Lleva por gentilicio el leonés, aunque podría apostillarse de cualquier otra parte, pues la precariedad no entiende de fronteras. Menos aún cuando atañe a quien ejerce algún oficio dentro del mundillo ecléctico del arte. «A pesar de que hay una oferta cultural magnífica y un apoyo brutal del público, vemos que hay una especie de fragmentación en el espacio cultural y artístico de León», explica el abulense afincado en la capital provincial Andrés Sánchez, «musicoterapeuta, agitador cultural y acelerador de partículas culturales»: «Hay muchos grupúsculos separados que no toman contacto entre ellos y con poca fuerza común a la hora de presentarse a las administraciones y de pedir derechos».
Esa observación, compartida por Sánchez y Tímea Nagy ‘Timi’, natural de Budapest y residente en León que regenta la tienda Sabática Store y se define como «generadora de estados de ánimo», fue el caldo de cultivo para congregar a artistas y artesanos de la zona en lo que han terminado denominando Sindicato del Arte Leonés (o Sindicatu del Arte Llionés, para más señas). «Mañana podría llamarse Sindicato del Arte Zamorano, Asturiano o Lucense porque si hay algo que nos atraviesa en el mundo del arte y la cultura en España es la precariedad», considera el impulsor, que ha vivido inmiscuido en el ámbito cultural de varias ciudades: «La precariedad de tener que empezar con menos 300 euros cada mes porque no hay facilidades para las personas que no pueden disponer de un trabajo diario o que tienen que preparar su trabajo durante un tiempo para luego exponerlo, actuar o vender el producto».
¿De qué va esto?
La dificultad para acceder a espacios de ensayo, «la costumbre de muchos locales de hostelería de ofrecer 30 euros y todo lo que quieras beber para pinchar cuatro horas» o las tarifas que impiden a quienes las reciben «defender la dignidad o el trabajo hecho durante meses» son algunas de las ideas a las que sacan lustre las personas involucradas en este grupo neonato. «Muchas veces te invitan a participar en ferias y tienes que pagar tú el puesto», apunta Sánchez, haciendo además referencia a la dificultad de muchos de los pequeños artesanos locales para acceder a iniciativas multitudinarias como el mercadillo de Navidad. «La creación de este sindicato es una especie de llamada a la fuerza común para que esas instituciones nos atiendan», continúa, aludiendo también a la sobrecarga de trámites burocráticos: «La idea es que pueda haber una voz multidisciplinar; que se convierta en un interlocutor para que, cuando las instituciones lo necesiten, puedan tomar partido por los artistas de aquí, de León».

Bajo esa premisa nace el Sindicato del Arte Leonés, que se apoya en «tres pilares fundamentales: comunidad, dignidad y espacios». Todo para potenciar una oferta cultural que –dice Sánchez– «es maravillosa», pero que «muchas veces se sostiene por los espacios privados». «No voy a decir lo contrario porque sería mentir: desde el Ayuntamiento hay un gran apoyo a un montón de iniciativas, pero normalmente ese apoyo no es tan democrático como nos gustaría», opina: «Es muy duro conseguir una subvención y, cuando ya llevas diez años con un festival, igual es hora de dársela a personas que no tienen esa estructura montada». En sus palabras, «el pastel de determinadas disciplinas se lo quedan los festivales que llegan primero».
¿Sindicalistas del arte?
Sánchez pone un ejemplo: «¿Cómo puede una chavalina de 22 años que no tiene contacto con ninguno de los grandes agentes culturales de León desarrollar una idea?». Este sindicato quiere, precisamente, dar una respuesta a esa pregunta. También a otras. «Cuando hablamos de democratización, nos referimos a de qué manera los presupuestos de cultura se pueden ir abriendo al público, de qué manera puede haber convocatorias más directas para espacios culturales o para artistas de todas las edades para llevar a cabo sus propuestas», enumera: «De qué manera puede haber una especie de puerta abierta o buzón dentro del Ayuntamiento o la Diputación para poder recibir propuestas y una financiación».
No pretenden los miembros de este recién estrenado grupo «apuntar a lo malo», sino «exigir máximos»; los que merecen sus profesionales. «En la pandemia resonó mucho la importancia de la cultura, pero hay que poner un poco en el centro a quien hace la cultura», refleja el impulsor: «‘Cómo busco los bolos’, o ‘es que no he conseguido que me paguen’, o ‘me han pagado menos’, o ‘he aceptado este trabajo por una mierda’, o ‘trabajo gratis’ son situaciones que se repiten mucho en cultura y que no deberían repetirse». Y es que, además de «dar valor a la cultura leonesa», el Sindicato de Arte Leonés busca concienciar a quienes trabajan por ella: «Si nosotros como artistas no nos respetamos, nadie nos va a respetar».
¿Y ahora qué?
Tras un par de primeros encuentros -el próximo será este domingo, a las 18:00 horas, en Bambara Zinema-, lo que tienen Sánchez y sus compañeros ahora por delante es terminar de dar forma a un proyecto que «está un poco en el aire». «La idea es tener reuniones mensuales para ir trabajando en cosas concretas como la creación de una entidad legal y empezar a pensar en eventos conjuntos», relata: «Hay cierto entusiasmo e ilusión, que yo creo que responde a esa unión y ese intento de comunidad, de vertebrar algo».
Cuenta el abulense que iniciativas como esta ya se habían intentado poner en marcha en el pasado en vista de las necesidad de un sector eminentemente precario. Lo que ha cambiado ahora es el «entusiasmo» al que alude: cuando Sánchez y Timi hicieron el llamamiento, más de un centenar de personas respondieron. Todo al calor de un mismo objetivo: dignificar el oficio, porque no se vive por amor al arte. Todo sujeto sobre una misma base; la que reitera uno de sus impulsores: «Esto no nace ‘en contra de’, sino que nace ‘a favor de’». A favor de la cultura, del arte y de quienes los practican.