Repasamos en la anterior entrega algunos casos llamativos incluso por lo curiosos, si este adjetivo tuviera cabida en un tema tan duro como la crónica de crímenes y asesinatos ocurridos en la provincia.

Tan imprevisible como la mente humana es la variedad de motivos que los han provocado; y así en el repaso de los ocurridos podemos encontrar, por citar solamente algunos: Los que llamaba la prensa de la época líos de faldas, que ya hemos visto en el caso de El Botas de Corbillos; el caso del pastor asesino de Vega de Magaz (1954) que fue detenido a tiempo pues después de matar a dos personas se le encontró una lista negra de quiénes iban a ser sus siguientes víctimas; la titularidad de una mina estaba en el caso ocurrido en un paraje entre Prioro y Tejerina (1956) pero en el que víctima no fue quienes ‘litigaban’ por la titularidad de la mina, tal y como contaba el gran especialista leonés en sucesos, Joaquín Nieves: "Una mujer fue la víctima inocente en la rivalidad por la posesión de un ‘chamizo’ carbonífero cuya propiedad se disputaban dos empresarios, quienes, en principio, habían formado sociedad para explotar la mina. Después surgieron desavenencias, vinieron los pleitos y se llegaba a enfrentamientos. Se vivía la época en que abundaban concesiones de terrenos para ir creando empresas que propiciaban puestos de trabajo y en torno a las mismas tenían la mirada puesta hombres de la comarca, con ilusiones, dispuestos a alcanzar un mejor nivel de vida, compartiendo afanes y tareas sin olvidar su con- dición de ganaderos o campesinos. a riqueza y economía. Hombres que arriesgaban en negocios que podían ser aventuras, buscando un camino para prosperar". Las desavenencias llevaron a que uno de los socios cogiera un día la escopeta de caza y, engañando a la familia, en vez de ir a cazar fue a espiar a su rival/socio, que caminaba hacia el lugar de los hechos (cerca del llamado Corral de los Lobos de Prioro) con otras dos personas, el encargado de la mina y una mujer, Obdulia. Y ocurrió lo imprevisto: "Los nervios atenazaron al homicida, falló en la puntería al efectuar el primer disparo, tan solo a unos cuatro metros de distancia, alcanzando el tiro a la infortunada Obdulia, que caía desplomada, falleciendo en el acto por penetrar la perdigonada en la cabeza. Siguió disparando y quien caía herido fue el señor García Tuñón (el socio), también tendido en el suelo, atendido por la tercera persona del grupo".
"Una mujer fue víctima inocente en la rivalidad por la posesión de un ‘chamizo’ carbonífero cuya propiedad se disputaban dos empresarios, uno disparó sobre el otro y erró el tiro"
El caso del pastor con una lista negra resultaba muy llamativo pues tan solo tenía 18 años. "Fue este uno de los sucesos ocurridos a mitad del siglo XX que más apasionaron a nuestra opinión pública. El protagonismo fue en mayor parte, más que de las propias víctimas, del autor material de los hechos: un pastor, apenas cumplidos dieciocho años, llamado F.S.F., quien residía como criado en una casa de labranza, cuyos amos le prestaban toda clase de cuidados, como si de un familiar más se tratase, preocupándose de su formación, enviándole a clase de adultos, sin que nada le faltase ni nada se le negase, abonándosele puntualmente el dinero correspondiente a los servicios que prestaba, incluso, proporcionándoselo cuando tenía que efectuar alguna compra", decía Joaquín Nieve de él, mas el pastor debía albergar resentimientos de algún tipo pues asesinó a dos jóvenes de Vega de Magaz, de manera violenta y con dos meses de separación entre uno y otro crimen. Una vez descubierto, al registrar su habitación encontraron una lista negra en la que figuraban los nombres de otros jóvenes a los que parece que también pensaba matar.

