"Quedamos cuatro románticos"

José Fernández creció en la fábrica de gaseosas de su padre, siguió con ella y, con 79 años, se mantiene al frente de ella en Vega de Magaz, con sus hijos, tres generaciones pero "ya quedamos 4 románticos, lo que aguantemos..."

Fulgencio Fernández
24/12/2017
 Actualizado a 19/09/2019
José Fernández con la primera máquina de gaseosas que tuvo, ahora la utiliza para el sifón, "que se vende poco pues las hago una a una". | MAURICIO PEÑA
José Fernández con la primera máquina de gaseosas que tuvo, ahora la utiliza para el sifón, "que se vende poco pues las hago una a una". | MAURICIO PEÑA
Se pone a decir «las fabricas que había por la zona» y la lista no parece tener fin. Se pone a contar las que aún continúan en activo y acaba pronto. «Bueno, en esta comarca quedo yo, se cuenta fácil».

Es José Fernández, el de la fábrica de gaseosas. Primero fue La Preferida, después Espumosos José Fernández... «qué más da, somos el mismo. YO ya crecí en el oficio pues mi padre ya tenía fábrica de gaseosas y yo a qué iba a buscar otra cosa. Y en esto andan los hijos, aunque ellos ya lo enfocan de otra manera, en Astorga, con almacén de distribución».

- ¿Y Josésiempre en Vega de Magaz?
- No, ya llevamosmuchos años pero empezamos en Combarros, yo nací allí y de allí era mi padre...
- Pueblo de emprendedores.
- Lo dirás por el de las Pescaderías Coruñesas y los restaurantes de Madrid que tienen tanta fama... Sí, es verdad, les ha ido bien pero mira una cosa, no hay que olvidar el valor y el trabajo de aquella madre, que se quedó aquí y los iba criando y cuando estaban en edad de trabajar marchaban para Madrid, pero hasta que no los sacó todos adelante no marcho ¡Qué trabajadora y buena fue aquella mujer!
- A lo nuestro, que son las gaseosas y La Preferida.
- Pues nada, que mi padre se puso a ello, como tanta gente entonces, y fuimos tirando hacia adelante.
- Mal no le ha ido.
- Lo hemos trabajado, te lo aseguro. Si te cuento las vicisitudes de cuando repartíamos toda esta comarca de La Cepeda, por este lado hasta La Silva y hasta Astorga...
- ¿Con qué repartían?
- Primero con burro y carro, después caballerías... Y llegar de noche y marchar a lavar botellas mano a la fuente porque había que servir pronto para un pueblo que tenía una fiesta.
- Ahí tienes una foto vieja con una camioneta.
- Sí, claro, tiene historia la camioneta, que no era tal camioneta, era un turismo pero le serramos la parte de atrás y le acoplamos esa caja de la foto. Menudo invento, comparada con otra anterior que tuvimos, que era de pedales, y por la mañana había que quitarle la rueda para arrancarla porque se le helaba todo el aceite... Si te contara lo que hemos tenido que trabajar.
- ¿Y apuntando en la libreta, como los panaderos?
- Pues claro, ¿qué ibas a hacer? Los tiempos eran los que eran, de mucha necesidad.
- Pero cobrarías...
- O no. La gente era formal, y nosotros más, pregunta a quien quieras, pero algunas nos quedaron por ahí, es inevitable. Apuntabas pero ni se firmaba nada, ni nada...
- Pero vamos a la gaseosa.
- La gaseosa misterio tiene poco... inicia su conversación José Fernández y va recorriendo la maquinaria actual, todo el proceso de fabricación y siempre recordando, según repasa los procesos de embotellado, lavado, poner el tapón otras viejas máquinas, mucho más trabajosas. Por allí conserva la primera que tuvo para hacer gaseosas, que requería ir botella a botella, y que ahora utiliza para hacer sifón.
- ¿No se vende el sifón?
- Muy poco. Y es mucho más sano que la gaseosa porque no tiene azúcares, es gas carbónico y agua, pero como no está dulce.
José sabe que íbamos a llegar a aquellos famosos tapones de porcelana e hierro, que tanto gustan a los coleccionistas y que, reconoce, «para nosotros también era un problema porque no nos devolvíanla mitad de las botellas, se las quedaban».
- ¿Entonces no los dejaron porque eran caros?
- No. Yo tengo muchos por ahí. El problema mayor fue otro, cuando nos obligaron a poner toda la información legal de la empresa y todo eso. Había que ponerles unos capuchones de plástico donde iba el número de registro, el producto... y tenías que hacerlo a mano, enlentecía todo una barbaridad.

La cosa está mal, los chavales ya fueron para Astorga, pero yo ya llevo tantos años en Vega de Magaz que...Pero José Fernández lo tiene muy claro: «Pero no le des más vueltas. El problema no era ni la botella de cristal, ni el tapón, ni el hierro, ni nada... el problema es que no hay gente a quien vendérselo, los pueblos están vacíos.

Cuando está apuntando al corazón del problema pita el tren en la lejanía. Y José comenta: «Mira, aquí ahora somos cuatro gatos. En los tiempos buenos de la gaseosa, y de todo porque habiendo gente se necesita todo, el tren dejaba aquí ocho vagones para cargar: había dos almacenes de patatas que mandaban para todas partes; había una fábrica de envoltorios de paja para las botellas, que entonces el champán y las mejores bebidas se protegían así; había...

- ¿Y ahora qué queda?
- Aquí, en Vega de Magaz, de industrias quedo yo, si a esto se le puede llamar industria.
- ¿Y por cuánto tiempo?
- No está bien la cosa. Yo quería ampliar ahí para la huerta, sacar lo de naranja y limón para afuera, que estamos aquí muy apretados, pero los chavales no quieren, dicen que no están las cosas para andar invirtiendo en un pueblo... Y yo ya tengo 79 años.
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