Roberto ‘el de los carros’ recoge lo que sembró

Roberto Álvarez, de Puente Castro, gran defensor ‘y practicante’ de las tradiciones leonesas, recibió el viernes un multitudinario y secreto reconocimiento desde numerosos colectivos de lo más variados

18/10/2026
 Actualizado a 18/10/2026
«La cara de Roberto Álvarez al llegar «a una reunión», que a eso le habían convocado, lo dice todo, su sorpresa ante un salón lleno de gente que le aplaudía y coreaba su nombre. | L.N.C.
«La cara de Roberto Álvarez al llegar «a una reunión», que a eso le habían convocado, lo dice todo, su sorpresa ante un salón lleno de gente que le aplaudía y coreaba su nombre. | L.N.C.

La cara que puso Roberto Álvarez el entrar en la sala de conferencias del Ayuntamiento y encontrarlo abarrotado de un público que se puso en pie, le recibió con una gran ovación y coreaba su nombre, era todo un poema ¿Qué pasa? ¿Qué hace toda esta gente? ¿Porqué me aplauden?...  

Él creía que iba, para eso le habían convocado, a una reunión con la concejala de fiestas, Camino, y el técnico municipal, Óscar, junto a otras personas del mundillo de las tradiciones, como él. Pero aquello no tenía nada que ver, pese a tanta gente implicada, el encuentro se había guardado en el más estricto secreto y uno de los que estaba “en el ajo” y había trabajado para celebrar este acto, David Álvarez Cárcamo, ya le explicó: “No te preocupes, Roberto, que no es un homenaje, que ya sabemos que no te gustan nada. Es un reconocimiento que tu dirás que no mereces pero toda esta gente cree que sí”.

Sabían que no le gustan los homenajes porque su ‘insulto’ más grave para alguien es decir aquello de “estás para el homenaje”, y él quiere seguir en la brecha y seguirá.

Y Roberto, por unos segundos, se quedó sin palabras, algo difícil que le ocurra a él, conversador ‘sin fronteras’. Pero se recuperó y para cada uno que pasó por el escenario tuvo palabras de agradecimiento, recuerdos compartidos, anécdotas vividas…

Imagen aa roberto grupo
Colectivos diversos, y otros a título individual, fueron pasando por el escenario, hablaron de Roberto, compartieron anécdotas y recuerdos, cercanía con él.

Y eran muchos los que se quisieron sumar (y seguramente otros a los que no se pudo avisar por aquello de mantener el secreto), y por allí andaban, por ejemplo, las gentes de colectivos como Andadera, Abesedo, Calecho y Esla, Harina de otro costal, el Hilandón de Alija del Infantado, Tenada, Aguzo, Xeitu, Barandal, Trancare, Son del Cordel, las pandereteras de Velilla de la Reina, los Dulzaineros de la Ribera, con los que tantas veces colaboró y, por supuesto, su grupo de San Pedro del Castro, e, incluso, el antecedente del mismo, en el que también estaba Roberto, las Jubiladas de Puente Castro, con fundadoras como Francisca y Estrella, y hasta las Amigas de la Baraja, con quienes juega a las cartas. La cofradía del Santo Sepulcro, creo, tampoco quiso faltar a la cita de quien entre las tradiciones leonesas incluye la de Semana Santa. 

Y quedarán algunas en el olvido. También se sumaron a título individual gente como Javier Emperador, Avelino, de los carros de Villaobispo, Virgilio y María José, de Villimer… y tantos otros que le saludaban desde las butacas. Ya fue largo el acto, sería eterno y si hubieran salido al escenario todos los que han compartido alguna vivencia con Roberto Álvarez, el de Puente Castro, que en realidad es de Santa Olaja de Eslonza. 

Recuerda David Álvarez, que como los representantes municipales se sumó a la ‘engatada’, que la idea partió de una de las integrantes de uno de los grupos más cercanos a Roberto, los Dulzaineros de la Ribera (de Cascantes) y Ana fue la enredabailes de la feliz idea. El clima general, ante el éxito de la reunión, es que el bueno de Roberto simplemente estaba recogiendo aquello que antes había sembrado: “Cercanía, convivencia, tradiciones, trabajo y un envidiable buen humor con camisa de cuadros”.

Recibió de todo, sobre todo cariño, pero también regalos muy diversos: placas, claro, una pandereta, poemas, escritos… y para cada grupo tenía un recuerdo, los acumulados por aquel chaval de Santa Olaja, en familia de ganaderos de todo tipo, entre ellos dos caballos y en uno de ellos fue su padre inscribirlo en el registro de Gradefes, que sus padres emigraron (si para los rebaños hay una palabra que define el viaje sin salir de la provincia, trasterminancia, debería haberla para los humanos) hasta Puente Castro, aquel pueblo al que llevaron a Roberto con solo diez años, después de una infancia feliz con los abuelos a la sombra de Eslonza. Siempre cuenta que la hoy «populosa barriada obrera» era entonces «un pueblo-pueblo, de casinas bajas, ganaderías, obreros, que cantaban, y gente que cultivaba muchas de estas tradiciones que fue viendo y viviendo. «Aquí conocí la costumbre de llevar el carro a San Froilán, hasta trece carros vi salir en algúna ocasión», recuerda quien lleva medios siglo acudiendo a la cita, ganando el concurso en muchas ocasiones y protagonizando anécdotas, «como el año que fue el único carro en acudir para llevar las Cantaderas pues el alcalde Villarig lo había prohibido. «Éramos el único... y se rompió la vara con lo que en realidad las acabó llevando la grúa municipal».

Mil anécdotas. Mil recuerdos. Mis historias. Y una sola realidad, mucha gente que quería reconocer su enorme trabajo en todos los campos de las tradiciones, su eterna predisposición, su buen humor y ese espíritu colaborador.

El del Roberto el de Puente Castro.

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