Mirando al cielo: Eclipses

Hablamos del fenómeno astronómico en el que, temporalmente, dejamos de ver el cuerpo celeste en cuestión, debido a la alineación de nuestra estrella y de nuestro satélite desde la posición del observador

29/07/2026
 Actualizado a 29/07/2026
Eclipses de Sol | OAN / IGN
Eclipses de Sol | OAN / IGN

Cuando hablamos de un eclipse, sea de Sol o de Luna, nos referimos a un fenómeno astronómico –que es, amable lector, francamente vistoso– en el que, temporalmente, dejamos de ver el cuerpo celeste en cuestión, debido a la alineación de nuestra estrella y de nuestro satélite desde la posición del observador. Si esa alineación es perfecta, el eclipse será total –o anular de Sol; luego veremos por qué–; y, si no, parcial.

Por tanto, necesariamente tiene que haber, o bien Luna nueva (la Luna se interpone entre el Sol y nosotros, y por eso no la vemos, porque el Sol ilumina la cara oculta del satélite mientras que la cara visible permanece a oscuras), o bien Luna llena (es la Tierra la que se sitúa entre el Sol y la Luna, y por eso vemos el satélite iluminado por completo) para que se produzca un eclipse, que será de Sol en el primer caso, y de Luna en el segundo. Pero, además, como la órbita de la Luna alrededor de la Tierra está inclinada aproximadamente con respecto a la de nuestro planeta en torno al Sol –esta última define el ‘plano de la eclíptica’–, no se producen eclipses todos los meses, sino solamente cuando el satélite se encuentra en las inmediaciones de uno de los dos ‘nodos’ lunares –puntos de intersección de la órbita lunar con el plano de la eclíptica–, pues solamente ahí pueden estar alineados los cuerpos celestes con respecto a nosotros.

Eclipse de Luna. | OAN / IGN
Eclipse de Luna. | OAN / IGN

Por otra parte, el Sol tiene un diámetro unas 400 veces mayor que el diámetro de la Luna, pero también esta unas 400 veces más lejos de nosotros; y, por eso, vemos a ambos con un diámetro aparente similar, de aproximadamente 0.5º. Pero como las órbitas son elípticas y no circulares, el Sol y la Luna están en unas ocasiones un poco más cerca de nosotros y, en otras, un poco más lejos; y se ven un poco más grandes o un poco más pequeños. Por eso, si un eclipse de Sol coincide cuando la Luna se ve un poco más pequeña que el Sol y, por tanto, no llega a ‘taparlo’ por completo, se produce un eclipse anular, que permite ver un ‘anillo de fuego’.

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