Riolago de Babia volvió a demostrar este martes que se ha consolidado como uno de los grandes referentes del acordeón en el noroeste peninsular. La IX Xuntanza d’alcordeonistas reunió a cerca de medio centenar de músicos llegados desde León, Asturias y Galicia en una jornada que destacó, sobre todo, por la gran cantidad de público que acudió a disfrutar de las actuaciones y del ambiente festivo que se vivió durante todo el día.
Desde el baile vermú celebrado por la mañana en las calles del pueblo hasta las actuaciones desarrolladas por la tarde en la Casa del Parque de Babia y Luna, vecinos, visitantes y aficionados a la música respondieron con una asistencia masiva, llenando uno de los enclaves más emblemáticos de la montaña leonesa para seguir una programación que volvió a combinar tradición, calidad musical y convivencia.
Los primeros en subir al escenario fueron los solistas, que ofrecieron un repertorio amplio y variado. Posteriormente tomó el relevo el grupo lacianiego Xaleu, integrado por las hermanas Rodríguez Tablado, antes de que llegara uno de los momentos más esperados de la jornada: la interpretación conjunta de piezas populares por parte de alrededor de cincuenta acordeonistas, una actuación que puso el broche de oro al encuentro y que fue seguida con entusiasmo por el numeroso público congregado.
La cita volvió a reunir a intérpretes de diferentes generaciones y procedencias. A los músicos babianos se sumaron acordeonistas llegados de distintas comarcas leonesas, además de participantes procedentes de localidades asturianas como Gijón, Llanera o Moreda y gallegas como Lalín o Verín, confirmando el carácter interterritorial que ha adquirido una Xuntanza que, edición tras edición, continúa creciendo.
Impulsado por el acordeonista babiano Norberto Magín, con el respaldo de la Fundación Patrimonio Natural de Castilla y León y de la Junta, el encuentro volvió a poner en valor la enorme versatilidad del acordeón, presente en estilos que van desde la música tradicional hasta el jazz o la clásica, al tiempo que reforzó su papel como espacio de convivencia y de transmisión del patrimonio cultural ligado a este instrumento.
El incomparable entorno de la Casa del Parque de Babia y Luna, en plena Reserva de la Biosfera, volvió a servir de escenario para una cita que ya forma parte del calendario cultural del verano leonés y que confirmó, una vez más, el enorme poder de convocatoria de una iniciativa capaz de unir música, naturaleza y tradición con una respuesta de público que superó las expectativas.
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