso del tiempo?– En ese sentido soy muy cruel, le pongo los cuernos enseguida. Piensa que cuando una muestra sale a la luz, ha pasado bastante tiempo desde que se creó y todos los días evolucionamos, bebemos de otras fuentes o deberíamos, y defender algo de hace dos años a veces no resulta sencillo. Ya no lo sientes con la frescura del momento, ni éste es el mismo. Algo tan simple como el estado de ánimo modifica la mirada. Hoy sin lugar a dudas sería diferente y la elección posiblemente, aunque tendría denominadores comunes, pero esas diferencias hacen interesante este oficio de mirar. Creo que la palabra que mejor describe esto es ‘evolución’. Cuando realicé esta muestra, por ejemplo, Úrsula se encontraba entre nosotros. Hoy, desgraciadamente, ya no está. Algo tan simple o circunstancial como eso hace que la elección, la mirada sea diferente. Hoy ella cobraría otra presencia y ver, sentir su ausencia haría que mi elección a la hora de enfocar o elegir el encuadre fuera diferente. Hoy miraría de otra manera ese infinito escenario donde he tenido que trabajar, organizaría mi mirada de otra forma y haría otro encuadre donde sin duda ella estuviera más presente. Quiero pensar que es así. Quizás también es posible que tenga un disco duro tan limitado que para realizar otras cosas tenga que vaciar memoria, soltar lastre, empezar de nuevo, vacío y sin contaminación. Esa es la razón por la que no voy a las presentaciones cuando ha pasado tiempo. Me cuesta defenderlas.
– ¿Qué esperas de esta exposición?
– Lo mismo que de todas, en este caso ayudar a acercar a Antonio a las personas, difundir su fantástica obra y egoístamente haber pasado durante la realización unas horas en pleno contacto con él. Sé que esta obra no va a cambiar ni a conmover el mundo, desde luego, pero son justamente los pequeños acontecimientos cotidianos los que dan un sentido a la secuencia de los días, exactamente lo mismo que las fotografías inmortalizan su recuerdo. Pero sí me gustaría decir que una muestra o se explica por sí sola, o no se explica. Todo comentario a una obra se refiere a elementos circundantes de ella, estilo, lenguaje, sentimientos, pero no a la obra misma. La obra es una aventura hacia lo absoluto. Se llega más o menos cerca, se recorre más o menos camino. Hay que dejar que corra la aventura, con toda esa belleza de riesgo, de probabilidad, de jugada… Cuando una obra está enmarcada y colgada se termina, pero no acaba, empieza, busca otra en sí misma, en el autor, en el lector, en el silencio… Por eso invito a los asistentes a que cuando la vean sea dentro del entorno de ese universo de la fantasía, de la ironía, del cuento de hacernos más vivo el vivir. Porque Antonio nos hizo «más vivo el vivir».
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