Larissa recuerda perfectamente aquella mañana de miércoles, el peor momento de su vida y, a su vez, la puerta para salir del infierno que vivía. "Eran las dos de la tarde. No lograba recordar lo que había hecho aquella mañana, no lo graba recordar lo que había hecho el día antes, no lograba recordar lo que había hecho las semanas anteriores… Y, por suerte, tuve ese momento en el que decides que tienes que hacer algo. Tuve que romperme por completo para aprender a vivir de nuevo, escribí en mi diario".
Y ahí empezó una etapa no menos dura, pero con un camino de esperanza, pero el camino del que venía era de desesperanza, de autodestrucción. Llegaron los ingresos en la unidad de psiquiatría, psicólogos, tratamientos y, sobre todo, la ayuda de la familia, su madre, sus hermanas pequeñas…. La situación actual la define con una frase que lo sugiere casi todo: "Ahora mismo veo la luz, que en mi caso es mucho".
"Era miércoles, las dos de la tarde. No lograba recordar lo que había hecho aquella mañana, ni el día antes, ni siquiera semanas anteriores… En ese momento decides intentar algo"
Hemos ido muy rápido en la historia para llegar a un momento cercano al final feliz, al buen camino. Y es que Larissa da Silva Lopes, que ha vivido demasiados episodios duros con tan solo 28 años, acaba de publicar un libro en el que lo cuenta todo: ‘El arte de romperse’ (ediciones Talón de Aquiles), que este sábado lo presentó ante sus paisanos de La Robla en el Hogar del Pensionista, donde su madre regenta el bar. El libro lo ha firmado con su nombre en las redes sociales: @larii.loo

- ¿Porqué un libro?
- Por necesidad, y también me apetecía. Era una necesidad de contar, en un momento determinado, cuando se encauzó mi vida, estoy aprendiendo otra vez a llevar una vida normal sentí que lo mejor era contar que no he hecho nada, que he vivido, que he sufrido una enfermedad mental y solo es eso, una enfermedad, quien tiene un cáncer lo cuenta y siente el apoyo de los demás, yo he pasado una enfermedad mental y he sido eso, una enferma.
- ¿Y en poesía?
- El origen, poder contarlo todo, se debe a que yo llevaba un diario; pero desde niña lo que más me gustaba leer, la mayoría de los libros que hay en casa son de poesía, me gusta escribirla y un día vi un anuncio de Talón de Aquiles, envié el libro y me dijeron que les había gustado, que adelante, y aquí está.
El breve prólogo lo explica: "Hay heridas que no sangran, pero cambian la forma en la que vemos el mundo. / Esto nace de noches largas, silencios incómodos, amores que dolieron de más y de una versión de mí que intentaba sobrevivir mientras aprendía a sentirse viva otra vez".
- Larissa, con solo 28 años...
- Lo he pensado muchas veces, solo tengo 28 años, pero se sumaron tantas cosas: Un amor adolescente mal entendido, lo que creía que era amor nada tiene que ver con el amor, las inseguridades anidan mejor a esa edad, el dolor se puede hacer insoportable, los que te quieren ayudar se hacen invisibles, te callas, soportas, se hace una bola enorme y no sabes lo que sufres, lo que creías que era tristeza se llama depresión y no lo entiendes, la tristeza dura unos días, la depresión es un pozo. Y en mitad de todo, fallece mi padre, al que estaba muy unida. Todo se rompió y te llegas a echar la culpa, conocí la peor parte del amor demasiado pronto y terminé asumiendo que amar era acostumbrarse a sangrar en silencio".
Escribe en su libro: "Siempre pensé que había algo malo en mí. / Pensé que jamás sería capaz de sentirme verdaderamente amada / que el amor siempre sería confusión, miedo y abandono. / Creí que sufrir era parte natural de querer a alguien, / que seguir adelante aún cuando te estaban rompiendo en pedazos / era lo correcto. / Pensé que eso era madurar / aguantar...".
"Hay heridas que no sangran, pero cambian la forma de ver el mundo. Son noches largas, silencios incómodos, amores que dolieron de más e intentar sobrevivir, sentirse viva otra vez"
"Y vivió en esa depresión a la que no había sabido ponerle nombre, que se apoderó de ella pues, escribe: "No siempre llega como una tormenta (...) / Es un silencio que se posa en los hombros como polvo antiguo. / Y lo que antes era ligero / empieza a empujarte hacia el suelo".
Menos mal que en ese camino no estuvo sola, sobre todo cuando el dolor se multiplicó con la prematura pérdida de su padre. Ahí estuvieron su madre, sus hermanas, de las que dice: "Mis hermanas pequeñas se convirtieron en mis hermanas mayores". Lo escribe: "Supieron que me estaba apagando / mucho antes de que pudiera admitirlo. / Y aún así no huyeron / se quedaron cerca, / en silencio / sin obligarme a hablar cuando no podía / estando. (...) Creo que lo más doloroso / fue ver el miedo en sus ojos". También, cómo no, está el otro pilar: "Mi madre aprendió a dormir con miedo. / Miedo a los silencios demasiado largos. / A las puertas cerradas. / A despertarse en mitad de la noche y no escuchar nada".
Ayer lo presentó en el Hogar del Pensionista. Pocas veces ha habido en la presentación de un libro tanta tensión emocional en la sala como la hubo ayer en este acto, cuando Larissa leía el poema a su madre, allí presente, o a la amiga desde los once años que no se separó de su lado en aquellos días grises en las unidades de psiquitaría. También presente. El secreto. Había mucha verdad.
Y entre todos, unidades de psiquiatría, profesionales de la salud mental, Larissa lleva camino de ser aquella buena alumna del Instituto de La Robla, aquella emprendedora que cogió un bar en un pueblo cercano para buscarse la vida... hasta que todo se empezó a romper y ahora lo quiere recomponer, lo va a recomponer, lo escribe: "Y, si después de todo, sigo aquí / quizás todavía existan cosas bonitas esperándome al otro lado del dolor".
Pues claro.
