"Riaño nos enseñó que hay que luchar, luchar aunque sepas que vas a perder"

Emilio Gancedo ha realizado un viaje literario, periodístico, humano y sentimental a todas las vertientes de los días en los que se consumó el cierre de la presa de Riaño y sus consecuencias

25/10/2026
 Actualizado a 25/10/2026
En Riaño fue la primera vez que se destruyó el pueblo antes de taparlo, no quedó piedra sobre piedra en un escenario dantesco. | MAURICIO PEÑA
En Riaño fue la primera vez que se destruyó el pueblo antes de taparlo, no quedó piedra sobre piedra en un escenario dantesco. | MAURICIO PEÑA

Si tu abuelo materno Félix (Fernández) te cuenta una historia, con la emoción que siempre se escucha a los abuelos, y es además la suya, de como tuvo que «abandonar casa, tierras, ganados y, en definitiva, el universo material y espiritual en el que vivían en el pueblo de Lodares, destruido e inundado a raíz de la construcción del embalse del Porma, que acabó con la señera villa de Vegamián y con otros siete pueblos más de ese hermoso valle».

Portada del libro ‘Riaño. El Estado contra la Montaña’
Portada del libro ‘Riaño. El Estado contra la Montaña’

Si con el tiempo te dedicas ese oficio de contar que llaman periodismo.

Si eres además Emilio Gancedo, contador de historias humanas, de paisanos y paisanas de tu tierra, León...

Entonces es imposible que no vuelvas la mirada atrás y te preguntes ¿cómo salir adelante después de eso?

Y la historia se repite, se llama Riaño, es más cercana en el tiempo, aún vive más gente pero laten las mismas preguntas... el final de la historia no puede ser otro:Contarlo.

Y lo contó. Es un libro. Se llama ‘Riaño. El Estado contra la Montaña’ y se presenta el viernes en León.

La imagen lo dice todo sobre el dolor de los riañeses al abandonar su casa, su tierra...
La imagen lo dice todo sobre el dolor de los riañeses al abandonar su casa, su tierra.... | MAURICIO PEÑA

Un libro en el que Gancedo da voz a ‘todo el mundo’:«Este libro está formado por diversos materiales: relato, recuerdos y lecturas personales, hemeroteca, datos, y sobre todo testimonios, mucha palabra pronunciada por personas implicadas de un modo u otro en aquello (y la mayoría anónimas, que suelen ser quienes con más propiedad y exactitud lo compendian todo): vecinos evacuados a la fuerza, pioneros del activismo ecologista en España, tejadistas, ingenieros, políticos con protagonismo directo en la reactivación del proyecto, biólogos, agricultores que actualmente riegan sus campos con el agua embalsada, colonos trasplantados desde el valle a Tierra de Campos, un guardia civil movilizado en la zona... Creo que a todos».

  • Y este libro sobre Riaño ¿qué es? ¿Novela, ensayo, periodismo...?

  • De todo un poco. Creo que lo más interesante acostumbra a salir de la mezcla y el mestizaje. Aunque, bueno, si tuviéramos que ponerle traje a esto, el que mejor podría quedarle sería ese que llaman ‘periodismo narrativo’.

Han pasado cuarenta años. Algunos se han ido, otros han cambiado mucho, hay heridas que cicatrizan, otras no;hay quien entonces habló y tal vez lo vea de otra manera... «Me he encontrado con algunas personas que, efectivamente, no han querido hablar. Pero ha habido muchas otras que, aunque el hecho de conversar sobre el tema les ha removido por dentro muy duros recuerdos, han hablado, ha querido compartir su valioso testimonio en la creencia de que es imprescindible que todo aquel brutal sacrificio no se olvide jamás. Las sociedades, como las personas, sufren traumas y frustraciones. Y la sociedad leonesa, por varias razones, es una sociedad que acumula frustraciones, culpas, una clara sensación de caída o fracaso colectivo. Por eso, para salir adelante, necesitamos comunicar lo ocurrido, rememorarlo, contárnoslo una y mil veces, hacer catarsis con ello. No cabe duda de que el conflicto de Riaño acrecentó el gran trauma que sufre León, tierra que, a partir de los años ochenta y siguientes, ensartó una desgracia colectiva tras otra (éxodo rural, caída poblacional, declive industrial, ocaso de la minería, no acceso a una autonomía propia...)».

