"Repartí hasta que me cansé"

Martín Ferrer, jugador durante 10 años de Baloncesto León, analiza su etapa y carrera, quedándose "con las pochas de los viajes" y cargando contra las instituciones "que quisieron hundirlo y dejaron morir el equipo"

Jesús Coca y Laura Pastoriza
05/12/2015
 Actualizado a 18/09/2019
– Se sentirá cómodo en una sección llamada así con todas las peleas que tuvo sobre la pista...
– Bastantes tuve, pero era lo que tocaba y en cada momento hay que hacer lo que haga falta y luchar para salir adelante.

– ¿Un jugador duro nace o se hace?
– Se hace, se hace... te puedo asegurar que yo era muy bueno cuando era pequeño. Pero cuando me di cuenta de cómo iban las cosas dije ‘o espabilas o vas a cobrarlas todas’y pensé ‘no, no, esto va a cambiar’. Antes las doy yo y después ya pregunto a quién he dado.

– De todos modos, ¿cuándo ya tenía la etiqueta hiciera lo que hiciera se le miraba con lupa?
– Sí. Hubo una época mucho más complicada, porque a los árbitros les pasaban vídeos y muchos ejemplos eran míos, entonces claro, aquello era una locura... después el año siguiente pusieron en la campaña el vídeo con muchos errores en faltas que me habían pitado a mí y no eran, pero ya esa temporada había sido un infierno para mí.

– ¿Cuándo se da cuenta de que puede ganarse la vida con el baloncesto?
– Los chavales de ahora están muy confundidos.En baloncesto para ser profesional tienes que saber hacer una, dos o tres cositas pero muy bien. Si tienes la suerte de ser el figurita que las mete todas, pues tienes que ser el mejor para meterlas. Si eres el que tienes que repartirlas, pues tienes que repartir más que nadie en el mundo. Yo me especialicé en eso, intentando aportar algo más cada vez: meter mis tiritos, correr al contraataque, coger mis rebotes... Pero te cogen por una cualidad y la más fácil que vi yo fue que aquí voy a repartir hasta que me canse, y repartí hasta que me cansé.

– Jugó en el Madrid, en las categorías inferiores de la selección española... y llegó a León y se quedó ya para siempre aquí.¿Por qué?
– Tenía muy claro que no quería estar dos años en un equipo, dos en otro, dos en otro... cuando llegué a León me encantó y dije ‘de aquí no me muevo’. Y eso que el primer año fue muy duro, porque coincidió pero estuve tres meses sin ver la luz del sol, sólo estaba nublado, o llovía o nevaba... y eso no se acababa nunca. Pero la gente, la comida, el ambiente, la gente...era espectacular. Después encontré a mi mujer y ya aquí quieto.

– ¿Quién es el mejor jugador con el que ha coincidido?
– Depende de las características. El más determinante Arvydas Sabonis, sabía además en cada momento dónde debía estar cada uno y como no estuvieras te metía un bocinazo... Pero también Arlauckas y José Lasa eran espectaculares, e Ismael Santos es el mejor defensor que he visto en mi vida.

– Hay un rumor de que tenía serpientes en casa cuando llegó a León...
– No, no, no, no eran serpientes, eran varanos, unos lagartos. Eso sí, cuando venían a casa se quedaban alucinados, porque era como un zoo, tenía que hacerles un tour enseñándoles...

– Vivió la mejor etapa del baloncesto en León... ¿Con qué se queda?
– Sin duda, ahora lo ves y entra una pena por ver cómo se acabó todo... fue muy duro. Me quedo más que de baloncesto, con circunstancias: alguna cena, los amigos que conocí para toda la vida o las pochas en los viajes que me encantaban.

– Ya desde fuera, ¿cómo vivió la desaparición?
– Fue muy triste. Desde las instituciones no había voluntad para arreglarlo y se le dejó morir. No me pueden vender que no había dinero para todo, apareció para lo que querían y para lo que no no. Vendieron unas circunstancias falsas, porque lo sabes y es mentira. Era suyo, los que tenían el poder eran ellos y los que quisieron hundirlo fueron ellos. Lo quisieron hacer por la vía rápida, no les interesaba y se lo quitaron de encima.

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