Hay escritores que buscan sus historias lejos. Otros las encuentran en los lugares donde nacieron sus mayores. Christian Barrio Fernández pertenece a estos últimos. Su literatura nace de la memoria familiar, de las conversaciones con sus abuelos, de los pueblos de montaña y de una curiosidad que le lleva a investigar aquello que, con el paso del tiempo, corre el riesgo de desaparecer.
Comenzó a escribir en 2020, en plena pandemia. Dos años después llegó su primer libro dedicado a su abuelo José: El último guarda de Valborraz, vino después Manuela y el último Os Imaus do Cantón.
La intención inicial de Christian era escribir sobre La Baña y sobre la cultura de aquellos lugares que conocía desde niño. Le llamaban la atención las diferencias entre la vida de los pueblos y otros espacios vinculados a su familia, así como determinadas costumbres, el habla y la manera de entender la vida que todavía permanecía en la memoria de las generaciones mayores. Pero al comenzar a preguntar a su abuelo por su pasado apareció una historia que no podía dejar escapar. José Barrio había salido de La Baña muy joven para trabajar en la mina de wolframio de Casaio y además, Christian descubrió que había sido el último guarda de Valborraz. Aquello cambió el rumbo de aquel primer proyecto.
Ya no se trataba únicamente de escribir sobre un abuelo. Era también una oportunidad para rescatar una parte de la historia de Cabrera y conservarla por escrito antes de que el paso del tiempo la borrase.
Para Christian la memoria familiar merece ser conservada.
Sus libros no nacen únicamente de una inquietud histórica. Nacen también del afecto. El propio autor reconoce que desde el principio tuvo claro que quería honrar a su abuelo y, a partir de él, indagar todo lo posible en su historia.
Esa relación entre abuelos y nietos ocupa un lugar especial en su manera de entender la literatura. No es casualidad que, al comenzar a investigar la historia de José Barrio, una de las primeras preguntas que le hiciera fuera cómo había sido su propio abuelo Fernando.
Es como si Christian quisiera establecer un diálogo entre generaciones: saber qué sintieron sus mayores por quienes les precedieron para entender mejor lo que él mismo siente por ellos.
Y ahí aparece una de las mayores riquezas de su obra: convertir una historia aparentemente pequeña y familiar en una historia que puede reconocerse como colectiva.
Porque detrás de un abuelo está una generación. Detrás de una familia, un pueblo. Y detrás de un pueblo, toda una forma de vida.
Cabrera: un paraíso
Cuando se le pregunta por Cabrera, Christian no duda: la considera un lugar maravilloso, rico desde el punto de vista natural y cultural. Pero esa admiración convive con una preocupación evidente por el futuro de la comarca.
Para él, Cabrera posee recursos extraordinarios: sus montes, sus ríos, sus pueblos, sus gentes y su patrimonio. El problema está en que muchos de esos recursos no están suficientemente aprovechados y, sobre todo, en que faltan medios para conseguir que la población permanezca o regrese.
En su opinión, el reto del medio rural no consiste únicamente en facilitar que quienes viven en los pueblos puedan desplazarse fuera de ellos. También habría que crear las condiciones para que la gente pueda vivir, trabajar y desarrollar su proyecto de vida dentro del propio territorio.
Christian pone especial énfasis en el patrimonio arquitectónico y humano. Pueblos como Nogar representan, a su juicio, auténticas obras de arte rurales que han ido perdiendo población y, con ella, parte de su conservación.
La despoblación no es para él un fenómeno exclusivo de Cabrera, sino el reflejo de un problema más amplio de la España rural. Pero advierte de que el futuro dependerá de las decisiones que se tomen ahora.
Todo a una, un peligro
Christian considera que la dependencia excesiva de una única actividad económica puede convertirse en un problema a largo plazo. La industria pizarrera proporciona empleo, pero también puede generar una dependencia difícil de romper cuando se convierte prácticamente en la única alternativa laboral para una parte importante de la población. Su preocupación no se limita a la economía. También habla del paisaje, los ríos, la pesca y el patrimonio natural.
La cuestión, sostiene, no debería plantearse como una oposición entre progreso y conservación. El verdadero desafío estaría en encontrar un equilibrio que permita mantener actividad económica sin hipotecar los recursos naturales que podrían constituir otra de las grandes riquezas de Cabrera.
En este sentido, el futuro que imagina pasa por diversificar: industria, turismo, naturaleza, cultura, patrimonio y nuevas oportunidades para quienes quieran instalarse en el medio rural.
El encuentro con Christian se produce en la Feria del Libro de Truchas, un acontecimiento que ambos consideramos mucho más que una cita literaria. Para él, la feria es un reflejo del potencial cultural de Cabrera. Le sorprende que un núcleo pequeño sea capaz de reunir durante varios años a escritores y lectores y convertir el libro en punto de encuentro.
En una época en la que muchas ferias están dominadas por grandes editoriales o por estructuras comerciales, Christian aprecia que en Truchas el protagonista sea la persona que ha escrito el libro. Cada autor llega con su historia, sus investigaciones y sus experiencias. Y eso encaja perfectamente con su propia manera de entender la literatura.
Christian trabaja actualmente como periodista y continúa desarrollando su faceta de historiador. El periodismo le apasiona, pero reconoce una debilidad: sigue necesitando el papel.
Aunque trabaja en un medio digital, reivindica la experiencia física del periódico y del libro. Hay algo que, para él, no puede sustituirse por una pantalla: tocar las páginas, volver atrás, conservar un ejemplar.
Es una filosofía coherente con su carácter: investigar por su cuenta, escribir por pasión y decidir qué historias quiere contar.
La memoria de un pueblo
Su último trabajo vuelve a mirar hacia sus raíces familiares, aunque esta vez por la rama materna. El libro se adentra en la historia de San Vicente de Leira y utiliza una historia familiar como puerta de entrada para reconstruir la evolución del pueblo y de sus habitantes.
Christian Barrio encontró en la historia de su familia un episodio relacionado con la Guerra Civil y, a partir de él, comenzó a investigar el pasado del pueblo, retrocediendo en el tiempo hasta épocas medievales. El resultado busca explicar cómo nació aquella comunidad, cómo vivió durante generaciones y cómo un territorio aislado pudo conservar durante siglos unas formas de vida prácticamente congeladas en el tiempo.
El propio autor define su propósito como «una forma de recoger la historia antropológica y social de estos lugares. Christian Barrio no escribe únicamente sobre personas. Escribe sobre la huella que dejan las personas en los lugares».
Su trayectoria literaria apenas está comenzando, pero el camino parece claro. Quiere continuar escribiendo sobre Cabrera, sobre La Baña, sobre Casaio y sobre sus orígenes, aunque reconoce que, después de haber cerrado el círculo de la familia, se abrirán nuevas posibilidades, que aún no se atreve a decir qué caminos van a tomar.
Porque, en el fondo, toda su obra parece partir de una misma convicción: que las grandes historias no siempre están en los grandes acontecimientos.
Quizá la verdadera razón de sus libros sea: darle una segunda vida a aquello que el tiempo se empeña en convertir en recuerdo.
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