Odiseo en el infierno del pasado

Una impresión sobre la recién estrenada versión cinematográfica de la ‘Odisea’ de Homero, dirigida por Christopher Nolan

Bruno Marcos
25/07/2026
 Actualizado a 25/07/2026
Imagen de la película ‘La Odisea’ de Christopher Nolan (2026).
Imagen de la película ‘La Odisea’ de Christopher Nolan (2026).

La película que Christopher Nolan ha realizado sobre la obra de Homero confirma y establece como canónica de nuestra época la visión contemporánea que tenemos del pasado como algo enteramente siniestro. No solamente no fue luminoso el mundo antiguo como se nos dijera sino que aquellas épocas, lejos de haber fundado lo mejor de nosotros, únicamente nos sirven como un pedagógico repertorio de errores.  

El Odiseo de Nolan se declara cansado de seguir a Menelao que le ha obligado a ir a la guerra y emprende, por otra ruta, la vuelta a casa. Pero no descubre maravillas sino que sufre, alterna los éxitos de su astucia con fracasos y vuelve a errar una vez tras otra mientras sacrifica inútilmente a sus hombres hasta quedar solo. De su doble naturaleza, dividida entre el marido que añora su hogar y el viajero que desea la aventura, sólo se ve la sombra de un auténtico amargado a cuyas desgracias, en una extraña y espectacular incorporación al relato épico, se añade su huida ante miles de fantasmas de soldados perecidos por sus caprichos bélicos. Sinón, que se eleva desde el Hades a través de la tierra negra, le echa en cara que le mintió hasta el final, que solo supo la verdad cuando se la contaron los muertos… 

Por supuesto que, con este planteamiento, lo fantástico aparece como ridículo: Polifemo es un niño gigante deforme que vive incomprensiblemente en una cueva haciendo queso con sus diminutas ovejas, los lestrigones unos robots replicados, Circe una feminista radical que transforma a los hombres en lo que son: cerdos, Calipso una bella mujer madura que vive en una playa desierta y que mantiene a Ulises con ella varios años mediante la sumisión química a base de flor de loto, a las sirenas se las ve a varios kilómetros de distancia y no se las escucha sino que se oye el silencio de los que se han tapado los oídos: el canto de las sirenas es la voz de la conciencia moderna del protagonista, le dice todo lo que debería haber hecho, las promesas que no ha cumplido. 

Este Odiseo queda tan insensibilizado por lo que ha vivido que, en uno de los innumerables clímax que recorren las casi tres horas de película, ni siquiera se conmueve cuando ve a su hijo por primera vez, ya hecho un hombre, momentos antes de tener que salvarle la vida.

Esta versión cinematográfica de la historia homérica presenta a un Odiseo atrapado en el mundo antiguo como un hombre actual en el infierno de lo pretérito. La película demuestra que podemos crear un espectáculo apabullante de nuestra impotencia para entender el pasado, es decir, para entendernos a nosotros mismos.

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