Uno de los frescos más hermosos de la Resurrección del Señor en el arte bizantino, que repite el esquema iconográfico bizantino, es la grandiosa escena de la Anástasis [resurrección] en el ábside de la capilla funeraria adyacente a la iglesia de San Salvador in Chora [campo], de Estambul. Se trata de una composición monumental muy bien conservada, obrada como el resto de los frescos y mosaicos en 1314. Jesús, vestido con una larga túnica casi inmaterial, bajo el cielo azul, está inscrito en la mandorla mística tira de Adán y Eva para sacarlos de sus tumbas. Está rodeado por dos justos, a la izquierda san Juan Bautista y Abel a la derecha. En la parte inferior están rotas las puertas del infierno y Satanás está encadenado. A ambos lados de Cristo se sitúan justos del Antiguo Testamento, entre ellos los reyes David y Salomón, y eventualmente Abraham e Isaac.
La Antigüedad tardía no representó la Resurrección sino el testimonio de las dos o tres Marías (el número de testigo requerido por la Ley judía) que se encaminaron a la tumba que encontraron vacía, solo quedaban los lienzos que envolvieron el cadáver de Jesús; un ángel con vestidos blancos se dirige a ellas: «Jesús Nazareno no está aquí. Ha resucitado. Mirad el lugar donde estuvo su cuerpo. Se trata de la segunda versión, denominada de las miróforas».

La primera versión, la que aquí se analiza, está inspirada por las imágenes romanas de la victoria. Se creó probablemente a finales de la Antigüedad, después de las imágenes de los ciclos constantinianos en una época en que todavía se utilizaban las imágenes alegóricas del triunfo de los emperadores. El tema es consecuencia inmediata de la Resurrección y más especialmente la escena en que Cristo arranca de los infiernos a Adán y Eva. Este acontecimiento se interpreta como el triunfo de Cristo sobre Hades, dios griego del inframundo y de los muertos, que obliga a los difuntos a permanecer eternamente en el mundo subterráneo. La conceptualización del descenso a los infiernos definió para el futuro un tema que siguió siendo particularmente popular en Bizancio. Bajo la denominación de Anástasis, dicha escena generó el contenido de la iconografía de la Resurrección, junto con los personajes veterotestamentarios. La interpretación cristiana de Cristo liberador en primer lugar de Adán y Eva cuenta con el ejemplo más antiguo en un fresco del siglo VII u VIII, en la iglesia de Santa María Antigua, sobre el foro romano.
El arte bizantino es muy generoso en la iconografía de la resurrección, codificada y extendida a lo largo de los siglos. En la iglesia de Hagios Lukas, uno de los más bellos conjuntos de Grecia, se figura un mosaico del Descanso al Infierno, de hacia 1020. En mosaico está también realizada la Anástasis de la iglesia de Nea Moni, en Quíos; es obra de hacia 1042 y 1054.

El Crucifijo ebúrneo de don Fernando I y doña Sancha, donado a san Isidoro en 1063, tiene una conexión iconográfica con el arte bizantino no contemplada hasta el momento, de manera sistemática (fig. 2). En efecto, sobre el borde izquierdo del brazo vertical, a la altura del abdomen, se muestra a Cristo con la cruz [griega, de brazos iguales] bajando al infierno a recuperar a Adán y Eva, no vestidos, como en la iconografía bizantina, sino desnudos, y otros personajes del Antiguo Testamento, imposibles de identificar. La figura de Cristo resucitado aparece duplicada, pues aparte de la citada representación, aparece en el brazo vertical. No figura en los repertorios iconográficos, como el clásico de Louis Réau. Por mi parte he realizado un amplio estudio en 2010 [Arte leonés fuera de León, siglos IV-XVI, León, 2010, pp. 48-55], pero no había establecido un paralelismo con el arte bizantino. Sigue el programa iconográfico con la resurrección de varios muertos que salen de las tumbas, de acuerdo con el texto de Mateo, 27 «se abrieron las tumbas y los cuerpos santos resucitaron y éstos, después de su resurrección, salieron de sus tumbas…». El versículo ha sido elaborado dentro de una sistemática representación de resurrección, salvación y juicio. Dicha temática figura en la iconografía bizantina y marfiles carolingios.
La leonesa Ángela Franco Mata, historiadora, fue jefe del departamento de Antigüedades medievales del Museo Arqueológico Nacional.