Se dice de la vieja Granja Escuela Agropecuaria de León que tuvo funciones tan diversas como la mejora de las razas ganaderas, la experimentación agrícola y la formación en trabajos del campo. Se dice también que, inaugurada en los años veinte del siglo pasado, su tamaño era extenso; algo que hoy puede intuirse al apreciar la fuente de la Estación Pecuaria Regional que, ubicada en la calle La Granja, hizo las veces de puerta para el recinto.
De aquel espacio, ya sólo queda el nombre, que bautiza rincones como la vía y un colegio público de Educación Infantil y Primaria situado frente a un edificio que llama la atención. Su ladrillo desnudo no pasa desapercibido, trasladando al pasado a quien lo mira, igual que ocurre al leer la inscripción en baldosines de la que fue propietaria de aquella granja escuela: la Diputación Provincial.
No es el único rincón que lleva tal nombre, como tampoco es lo único que se dice sobre esta zona de la capital provincial. Y es que la puesta en marcha del parque apodado en su recuerdo –como bien indica el cartelón que es carta de presentación al atravesar la entrada de la calle homónima– supuso un pulso entre los antaño propietarios y el Ayuntamiento de León, regido en aquel momento por Juan Morano Masa. Se detienen Tomás Santamaría y Amable Rodríguez entre las páginas de ‘León parque a parque’ en el «tenso pugilato sobre la propiedad de los terrenos y la legalidad de las obras» entre ambas instituciones. Aun así, «la sangre no llegó al río y, aunque intervención judicial sí hubo, el parque se inauguró, con gran alegría del barrio y de todos los leoneses».
El regocijo puede sentirse en el monolito con el que El Ejido quiso mostrar su agradecimiento al alcalde tras un alumbramiento en «tiempo récord», pues el espacio comenzó a erigirse en diciembre de 1984 y vio la luz finalemente apenas seis meses después: el 25 de julio de 1985. Por aquel entonces una explanada verde con retoños de árboles aún por crecer no se esperaba convertirse en lo que hoy es el Parque de la Granja; un rincón henchido de arces, cedros de todo tipo, fresnos, tilos, cipreses, plátanos, pinos piñoneros y multitud de especies dispuestas entre parterres de flores que dotan al espacio de un policromía un tanto inesperada.

Todo en una configuración que rehúye de los ángulos, compuesta como está de dos circunferencias que le prestan al lugar una estética algo laberíntica. Tienen aquí, además, mucho de significativo esos círculos que construyen los caminos arenosos para señalar sutiles los recovecos por los que transistar. Recuerdan sus formas geométricas a las que coronan los globos aerostáticos que una vez, a pocos meses de ser inaugurado el parque, se dieron cita en el mismo echando a volar por cortesía de los contrincantes del Campeonato de España de Aesrostación.
Aquel hito reunió a una veintena de pilotos encabezados por José Luis Lorente Aragón, a los mandos del conocido como ‘Dragón Cazurro’. El leonés se proclamó campeón estatal en el torneo que tuvo lugar en Gijón en 1984 y, como buen cazurro, quiso deleitar a su propia tierra con el agradable sabor de boca de aquella victoria. Al menos, así lo señala la Revista de Aeronáutica y Astronáutica en su número de julio de un año después: «Otro reto que nuestro campeón se ha cargado a la espalda es la organización, con su participación incluida del Campeonato de España, el cual se celebrará del 1 al 5 del próximo mes de septiembre en la ciudad de León».
El escenario escogido fue este: el Parque de la Granja. Y, recurriendo a la memoria del compañero Fulgencio Fernández, que sabe responder aquello que Internet parece que no, resulta que lo recuerda. «Casi se tiene que suspender porque, a la hora de empezar, cuando hinchaban los globos, se desataron unos vientos y hasta debió de haber algún incidente», chatea solícito. Como es lógico, la imagen abrió las portadas de las cabeceras locales –puede que también de alguna nacional–: de los 18 participantes, únicamente seis pudieron alzar el vuelo.