Los tejadistas fueron una de las señas de identidad de aquellos días de los derribos... y los recuerdos
Los tejadistas fueron una de las señas de identidad de aquellos días de los derribos... y los recuerdos. | MAURICIO PEÑA

Hay imágenes de aquel Riaño que no borran de los recuerdos, los derribos, los tejadistas, Ramiro Pinto, que ahí sigue, en otros tejados y otros sueños. «El caso de Ramiro me sirve para mostrar cómo era aquella sociedad española de los años ochenta y también para reflejar cómo sucedieron los hechos, al menos cronológicamente -algo no del todo fácil de entender, pues hubo sucesivas fases y momentos-, en relación con la reactivación del proyecto de cierre de la presa. Pero es que la vida de Ramiro resulta novelesca en sí misma: cómo llega a León tras su contacto en Madrid con el mundo de las sectas, la tenacidad de sus convicciones, el choque de todo lo que representaba (ecologismo pionero, conexiones europeas) con los sectores más, digamos, inmovilistas o cerrados del León de la época... su testimonio se lee, repito, como una novela, y la estampa de su viaje de vuelta, con Riaño ya completamente destruido, en el autobús de Fernández -cómo le vería el conductor que, aunque no tenía dinero, le dijo: ‘Anda, sube’-, resulta para mí uno de los momentos más conmovedores».

Emilio Gancedo ha querido dar voz a todas las partes ‘del concflicto’ con el magnífico apoyo de las fotografías
Emilio Gancedo ha querido dar voz a todas las partes ‘del concflicto’ con el magnífico apoyo de las fotografías. | MAURICIO PEÑA

Ramiro había llegado desde Madrid, sufrió aquel estigma de ‘los ecologistas’, en los 80... pero había muchos riañeses golpeados por el destino y, a veces, por las fuerzas policiales. Testimonios que descerrajan el baúl de unos recuerdos que muchos no querían abrir. A Gancedo algunos le impactaron. «Hay tantos... desde el de Carmen Allende, que acumuló piedras del viejo Burón en su casa de Cascón de la Nava como quien llevó piedras del muro de Berlín, hasta el de Pedro Luis Fernández, que cuenta cómo su padre, que no había soltado una lágrima mientras le tiraban la casa, no pudo retenerlas el día en que, cuando ya todo eran vigas y escombros, vio de pronto, sucia y rota, la capa de su propio padre. «El único día que le vi llorar -decía-, fue delante de la capa de su padre». Y desde los relatos de extrema ruindad de gentes que, con los antiguos vecinos aún delante, acudían a llevarse piedra, madera y aperos; hasta la historia valiente y humana de Jesús López Tasende, ‘el guardia de la llave’, a quien tú conoces bien. Todos llevan su morral de dolores al hombro, pero las heridas profundas las volvieron a soportar aquellos mayores que habían trabajado como ni nos podemos imaginar para levantar una hacienda y una familia, herederos, sí, ‘de una raza de pastores’, en palabras de Llamazares, y cuyo mundo, de repente, se esfumó».

El guardia Tasende había estado en los desalojos de Riaño y en un momento determinado, cuando iban a tirar la iglesia, el cura le entregó la llave. Muchos años después decidió volver a Riaño y devolverla en un acto cargado de emotividad para él y quienes la recibieron. También a Emilio Gancedo le dejó huella:*«El testimonio del guardia civil López Tasende es excepcional, animo a la gente a que lo lea con atención». Cumplían órdenes, claro, pero... Mira, una mujer de Éscaro me decía que, aunque no les dejaban acercarse cuando estaban tirando las casas, los chavales se metían por los praos para presenciarlo. Y allí veían a guardias de 19, 20 años, unos niños, que se estaban diciendo unos a otros, conmocionados: ‘Joder, pero ¿cómo van a tirar todo esto?’. Y sí, aquello fue brutal, porque hay fotos, vídeos, testimonios, que revelan una gran violencia -y no hay más que recordar el tremendo caso de Carmen Sopeña-, aunque también hubo destellos de humanidad. Un guardia civil se acerco a José María Alonso, hermano del último alcalde de Riaño, Huberto, y sin conocerle de nada le susurró: ‘Yo... quería decirte que lo siento mucho’».

"Es sobrecogedor ver cómo Carmen acumuló piedras del viejo Burón en su casa de Cascón; otros muestran la ruindad de quienes con los antiguos vecinos delante llevaban sus piedras"

Explica Gancedo que no es un libro ‘de parte’, que ha querido dar voz a todo el mundo en sus páginas. «No es activista ni dirigido en una única dirección. Busca arrojar luz sobre eso tan escurridizo que es la verdad, y la verdad tiene distintos planos y caras». Efectivamente, hoy se están regando con el agua de Riaño las hectáreas prometidas, pero ha llegado tan tarde que, por en medio, se han perdido una o dos generaciones de agricultores. Aquí están entrevistados agricultores en activo, sindicalistas agrarios y sí, también el cura Jesús Calvo, quien ahora ya no dice que los del sur fueron engañados o utilizados. De todos modos, resulta muy interesante conocer cómo se cambió el mapa de las tierras regables con Riaño -ahí están las palabras de Graciliano Palomo- y todo un sector, el de la agricultura actual, del que el ciudadano de a pie habitualmente apenas sabe nada».

