También este contundente alcalde es, a veces, una de esas noticias que forman la bruma bajo la que vive Maraña. Fue el último edil de España en tomar posesión de su cargo: «Es cierto, salió en todas partes pues no juré el cargo hasta el 3 de agosto ya que soy marino mercante y la victoria electoral me pilló en alta mar, pero no es más que una anécdota, aunque creo que soy un caso único en España».Omar es Ingeniero Marino, estudió la carrera en Gijón y lleva varios años trabajando para una empresa extranjera y con ella ha recorrido todos los continentes, «sólo me falta trabajar en la Antártida», y ha visto de casi todo. «Es verdad, tengo historias para contar... de todo, me he visto entre piratas en Somalia por lo que teníamos que trabajar acompañados del Ejército; hemos salido adelante en algún país pagando claramente sobornos, no había otra posibilidad; he trabajado en un mar helado en China; he estado en barcos en los que era el único español de la tripulación...». Para añadir: «y en todos me hice entender, por eso se me hace tan complicado comprender esta modalidad de genocidio que veo que se practica con nuestro pueblo, provocar nuestra desaparición por asfixia».- ¿Cuántos habitantes sois?- Que estemos aquí no lo sé con exactitud. - Treinta y uno; dice con seguridad José Eugenio Cascos, Josu de Maraña, antiguo alcalde y cantinero, que se nota que ya han sido muchas las veces que en su tienda bar se ha echado la cuenta «de los que quedamos».También es único asimismo el caso de Omar, un alcalde para 31 habitantes. «Aquí pasa lo contrario de lo que se suele quejar la gente, que dicen que no ven a sus alcaldes, aquí me tienen que ver quieran o no... salvo que esté embarcado».Y es que en ese momento, al dar cuenta de los 31 que quedan en el pueblo, allí en la barra del bar nace otro Maraña, el de cada día, el invernal, el que obliga a la convivencia que a la hora del vino desembarca en el bar de Josu, que ya tiene preparada una sartén de hígado para que se vayan sirviendo.
- ¿Y cuando tejubiles José Eugenio?- Ya tenía que llevar años jubilado pero mientras aguante aquí sigo; ¿qué iba a ser de Maraña sin un bar y sin una pequeña tienda para las cosas imprescindibles?
Qué grande Josu, que sonríe cuando recuerda las trifulcas que le preparaba la recordada Pacita —ya no vive en el pueblo— cuando era concejala de la oposición. «Bueno, así veníais a vernos de vez en cuando», dice este paisano que lleva la tranquilidad inoculada en vena.
Mientras tanto Omar, el alcalde actual desde hace legislatura y media, observa como recordando que un día pensó que podía y debía hacer algo por su gente, por su pueblo, y tal vez como antiguo jugador de rugby no parece dispuesto a bajar los brazos. «Una vez le dije a un consejero que si no nos permitía arreglar un camino lo haría igual; y me recordó, amenazó diría yo, con que podía pisar la cárcel».
- ¿Y cómo puedes llevar el Ayuntamiento desde alta mar?
- Hombre, hoy todo es posible, puedes estar comunicado siempre, existe la firma electrónica, tengo un teniente de alcalde que para nada le hace falta que esté aquí... y te lo ha dicho Josu, somos 31.
- ¿Y en verano?
- Uf, ésa es otra historia; la población se multiplica por no sé cuántos en verano y, la verdad, a veces echo demenos no estar embarcado; bromea.
Nuevamente José Eugenio Cascos le desvela ‘los números’. «Mira el 15 de agosto, cuando la romería de Riosol y las fiestas, somos cerca de mil. Hay una comida de pueblo y fueron más de 600, más otros 200 que no acudieron... echa tu las cuentas».
- ¿Y el turismo, alcalde?
- El turismo funciona muy bien; nos echa una mano muy grande Calleja y más que nos la va a echar; tenemos albergue, cabañas, viene mucha gente, es verdad, pero te insisto, son ayudas, Maraña siempre ha sido un pueblo ganadero y queremos que lo siga siendo, pero se empeñan en negarnos el futuro.
- Ya, pero genocidio parece una expresión fuerte.
- Pues yo no conozco otra que lo explique mejor.
La verdad es que a este marino mercante y alcalde, que es un gran tipo, le gustan poco los paños calientes.