Fue el Crimen del siglo. El caso más famoso de España con todos los ingredientes para el morbo. Basta con ver las colas larguísimas para seguir el juicio o saber que El Caso, el emblemático periódico de sucesos de la época, vendió más ejemplares que el deportivo Marca, que ostentaba el récord con el famoso gol de Zarra a Rusia y una tirada de 300.000 ejemplares que superó ampliamente el seguimiento del caso primero y el juicio después, alcanzando una tirada de casi medio millón de ejemplares, que se agotaron en los kioscos de toda España.
Solamente poner el nombre completo del autor del cuádruple asesinato nos pone en la pista del morbo, del singular personaje, un crápula al que su condición de ser miembro de la alta sociedad convertía en un dandy miembro de una familia de altos cargos en la judicatura, sobrino de la máxima autoridad judicial del franquismo: José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez-Morris, nombre que quedó reducido a El Jarabo (su familia llegó a cambiar los apellidos). Baste una definición de los periódicos de la época cuando hablan de su regreso a Madrid después de vivir en Puerto Rico y Estados Unidos, donde se casó y divorció, en los año 40: «Se entregó de lleno a una vida disoluta. Quemaba de modo incesante el dinero en juergas, mujeres y drogas».
¿Y León? Curiosamente como en el caso de la semana pasada, el del primer asesino en Serie —Manuel Blanco Romasanta— nuestra provincia puso uno de los muertos, posiblemente el primero, el dueño de la tienda de compra venta de objetos (Jusfer) en la que Jarabo había empeñado una joya, que no era suya, en un complicado asunto ‘de faldas’, muy propio del personaje.
Era el verano de 1958 cuando se desencadenó la tragedia. La entrada de Jarabo en la Sociedad Española de Investigación de Perfiles Criminológicos lo narra así:
«Un caluroso lunes del estío madrileño los vecinos del barrio del Retiro se extrañaron de que la tienda Jusfer, dedicada a la compra y venta de objetos, permaneciera cerrada. Sus propietarios nunca faltaban a la cita con la clientela. Aporrearon la puerta. Nadie respondía. Un amigo decidió telefonear a casa de uno de ellos. Tampoco obtuvo contestación. La gente se preguntaba por qué guardaban silencio. Simplemente que los muertos no hablan. Cuatro cadáveres fueron descubiertos poco después por la Policía. (...) Una vez dentro del establecimiento, sito en la calle Alcalde Sainz de Baranda, 19, los inspectores descubrieron el cadáver de Félix López Robledo en la trastienda. Tenía dos tiros en la cabeza. De inmediato las sospechas se dirigieron hacia el socio, que no daba señales de vida. Personados en su vivienda, en la vecina calle Lope de Rueda, 57, como nadie abría la puerta consiguieron rápidamente una orden judicial y un cerrajero facilitó el acceso. El cuadro que se encontraron fue impresionante. Emilio Fernández Díaz yacía en el baño, con un balazo en la testa. En el dormitorio estaba su mujer, Amparo, reclinada en la cama con otro disparo en la cabeza. En el cuarto del servicio hallaron a la sirvienta, Paulina, con un cuchillo de cocina clavado en el corazón».

Una crueldad inusitada y una imagen de una crónica de la época que lo dice todo: «Salía sangre por debajo de la puerta».
El siguiente paso es que el propio Jarabo se delató al llevar a la tintorería su traje lleno de sangre.
Y así fue detenido el último español condenado al garrote vil.
¿Cómo llegó a tener tratos con el dueño leonés de Jusfer y su socio? El dandy madrileño, mujeriego como pocos, tenía una amante británica, Beryl Martín Jones, de la que obtuvo con engaños la joya que le había regalado su marido y empeñó en Jusfer. A su regreso de Inglaterra su esposo le preguntó por la joya, un valioso solitario, y Jarabo la quiso recuperar pero en Jusfer le exigieron primero una autorización escrita de la propietaria y cumplir con lo acordado en el préstamo. Sí acudió con la carta pero no hubo acuerdo en lo económico pues le pidieron cincuenta mil pesetas; en metálico o en alhajas y se quedaron con la carta como garantía.
«Les pedí la sortija de todas las maneras posibles, pero siempre me daban largas. Ante la llegada de una nueva carta de la inglesa, en que me metía prisa, decidí ir de nuevo a por ellos dispuesto a todo», declaró a la Policía; y aquel 19 de julio acudía a Jusfer pero en el camino se encontró con otra mujer que estaba conociendo y llegó cuando ya había cerrado la tienda. Como sabía la dirección acudió a casa del comerciante leonés... «Abrió la puerta la sirvienta y, una vez en el salón, exigí al prestamista que me devolviera el anillo y la carta. Él se resistió e intentó echar mano de una pistola. Fui más rápido y le metí un balazo...». Había comenzado la masacré, de los tres, después volvió a la tienda y mató al otro dueño. Otros relatos cambian el orden de la macabra secuencia, aseguran que mató primero a la sirvienta y esperó a Emilio, pero el resultado final es el mismo.
Leonés de Rodillazo
Emilio Fernández, la citada víctima y dueño de Jusfer, era un leonés de Rodillazo, un pequeño pueblo del municipio de Cármenes, que, como tantos en aquella comarca había emigrado a Méjico. Con el dinero logrado en aquel país montó a su regreso esa tienda de compra venta, Jusfer, a pesar de que algunos familiares y amigos se lo habían desaconsejado. El tiempo les dio la razón y cruzarse con Jarabo fue su destino fatal, encontrando la muerte con tan solo 45 años.
Emilio regresaba con frecuencia a su pueblo y su familia siguió haciéndolo; es más, en la actualidad tiene a sus sobrinas pasando el verano en un pueblo de la montaña leonesa, al que llevan años acudiendo.
Dos películas
El caso de Jarabo, como se ha dicho el último ejecutado a garrote vil en España, despertó no solamente gran interés en su época (1958) logrando, como se ha dicho, tiradas de absoluto récord, especialmente de El Caso.
Se han escrito además cientos de artículos, libros y, al menos, dos películas de referencia, una de la famosa serie ‘La huella del crimen’, dirigida por Juan Antonio Bardem y protagonizada por el actor Sancho Gracia en el papel del célebre criminal.
Y ahora se anuncia otra ya acabada y que verá la luz en el año 2027, que ha sido dirigida por Emilio Martínez-Lázaro y protagonizada por Eduardo Noriega (en el papel de Jarabo), con Lucía Guerrero y José Coronado en el reparto. Se ha hablado ya mucho del papel de Noriega pues Martínez-Lázaro se ha querido centrar en estos hechos reales, pero con una especial preocupación por la vida decadente de aquel José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez-Morris.
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