Alva es muy cabreiresa, militante, «hablo de la Cabrera allá donde voy», y muy de La Baña. Y más ahora que por razones de trabajo está viviendo lejos, en un país europeo. Ante la propuesta de un rincón al que llevar a los lectores, sugerirles un paseo, lo primero que tiene claro es que será a su tierra: «Os llevaré a Cabrera y a la Baña, eso seguro».- Si puede ser algo que no sea muy conocido, para que sea un poco más descubrimiento para mucha gente.
- Entonces descartamos los lugaresmás conocidos, como el lago, que es monumento natural, o la fervienza, a la que cada día se acerca más gente.
Y pronto le surgen a la cantante dos nombres: Las peñas de la Camisa y Valdelafrita, que además de acogedores ofrecen unas vistas espectaculares para unos valles dignos de disfrutar sin prisa: La Falleda, Ruipedro... «Y, además, para mi es un lugar cargado de recuerdos familiares y de la infancia. Muchas veces íbamos allí para coger arándanos con un invento que fabricó mi padre, colocando unas puntas a uno de aquellos coladores de metal que nos permitía hacer una buena cosecha en un valle lleno de ellas».
También era el valle al que los vecinos de La Baña, también en casa de Alva, subían para coger cepas, «la madera más preciada para mantener el fuego de la cocina, la que más calor daba y más tiempo aguantaba», recuerda Alva que ya ha viajado a aquellos años de su infancia en el pueblo, cuando iba a la escuela, con un cariñoso recuerdo de su maestro, don Marcelino. «Después ya teníamos que ir a la residencia de Astorga y al instituto, la carrera... pero siempre con La Baña en la memoria, regresaba todos los fines de semana».
Ha vuelto a regresar ahora, en el recuerdo, desde lejos y se ve camino a Valdelafrita y La Camisa. «Recuerdo cómo entre las urces y escobas se asomaban unas piedras claras... son esasque llaman del país, las típicas de nuestra rica arquitectura cabreiresa».
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