Es fácil reconocer la Escuela de Arte y Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de León. Los vestigios de unas bombas de pintura detonadas en su fachada principal advierten al viandante de lo que podrá esconderse en su interior: la cantera de creadores que hará del arte su profesión. Es el caso de Alejandro Ogueta Romero, Vero Krahmer y Alejandra Gutiérrez. Cada uno con sus técnicas, estilos e intereses, pero todos ellos con el denominador común que es el lugar donde dan rienda a su creatividad.
Este viernes, los tres estuvieron presentes en la sala de exposiciones del enclave de la capital provincial, que abrió sus puertas a la inauguración de la muestra ‘Miscelánea II’, una exposición colectiva que el centro realiza por segundo año consecutivo para mostrar las obras y proyectos del alumnado de de los Ciclos Formativos de Vidriera Artística, Arte Textil, Grabado y Técnicas de Estampación y de los Ciclos Formativos de grado medio de Pintura sobre Vidrio y Serigrafía Artística y del Grado de Enseñanzas Artísticas Superiores de Conservación y Restauración de Bienes Culturales y Pintura. Obras, muchas de ellas, que serán punto y final para este periódico durante el mes de julio convirtiéndose en la contraportada de La Nueva Crónica hasta el día 31.
Las docentes Rebeca González Puente y Cristina Fernández Álvarez, de los ciclos de Vidriera Artística y Pintura sobre Vidrio, acompañaron al alumnado durante la inauguración, que sirvió como pretexto para charlar sobre el vidrio como herramienta artística. «En primero del superior (de Vidriera Artística) empiezan con la técnica Tiffany para conocer cómo se trabaja el vidrio, cómo se comporta al cortarlo y demás», explicaron sobre una expresión que parece estar cada día más en boga. «Es un material que tiene su misterio: es muy versátil y permite generar desde lo más clásico hasta obras mucho más contemporáneas», consideraron: «La verdad es que el vidrio engancha».

No sólo de iglesias vive el arte vitral. Las piezas expuestas en la Escuela de Arte hasta el próximo 15 de septiembre son buen ejemplo. Algunas de ellas, aderezadas con su propia caja de luz; otras, más tradicionales, posicionadas en el lugar privilegiado que es la ventana para pintar con la luz. «El problema de la vidriera es que es un artículo de lujo y no todo el mundo se puede permitir tener una en casa», señalaron las docentes: «Entonces, muchas veces en los talleres, en lugar de realizar vidriera contemporánea, restauran patrimonio, que también es una salida profesional».
Algunas piezas expuestas
Para alumbrar su obra, Alejandra Gutiérrez necesitó más de un mes. Emulando un panel de abejas del todo luminoso, la alumna echó mano de la técnica Tiffany con diferentes tipos de vidrio para fraguar una de las piezas que ahora cuelgan de la sala de exposiciones del centro.
También en primero de Vidriera Artística, su compañera Verónica Krahmer trabajó con arenado para obtener como resultado una pieza a base de vidrios translúcidos y trasnparentes. «Me inspiré en dos obras de un artista austriaco que me gusta mucho, Friedensreich Hundertwasser», relató: «Era un desafío grande porque usa mucho color y sus edificios tienen muchas cúpulas doradas, así que se me autorizó usar colores de cementación al fuego».
Otro tipo de práctica es la ejercida por el alumno Alejandro Ogueta, que dedica su tiempo al arte textil. Un tapiz conseguido con la técnica de telar de alto lizo y otros materiales alternativos, como el vello sintético, la escayola y el esparto, reflexionan desde la paredes sobre «los tiempos rápidos en los que vivimos». Un tapiz que el estudiante, que dejó el grado de Arquitectura en Valladolid para parar en la Escuela de Arte de León, tardó en elaborar unos cuatro meses.
Otra de sus obras es una pieza sinuosa que se presenta escultórica en mitad de la sala y da cuenta del vasto aprendizaje adquirido por el pupilo en el centro. Fuera de la exposición, llama también la atención una especie de «camisa de fuerza» realizada por el alumno, que intentaba con ella conseguir la «representación de la ansiedad»; una pieza que forma parte del vestuario de una puesta en escena de sus compañeros de Artes Escénicas.
Alejandro está a punto de terminar el ciclo; sólo le queda por delante el proyecto final. Él, como las alumnas del Ciclo Formativo de Vidriera Artística, único ofrecido en España por un centro público, no tiene la certeza de lo que le deparará el futuro. Aun así, sus intenciones no pueden ser más claras: «Seguir creando».