Para quitarse el sombrero y ponerse las botas

Pedro Ludena comenta la película de Joel Crawford 'El Gato con Botas: el último deseo'

Pedro Ludena
17/02/2023
 Actualizado a 17/02/2023
El personaje animado al que pone voz el actor malagueño Antonio Banderas.
El personaje animado al que pone voz el actor malagueño Antonio Banderas.
‘El Gato con Botas: el último deseo’
Director: Joel Crawford.
Intérpretes: Antonio Banderas, Salma Hayek, Florence Pugh, Harvey Guillén.
Género: Aventura / Comedia.
Duración: 100 minutos.

Esta semana tenía pensado hablar de otra película, pero no puedo dejar pasar la oportunidad de hablar de ‘El Gato con Botas: el último deseo’, del mismo modo en que esta no ha dejado pasar su oportunidad de sorprender a propios y ajenos con una producción desproporcionadamente superior a las expectativas, al menos a las mías.

La primera aventura en solitario del compañero felino de ‘Shrek’ fue poco más que olvidable, careciendo de todo el corazón y el humor que tanto caracterizaba a la saga del ogro. De manera que, cuando me enteré de que estaba por estrenarse a finales del año pasado una secuela, ni me planteé siquiera verla. Solo podía pensar que no era más que la última forma de explotar a un personaje que, aunque se robó todas las miradas desde su aparición en ‘Shrek 2’, hace casi veinte años, sus días de gloria habían quedado atrás, paralelando mi juicio así la propia trama. No fue hasta la semana siguiente de su llegada a los cines que comencé a escuchar no solo críticas positivas, sino alabanzas. Me la recomendaban amigos y familiares, y aun así yo recelaba de perder el tiempo con otra aparición del ‘Gato con Botas’, hasta hoy. No ha sido la primera vez que he prejuzgado una película, ni será la última, pero sí una de las que más equivocado he estado.

Si algo venía necesitando ‘DreamWorks’ era un lavado de cara. El estudio que antaño se asociase con éxito y la gran alternativa al todopoderoso Disney, venía dando bandazos desde que cerrase sus sagas más populares, como ‘Kung Fu Panda’ o ‘Como entrenar a tu dragón’, cuyas respectivas terceras entregas fueron las últimas producciones de la compañía que conciliaran tanto a público como a crítica. Pareciera que los ‘trabajos de ensueño’ fueran cosa del pasado, pero, como al gato, aún les restaba una vida.

Al igual que gran parte del éxito de ‘Shrek’ se debió al uso de la, por aquel entonces, revolucionaria animación 3D, ‘El Gato con Botas: el último deseo’ se sirve del estilo que combina esta con clásicos dibujos en 2D superpuestos sobre la misma, alejándose de la tendencia al fotorrealismo de estudios como ‘Pixar’, y siguiendo los pasos impresionistas de cintas como ‘Spider-Man: un nuevo universo’. Gracias a esta técnica se consigue dotar de un aspecto fantástico a la animación convencional, como si cobraran vida las ilustraciones de una fábula, aunque sus líneas gruesas y las características líneas cinéticas recuerdan más a las de un cómic, dotando de dinamismo y personalidad a cada escena.
Aun a riesgo de juzgar al libro por su portada, cuando te adentras en su relato, la segunda parte de ‘El Gato con Botas’ está más que a la altura de su animación. Eso no significa que quepa esperar una novedad en la narración al nivel de su salto gráfico, porque la película no arregla lo que está no está roto, sabe que para llegar a todos los públicos debe renunciar a un argumento complicado para los más pequeños. Sin embargo, la moraleja de este cuento no es cosa de niños.

Siempre he disfrutado como, a medida que pasaban los años, fui entendiendo cada vez más y más referencias adultas de largometrajes como el mencionado ‘Shrek’, que, a pesar de su enfoque infantil, nunca pierde de vista a los padres y a su público más maduro, regalando referencias subidas de tono y chistes que buscan la comedia negra pasando desapercibidos para las audiencias más sensibles. En esta ocasión, lo adulto no son las bromas, sino el mensaje detrás de la trama, que no es otro que todos debemos enfrentarnos a nuestra propia mortalidad, en el caso del Gato con Botas literalmente. Un niño que vea esta cinta en el cine la disfrutará por lo colorido de sus personajes y lo emocionante de su acción, pero con el paso de los años, acabará descubriendo que su película de la infancia le ha ido enseñando con cada visionado a saber valorar las cosas importantes en la vida y que, cuando esta se ha aprovechado, uno no debe temer que termine. Además, no solo no evita tratar la ansiedad que este miedo a la muerte genera en cada uno de nosotros, más lo convierte en el motor de todo el arco de personaje del Gato con Botas, quien habiendo perdido ocho de sus nueve vidas, aunque si realmente este fuera tan español como se le pinta debería haber muerto con la séptima, debe aprender a valorarla como la última que es.

Pero el minino no es el único gran personaje de su historia, ni tampoco el mejor. Detrás del Gato con Botas, como de todo gran héroe, no solo hay un gran villano, o varios en este caso, sino que la sombra de estos eclipsa al protagonista. La cinta, en sus escasos cien minutos de duración, es capaz de presentarnos tres tipos de villanos diferentes y de conseguir que cada uno destaque por méritos propios. Por un lado, tenemos al ‘rival’ del protagonista, como son ‘Ricitos de Oro y los tres ositos’, cuyos intereses, sin ser malintencionados, chocan con los del gato, y que cuentan con su previsible, pero emotiva y bien ejecutada, subtrama de redención. En el otro extremo tenemos al villano megalómano y sociópata, personificado en ‘Jack Horner’, un personaje originario de una fábula británica, hasta ahora desconocido para mí, y asumo que para muchos los que aún seguimos en Europa, pero que se habrá ganado más de un corazón, aparte del mío, con su frivolidad y su demencia, que da pie a los momentos más graciosos de todo el film. Y en último lugar, como siempre, el antagonista por antonomasia, la Muerte, aquí animalizada como un lobo encapuchado que atormenta al Gato con Botas de principio a fin y que, con un diseño de personaje idiosincrásico e imponente, se ha grabado a fuego como uno de los mejores villanos en la historia de la animación.

‘DreamWorks’ ha hecho los deberes y se nota. Retomando una saga a la que se daba por muerta y con una narración sencilla de base, pero con una animación, una lección y unos personajes cuidadosamente confeccionados, ha conseguido que el Gato con Botas caiga de pie, en una gloria tan inesperada como merecida.
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