El Museo de los Caminos del Palacio de Gaudí de Astorga dedica la 'Pieza del mes' de octubre a la cerámica, una propuesta que pone el foco en la relación del arquitecto con los materiales y, especialmente, en su colaboración con los alfareros de Jiménez de Jamuz, localidad con una tradición secular vinculada al trabajo del barro.
La selección reúne un molde de finales del siglo XIX, realizado en madera y latón y diseñado por Antonio Gaudí y Cornet, y un ladrillo decorativo de la misma época, elaborado en arcilla cocida y vidriada por los alfares de Jiménez de Jamuz. Ambas piezas, conservadas en el Museo de los Caminos, permiten acercarse al proceso de creación y elaboración de los elementos cerámicos que forman parte de la ornamentación del Palacio Episcopal de Astorga.
La relación de Gaudí con los materiales estuvo estrechamente vinculada desde sus comienzos al conocimiento de los oficios artesanales. Su arquitectura se desarrolló en contacto directo con el trabajo manual, la precisión de los artesanos y la transmisión de los conocimientos tradicionales. Esta concepción le llevó a integrar función y decoración y a incorporar diferentes manifestaciones artísticas en sus proyectos.
En el Palacio de Astorga, Gaudí contó con los alfareros de Jiménez de Jamuz para convertir la tradición local del trabajo con el barro en parte de la ornamentación del edificio. El arquitecto diseñó moldes de madera forrados de latón y de forma trebolada, destinados a que los artesanos pudieran elaborar las piezas decorativas que dejarían su huella en el edificio.
El molde y el ladrillo decorativo que protagonizan la 'Pieza del mes' son un ejemplo de esta colaboración entre el arquitecto y los alfareros leoneses. El molde representa el diseño concebido por Gaudí, mientras que la pieza cerámica permite observar el resultado del trabajo desarrollado a partir de los métodos tradicionales de elaboración y decoración propios de Jiménez de Jamuz.
Una vez moldeada la arcilla, las piezas se decoraban con una lechada de barro blanco y se pintaban con pluma de gallina, utilizando una variedad de símbolos propios de la tradición alfarera local, entre ellos ramas, peines y hojas. Para conseguir el acabado brillante, se bañaban en una disolución de sulfuro de plomo y se sometían a altas temperaturas en el horno. En otros espacios, los acabados eran más sencillos y las piezas de barro únicamente eran cocidas.
La propuesta pone así de manifiesto la capacidad de Gaudí para incorporar a su arquitectura los conocimientos y técnicas de los artesanos, respetando sus métodos tradicionales y otorgándoles un papel protagonista en la configuración estética del edificio. El resultado es una colaboración singular entre el diseño del arquitecto y la tradición alfarera de Jiménez de Jamuz, que permitió integrar la artesanía local en el Palacio de Astorga, señalan fuente del centro.
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