No estás roto, te estás transformando: Lo que nadie te explicó sobre tu cansancio

Por Nuria Crespo y José Antonio Santocildes

Nuria Crespo
José Antonio Santocildes
28/12/2025
 Actualizado a 28/12/2025
Lo mejor está por llegar.
Lo mejor está por llegar.

Hay momentos en la vida donde solo reina el silencio, un silencio capaz de envolverte por completo. Por dentro y por fuera. Un silencio que no habla de una ausencia de ruido, sino de que el alma está exhausta. Hay momentos en los que el mundo parece seguir girando, pero tú has dejado de sentirlo, sumergiéndote en una quietud que no comprendes ni tampoco te gusta. Pero aquí sigues, sosteniéndote como puedes, respirando a ratos, sobreviviendo más que viviendo. Hay momentos en los que los sueños pesan, lo que creías cierto se diluye irremediablemente y las fuerzas parecen haberte abandonado para siempre. Pero aun así... aquí sigues.

Aquí sigues respirando, aunque duela. Sintiendo tu corazón aunque palpite muy despacio. Aquí sigues, avanzando, aunque cada paso duela más de lo que te gustaría admitir. Pero eso, querido amigo, eso dice mucho de ti. Eso es valentía.

Quizá no lo sientas de este modo, especialmente si tu tormenta personal está en su punto más álgido. Quizá cuando te miras solo veas cansancio, dudas, grietas y heridas. Quizá la esperanza se haya esfumado de tu vida. Pero si buscas dentro de ti, verás que hay algo que no se ha apagado, que no te ha abandonado y nunca lo hará. Es esa energía silenciosa que no hace ruido. Esa energía que siempre permanece. Es una fuerza que aparece incluso si te has roto en mil pedazos, incluso cuando no entiendes cómo y cuándo tu vida se puso del revés. Es una voz suave y cálida que no te empuja, pero sí insiste, como si fuera un susurro constante: «Sigue, sigue adelante, lo mejor está por llegar».

Esa voz no te engaña, porque lo mejor de tu vida no se perdió para siempre. Lo mejor aún no pasó. Lo mejor aún no ha llegado; está viniendo hacia ti, aunque todavía no puedas verlo. Sé que has atravesado noches gélidas, oscuras y eternas. Noches agónicas con pensamientos que te aplastan por completo. Noches cargadas de lágrimas que no siempre son visibles, de silencios que pesan más que la vida misma. Sé que has tenido que soltar personas, situaciones y versiones de ti que creías ciertas. Sé que has vivido cambios que no pediste y que has tenido que hacer frente a despedidas que dejaron cicatriz. Pero sí, aquí sigues caminando, muchas veces sin saber cómo, muchas veces con el corazón hecho pedazos y cansado, muy cansado. Pero también con una fuerza renovada, que puede que aún no hayas encontrado, nacida precisamente de todo lo que te ha marcado.

Por eso, este final de año no es una meta, sino un momento para detenerte, para mirarte de nuevo, para valorarte con más honestidad, con menos juicio. Es un momento para reconocer todo lo que has sostenido en silencio, todo lo que has sentido y también lo que has conseguido, aunque ahora te parezca pequeño. Un momento para disfrutar de todo lo que has superado sin aplausos, sin que nadie lo sepa. Porque no necesitas cerrar ciclos de manera perfecta ni tampoco tener todas las respuestas claras. A veces, lo que importa es llegar. A veces, con eso es suficiente. En ocasiones, lo único necesario es regresar a ti, a tu centro, a esa parte tuya que sabe quién eres realmente, incluso cuando las dudas te dejan sin aliento.

Sigue caminando, poco a poco, paso a paso, aunque sean cortos y temblorosos, porque a veces esos son los más importantes. Puede que sean ellos los que te lleven a reconocerte de nuevo para volver a saborear el deleite de la calma. Camina sin prisa, sin exigencias. Disfruta de cada tramo del camino y de todos los momentos que se te vayan presentando, incluso los más insignificantes. Deja que todo lo que vive dentro de ti vuelva a encenderse. Porque no estás roto, estás transformándote; continuamente, completamente. Ni tampoco estás perdido o incompleto, sino caminando hacia una versión de ti que todavía no conoces, pero que te espera, desde siempre. Una versión más honesta, más consciente, más alineada con lo que de verdad sientes. Sin artificios ni máscaras. Una versión que ya no se abandona colocándose en último lugar. Una versión que sabe decir «NO». Una que entiende que descansar también es avanzar. Una versión que no confunde amor con sacrificio, amor con dolor, amor sin amor. Esa versión se está construyendo ahora, justo en este momento, mientras lees estas palabras. Esa versión se está formando ahora, aun en mitad de la incertidumbre más siniestra.

No te rindas ahora, no le cierres la puerta a lo que aún puede florecer. No apagues tu esperanza. Aunque el presente tiemble entre tus dedos, aunque el miedo doblegue tus rodillas, aunque dudes de ti más de lo necesario, aunque no puedas imaginar un mañana luminoso y prometedor, no te rindas. Porque la vida sigue trabajando a tu favor tras bambalinas, aunque apenas puedas percibirlo. Sigue conspirando en silencio, preparando los bálsamos que aliviarán el escozor de tus heridas. Sigue tejiendo encuentros, oportunidades, momentos sencillos y hermosos que un día te harán sentir que todo mereció la pena. Y cuando esos momentos lleguen, porque llegarán, entenderás por qué todo fue como fue, por qué todo ocurrió como ocurrió y también los motivos que dieron lugar a esa cascada de acontecimientos que entonces no pudiste comprender. Y todo encajará, y entonces entenderás que nada fue en vano. Entonces entenderás que incluso el dolor tenía la cruel misión de mostrarte tu propia luz.

Respira, siente, cierra los ojos y vuelve a sentir. Permítete estar cansado, permítete dudar, permítete no saber. Permítete comenzar de nuevo las veces que sean necesarias y sigue adelante. Sigue a tu ritmo, sigue a tu manera, sigue tu camino con la certeza de que mereces una vida feliz, una vida en calma, una vida que no duela en todo momento.

Porque sí, puedes creerme, lo mejor está por llegar, aunque ahora no te lo parezca. Y está más cerca de lo que crees. ¡FELIZ 2026!

www.nuriacrespo.com

Lo más leído