Las casualidades provocaron algunas casualidades, como años terribles para los sucesos, o localidades que tuvieron que vivir varios. Un titular se repitió con pocos meses de diferencia: Masacre en Bembibre. Especialmente grave fue el suceso de agosto de 1989, cuando un hombre de 28 años, asturiano, a las diez de la mañana entró en un bar y mató a puñaladas a dos hombres e hirió de gravedad a otros tres, uno de ellos un Policía Municipal de Bembibre, que le disparó hiriéndole en el vientre y la rodilla, lo que posibilitó su rápida detención, bien es cierto que ya había perpetrado la tremenda matanza.
Un pastor de 18 años de Vega de Magaz mató con violencia a dos jóvenes, al ser detenido le encontraron una lista negra en la que figuraban los nombres de otros a los que pensaba matar
Y relacionado con Bembibre también estuvo el famoso Crimen de la maleta, del que ya hemos hablado en este repaso de la crónica negra.
Otro año especialmente ‘grave’ fue 1953 que, igual que en 1949, se sucedieron varios sucesos "con diferentes armas".
Uno de ellos tuvo como escenario la era de Velilla de Valderaduey, en la comarca de Sahagún, "cuando bajo los rigores de la soleada tarde de un 7 de agosto se hallaban realizando faenas agrícolas BFR, en unión de su esposa y los hijos de ambos. Al grupo se acercó otro joven, VPR, quien suscitó una discusión con uno de ellos, increpándole por haber utilizado como paso con una caballería una finca de labor. Cada uno deseaba hacer valer las razones que podían asistirle. La discusión subió de tono, salieron a relucir las navajas que todos llevaban, era habitual en el campo, y el citado VPR resultó herido de extrema gravedad.

Otro de los graves sucesos tuvo a la horca como arma de ataque, y por no abandonar el mundo rural señalar que en aquel mismo 1953 tuvo lugar un brutal suceso en Piedrafita de Babia. "En las inmediaciones de la localidad resultó asesinado MVA, al ser apaleado por OGB, residente en Santibáñez de la Loma y GGB, vecino de Murias de Ponjos, que fueron localizados y detenidos por la Guardia Civil de Villaseca de Laciana. Contaba Proa que "la enemistad entre la víctima y sus agresores estaba latente desde algún tiempo atrás. Los agresores, de común acuerdo, aprovecharon la ocasión en que la víctima se encontraba en un lugar solitario y acercándose con sendos palos le molieron a golpes, uno de ellos en la cabeza, causa determinante de la muerte de aquel infortunado, huyendo los agresores a otros pueblos, pero fueron localizados y detenidos".
Especialmente duros son los que han quedado sin resolver
El hecho de que un personaje sea conocido, aunque sea a nivel popular por su oficio —como el guarda jurado de la Venatoria— le da muchas más trascendencia a un suceso. Así tuvo enorme eco un crimen cometido en Villamarco, en Tierra de Campos, porque el suceso estuvo rodeado de sensacionalismo, acrecentado por los métodos que el asesino fue urdiendo en busca de la coartada que hiciese creen en accidente o se barajase la hipótesis del suicidio, eludiendo así la acción de la justicia. La localidad, a tan sólo una treintena de kilómetros de la capital, fue visitada "por quienes pretendíamos ofrecer detalles en la parcela entonces más leída de los periódicos con espacios para la crónica negra, cuando comenzaban a surgir en Madrid las primeras publicaciones especializadas, ventanales de aquella actualidad, en cierto modo morbosa, por la que se sentían atraídos los lectores", explicaba Joaquín Nieves, antes de señalar que la trama urdida no dio finalmente resultado.
Sin embargo, los crímenes que más sensación de dolor dejan son aquellos que quedan sin resolver, de los que León tiene dos especialmente relevantes. El de María José Zapico, calcinada en el maletero de un coche; y el ocurrido en Laciana y sin resolver, de Sheyla Barrero.
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