Relatos para Josefina II: ‘Generaciones’

Historia finalista en la categoría C del concurso convocado por Masticadores León bajo la coordinación de Mercedes G. Rojo y escrito por una estudiante de 3º de E.S.O. del IES ‘Lancia’ de León

Ainara Castellanos Blanco
25/06/2026
 Actualizado a 25/06/2026
Texto ilustrado por: Marga Román Modino
Texto ilustrado por: Marga Román Modino

En una humilde casa de León, dos mellizos de cuatro años, Nacho y Susana iban a meterse en la cama. Como todos los días, ellos le pedían a su madre que les contase una historia para irse a dormir.

- Mamá, mamá,cuéntanos un cuento, porfa- le decía Nacho a su madre.

- ¡Sí, sí, una de esas que terminan felices y comen perdices! - insistió Susana.

- Vale, vale, pero hoy os voy a contar una historia de una niña que cambió el mundo - respondió su madre-. Solo si me prometéis que estaréis en silencio y que, en cuanto acabe la historia, os dormiréis- les dijo esta.

-Vale – respondieron los dos al unísono, sin rechistar.

“Hace muchos, muchos años, en una pequeña aldea de Gaza, vivían una niña llamada Hannah y su madre. Gaza llevaba siendo atacada durante más de un siglo y Hannah se había criado, entre bombas, con su madre, pues, cuando apenas tenía vuestra edad, su padre murió en la guerra. Su madre y ella iban afrontando el día a día como podían. Un día, cuando Hannah y su madre menos se lo esperaban, un hombre llamó a su puerta. Él vestía unos harapos sucios y desgastados, pero no todo era lo que parecía. Ese hombre se llamaba Zane y, como su propio nombre indicaba, se convirtió en su milagro. Zane era un hombre que venía de otros lugares en los que, como ellas, también necesitaban ayuda.  Él era un misionero y...”

- ¿Qué es un misionero? - preguntó Nacho de repente y con mucha curiosidad e intriga. - Un misionero, es una persona que viaja a lugares lejanos, o en su propia comunidad, para ayudar a la gente pobre, siguiendo la palabra de Dios. Pero... ¿no os dije que prestaseis atención? Aun así, me encanta que seáis tan curiosos - respondió su madre en un tono cariñoso.

“Bueno, como decía, Zane era un misionero y había ido a ayudar a que Hannah pudiese vivir como una niña normal, a pesar de la guerra. A partir de ese día, la vida les comenzó a sonreír a Hannah y a su madre. Todos los días Zane iba a visitarlas y pasaban un rato juntos; él les ayudaba en casa y, mientras, Hannah comenzó a aprender. Al cabo de unos años, Zane ya vivía con ellas y Hannah ya sabía sumar, restar y multiplicar, pero lo mejor de todo, sabía escribir. Un día, ella y Zane estaban hablando, cuando él le dijo que su nombre era un palíndromo, es decir, una palabra que se lee igual de izquierda a derecha, que de derecha a izquierda. En ese momento, Hannah se dio cuenta de que, de mayor, quería ser escritora. Y así fue como, con quince años, escribió su primera novela y a los diecisiete ya había ganado el dinero suficiente para que su madre, Zane, su padrastro y ella, pudieran marchar de su país en busca de una vida mejor, en Canadá, con la intención de que Hannah lograse un trabajo como profesora para en un futuro poder enseñar a todos los niños que vivían en la guerra. A los veinte años, Hannah se fue a vivir a Inglaterra, donde estudió magisterio durante cuatro años. Iba a examinarse cuando la informaron de que su madre estaba muy enferma, así que decidió volver a Canadá a cuidar de ella, aunque  a los pocos meses falleció. Hannah abandonó sus estudios durante diez años, diez duros años en los que, con ayuda de Zane logró superar la muerte de su madre. En esos diez años, Hannah conoció a un chico llamado William. Él, sería quien se convertiría en su futuro novio y, más tarde, esposo. William impulsó a Hannah a que volviese a Inglaterra, que acabase sus estudios y que cumpliera su sueño. Así, con el apoyo de su padrastro y de William, Hannah volvió a Inglaterra para examinarse de magisterio y especializarse en una materia en la que sería la primera mujer en estudiarla, pedagogía. Al fin cumpliría su sueño, pero lo que no sabía era que iba a haber todo un país en contra de ella. Nadie quería que una mujer y, mucho menos una mujer musulmana, se dedicase a enseñar a sus hijos. Esto hizo que Hannah regresase a Canadá, donde todos, menos William y Zane, la verían como una aberración, un error, alguien que había escogido una profesión en la que no lograría prosperar, en la que estropearía todo plan que hubiese creado el hombre. Pero, una vez más, ella no se rindió; afrontó todos las críticas que le habían rezagado. Finalmente, Hannah fundó una escuela que, a diferencia de lo que sus compañeros de carrera opinaban, fue todo un éxito. Hannah fue la primera mujer en ayudar y enseñar en los lugares más pobres del mundo, al igual que su padrastro; comenzando por Gaza y terminando por España, donde disfrutaría de una vida feliz con su querido William. Fin.”

La curiosidad despertó en la habitación de los niños.

 - ¿Hannah existió de verdad? ¿Cómo superó todos los problemas? ¿Era una superheroína?

A Nacho y a Susana no les había sido suficiente, querían saber más.

- Pues tendréis que esperar a mañana por la noche, mis polluelos. Ahora toca descansar - les dijo su madre.

Y, con esto les dio un beso en la frente y Nacho y Susana se durmieron rápidamente para que la noche del día siguiente llegase en cuanto antes.

La historia habría acabado, pero Nacho y Susana querían saber todo al detalle, les había gustado tanto que, desde entonces, todas las noches su madre les contaba un fragmento de la historia más detallado.

 

Nota de la autora: Esta historia está basada en la vida de Josefina Aldecoa, una mujer que marcó la vida de muchos. Nacho, (Ignacio) su marido, y Susana, su hija, forman parte de esta historia en la que se relatan los acontecimientos más importantes de la vida de Josefina.

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