Quien fuera o no el vencedor no es relevante. De aquello sólo quedan imágenes ya casi olvidadas y anécdotas de quienes ya tenían entonces uso de razón. Hoy nada rememora que casi una veintena de globos aeroestáticos se congregaron en el lugar. Si acaso lo evocan las formas circulares que invitan al paseante a no cesar en este parque en que hoy el acontecimiento sería improbable, teniendo en cuenta el aspecto frondoso de unas copas que, poco a poco, han ido acercándose al cielo azul.
Desde ellas, sujetas a sus ramas, se dejan ver los húespedes más habituales en cualquier espacio verde de la ciudad: urracas, palomas y pardales se entretienen mordisqueando alguna hoja u orquestando una banda sonora con la pisada fina de sus patas finas en el paisaje otoñal. De vez en cuando, si se está atento, se puede apreciar el canto agudo de las lavanderas y, si se levanta la mirada, el vuelo regio de los grajos.
No es de extrañar que en este parque, que revalida el reconocimiento internacional ‘Green flag’ desde el año 2022, se congreguen otras especies que, por su menor tamaño, no acaparan en gran medida la atención. Insectos, abejorros y mariposas revolotean en un rincón que tiene en sus aledaños, además de un carril bici que va a dar a La Candamia, una zona de esparcimiento canino.
A ella se llega cruzando un pequeño puente sobre una presa llegada, posiblemente, de las aguas del Torío. Hoy está seca, aunque no echan en falta el agua las muchas muestras de vegetación, entre las que se encuentran también un grupo de palmeras que, en lo alto de su tronco, ya dejan ver sus frutos.
En realidad, son muchos los pequeños rincones que conforman este gran rincón para todas las edades. Buen ejemplo son los dos campos de fútbol –uno abierto y otro cerrado para el que el Ayuntamiento de León destinó más de 80.000 euros en 2021– en el que varios jóvenes se dan cita. Un año antes, ambos fueron acondicionados con una inversión que superó los 240.000 euros y, más tarde, se ampliaron y renovaron los vestuarios deportivos. El sonido del balón rebotando contra ese césped se escucha lejano dada una extensión a la que el Consistorio también dotó en el año 2021 de una zona de parkour que se divide en cuatro espacios: uno con bloques de hormigón, otro con volúmenes de hormigón acolchado, un tercero dispuesto de barras a diferentes alturas y un cuarto equipado con rollizos de madera para los que fueron invertidos 60.000 euros.

Lo cierto es que las mejoras realizadas sobre este rincón se han ido sucediendo. La reparación de caminos, pavimento y vallado y la colocación de un equipo de calistenia y de ejercicio al aire libre en el año 2021 se suman a las anteriores, dando como resultado una inversión total que supera los 700.000 euros y que se refleja en una estética cuidada.
Un parque infantil renovado por el mismo gobierno municipal y una zona destinada al ejercicio de los mayores no faltan en este parque, que adopta un toque metafísico. Y es que, hasta llegar a ellos, el transeúnte recorre el camino arenoso que le hace observar primero a dos infantes que parecen hermanos y solicitan con voz dulce que sus progenitores les columpien «más fuerte»; que le hace observar después como un hombre machucho hace un receso del paseo para subirse a una de las máquinas que hacen las veces de columpio funcional para el adulto. Todo siguiendo una senda circular que invita a pensar en el círculo que, al principio o al final, une estas dos etapas de la vida. Mientras, en el lado más cercano a la calle La Granja, un merendero con cinco templetes y mesas de ping-pong revela desde el suelo los vestigios de la celebración de un cumpleaños.
Allí descansa una familia que hace lo oportuno. Y merienda resguardada del sol cediéndole los bancos a las gentes que ya empiezan a acercarse. En ellos, tres ciclistas –uno en cada uno– descansan las piernas tumbados. Otros, más verticales, simplemente se sientan y un señor, vestido con sombrero como intentando amortiguar la caída de los erizos desde las copas de los castaños, camina de uno a otro libro en mano.
Quizá le mueve la costumbre de mudarse de una de estas estructuras de madera, que presumen de que León es la ‘Cuna del parlamentarismo’, a otra; una por cada capítulo del libro hasta terminarlo. Quizá es que disfruta cada tarde de este emblema de la periferia cuya calma le hace estar dentro y fuera de la ciudad al mismo tiempo. O, quizá, es que simplemente le gusta dejarse sorprender a diario por un Parque de la Granja que, de alguna forma, cada día parece uno diferente.
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