"Es sobrecogedor ver cómo Carmen acumuló piedras del viejo Burón en su casa de Cascón; otros muestran la ruindad de quienes con los antiguos vecinos delante llevaban sus piedras»"

También viaja Gancedo al después, qué fue de ellos, que recuerdos tienen como aquellos que le contaba su abuelo Jesús, la dispersión. «Es algo muy curioso. El poblado de Cascón de la Nava, en Palencia, donde el franquismo concentró a gentes del Porma y de Riaño, pero también de embalses de Zamora, de Guadalajara... personas de orígenes muy diversos conviviendo juntas, y muy lejos de sus lugares de origen. Es uno de los cerca de 300 pueblos de colonización repartidos por toda España, un tema apasionante. Me interesó mucho conocer cómo era su relación con los vecinos de la comarca, si vuelven o no al territorio, cómo ha sido su integración en ese nuevo entorno, y la de sus hijos...».

En sus páginas están los testimonios de aquellos jóvenes guardias que hacían su trabajo pero no entendían muy bien qué ocurría
En sus páginas están los testimonios de aquellos jóvenes guardias que hacían su trabajo pero no entendían muy bien qué ocurría. | MAURICIO PEÑA

Hay muchos leoneses convencidos de que la batalla ‘perdida’ de Riaño no lo fue del todo, que la trascendencia de aquellos hechos propición un cambio de mirada sobre otros proyectos en lista de espera, Omaña, el Torío. «Es cierto, de hecho el libro no solo habla del embalse de Riaño sino también de los grandes embalses leoneses de la cordillera: Luna y Porma, y menciona todos los demás. También hay referencia de proyectos de embalses en el Torío, Bernesga, Cea... había proyectos en casi todas las cabeceras de los ríos leoneses, y es notorio que la lucha de Riaño sirvió, con todo su desgaste, para evitar que se hicieran los de Omaña y Vidrieros, este en la montaña palentina. Una persona me dijo: ‘Hay que luchar, siempre hay que luchar aunque sepas que vas a perder, porque algo queda de esa batalla que das, siempre queda algo de esa lucha’. Aprendamos, pues»; dice convencido Gancedo.

El libro habla de la destrucción de los ocho pueblos -con el caso de Burón, tan singular, tan significativo- pero también de la construcción del Nuevo Riaño, o simplemente Riaño. ¿Cómo se construye un pueblo nuevo? ¿Qué es, realmente, un pueblo, una mera agrupación de vecinos, o es algo más? ¿Qué piensan los niños del Riaño actual? «El libro va ilustrado con extraordinarias imágenes de Mauricio Peña -al que agradezco sobremanera su generosidad-, y suya es la bien traída idea de que la última foto ha de ser la del Riaño actual. Mira, yo creo que con Riaño quisieron destruir un símbolo, pero quizá acabaron por crear otro aún más grande».

Emilio Gancedo también recogelos testimonio de los vecinos del valle y los tejadistas locales, como el conocido Ramiro Pinto
Emilio Gancedo también recoge los testimonio de los vecinos del valle y los tejadistas locales, como el conocido Ramiro Pinto. | MAURICIO PEÑA

Decía Gancedo que le «sobraban motivos» para abordar este tema de Riaño, pero también son muchos aquellos a los que quiere de alguna manera homenajear cuando ya ha visto la luz. «Va dedicado especialmente a las personas fallecidas por Riaño: Simón Pardo, quien se suicidó en una tristísima jornada de julio de 1987; Pedro Presa, también, con Riaño ya derribado; y todos esos montañeses anónimos que, una vez desperdigados por el mundo, acabaron ellos mismos con sus vidas, o se sumieron en las drogas, el alcohol o las enfermedades mentales: no existen datos de cuántos pero fueron sin duda muchos. Una herida como la de Riaño tardará varias generaciones en cicatrizar. La pena de dejarlo todo atrás, y sobre todo algo tan bello, tan histórico y tan simbólico como era Riaño, fue demasiado grande. El peaje pagado por la montaña leonesa y por todo León, en los últimos tiempos, a cierta forma de entender el progreso, ha sido demasiado grande».

Por ello insiste en que no se ha de olvidar jamás. Por ello ha escrito un libro, Riaño. El Estado contra la Montaña.

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