La figura y el recuerdo de Pereira, entrañable como no podía ser de otra manera, marcó los actos y las intervenciones, con especial presencia de la Fundación que lleva su nombre y dirige su sobrino Joaquín Otero. Gamoneda, su amigo de tantos años y actos, recordó que el caso de Pereira era, tanto en su vertiente personal como literaria, "un ejemplo de vecindad y empatía"; y defendió una vez más que "Antonio era lírico incluso con la prosa".
Juan Carlos Mestre, otro buen amigo además de paisano, viajó cincuenta años en el tiempo para recordar que "en este mismo Jardín recitaban en otra fiesta de la poesía Antonio Pereira, Antonio Gamoneda, Victoriano Crémer y Antonio González Alegre", en una larga apuesta por la poesía, que sigue siendo tan necesaria "en una sociedad en la que el culto a la basura parece haber alcanzado sus últimos objetivos".
El nuevo alcalde de la villa, Anderson Batista, consideró justa y necesaria la escultura en memoria de Pereira y sorprendióa los presentes abriendo la puerta a la continuidad de la Fiesta de la Poesía de Villafranca. Una celebración a la que Pereira acudiría desde el banco en el que se ha quedado.
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