Mirando al cielo: El cielo estrellado

Segunda entrega de una serie de artículos que tienen como protagonista al eclipse del 12 de agosto

08/07/2026
 Actualizado a 08/07/2026
Aspecto del cielo visto desde León, hacia las once de esta noche, mirando al norte. | STELLARIUM
Aspecto del cielo visto desde León, hacia las once de esta noche, mirando al norte. | STELLARIUM

Hoy es un buen día –por qué no– para, por la noche, en algún lugar en el que la contaminación lumínica no nos impida ver las estrellas, levantar la vista al cielo y dejarse cautivar… Es fascinante recorrer el firmamento, colmado de puntines luminosos –además de estrellas, podemos ver también planetas, satélites artificiales, meteoros (estrellas fugaces)…– que brillan con diferente intensidad. Y que, sin querer, nos invita a pensar en lo grande que es el universo… y eso que lo que estamos viendo no es más que una parte insignificante…

Las estrellas que vemos en el cielo las agrupamos en constelaciones –son, en total, ochenta y ocho, de las cuales desde nuestra tierra se pueden ver alrededor de setenta–, regiones en que se divide la esfera celeste y que identificamos por asterismos, figuras que parecen dibujar sus estrellas más brillantes al unirlas imaginariamente entre sí, como el carro –o cazo– de la Osa Mayor, la cometa del Boyero, la tetera de Sagitario, el Cisne –que es también la cruz del norte–, el Escorpión

Además, a las constelaciones les son inherentes leyendas mitológicas –generalmente varias– que, en nuestra cultura, hemos heredado en su mayoría de la antigua Grecia. Así, por ejemplo, la Osa Mayor no es sino la ninfa Calisto; el Boyero, el pastor que se ocupa de los siete bueyes con los que también se identifican las estrellas principales de la Osa Mayor; Sagitario, el centauro –mitad hombre, mitad caballo– Quirón, con su arco; el Cisne, Cicno, quien salvó la vida de su amigo Faetón arriesgando la suya; el Escorpión, aquel que, enviado por Gea, logró picar en el talón al arrogante cazador Orión…

No es difícil identificar las principales constelaciones. Sin ir más lejos, con alguna aplicación móvil –la oferta es muy amplia, y las hay gratuitas– basta con dirigir el teléfono al cielo para que nos diga qué es lo que estamos viendo… Pero merece la pena, familiarizarse con el firmamento; conocerlo, día a día, un poco mejor. Así –créeme, amable lector–, se disfruta de otra manera…

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