Rondaban las doce del mediodía de este domingo cuando daba comienzo la subida a la localidad de Paradilla, por la estrecha y empinada carretera que permite al ir cogiendo altura observar los bosques que rodean la zona. En deportivas, en botas, o los más atrevidos en madreñas, pero todos subiendo juntos en esta segunda romería de los Pájaros que ya se ha convertido en una cita obligada. Niños y mayores recorrieron el camino, con avituallamientos incluidos de Tarabico y Entrepeñas para reponer fuerzas hasta llegar a la localidad. Allí, música tradicional, gentío entrando y saliendo del teleclub, y por supuesto muchas ganas. El cielo perdonó, pero aun así no se contó con los pendones y la plantá en las inmediaciones de la pequeña iglesia que corona en el alto del pueblo, como el año pasado, debido a las previsiones climatológicas. Hilando entre madreñas y tradiciones, entre risas y conversaciones tras la subida, no faltó en el lugar en buen hacer de ‘Hilando Maamamamut’ con demostraciones en este noble oficio, puestos artesanos con jabones, textiles o bisutería en plata, ni el sabor más gallego con una pulpería, además de las canciones de hilar que corrieron a cargo de Rodrigo y Fran.
La comida fue otro de los momentos clave de esta jornada festiva, elaborada allí, con cordero a la estaca para todos los que gustaron de este manjar al precio de diez euros por persona, que dio paso a una sobremesa con música y xuntanza de acordeonistas.
La segunda romería de los Pájaros de Paradilla ha llegado con fuerza, con muchas ganas de quedarse, de seguir año tras año, de juntarse alrededor de una buena mesa, haya lluvia o no. Tradiciones y ganas de compartir buenos momentos sobran en este pequeño pueblo y es que, para quien no lo sepa, Paradilla se escribe con ‘p’, pero de pájaro.