Fue el fuego el primer transmisor de noticias; se cuenta que los persas ya usaban señales ópticasY pasamos al telégrafo óptico, este sí que hubo que darle a la cabeza. Los elementos esenciales del telégrafo óptico son: el indicador mecánico de varias posiciones diferentes para exponer signos, letras, etc., de acuerdo con un determinado código, la torre de cierta elevación, sobre la cual se monta el indicador, y el anteojo para poder divisar a mayor distancia las señales. En 1790 Claude Chappé y sus hermanos habían concebido un sistema de señales ópticas que permitía, por medio del correspondiente código, transmitir signos alfabéticos y numéricos a distancia, lo cual permitía enviar verdaderos mensajes, compuestos por palabras y siguiendo un código convencional. Con esta línea, ese mismo año de 1792 se enviaron con éxito los primeros mensajes entre París y Lille. Los trabajos de Chappé le son recompensados en 1793 nombrándole Ingeniero Telegrafista, siendo el suyo el primer título mundial de ingeniero radiotelegrafista. El 19 de julio de 1794 la Convención (gobierno francés) recibe el primer telegrama de la historia, en cuyo texto se anunciaba la toma por parte del ejército republicano francés de la plaza fuerte de Condé-sur-l’Escaut, hasta entonces en poder de las fuerzas austriacas. El mensaje decía: «Condé de nuevo en nuestro poder: La guarnición enemiga se ha rendido esta mañana».
A España llegaron las primeras noticias del telégrafo óptico de Chappé a cargo de La Gaceta de Madrid, la cual en su número del 14 de octubre de 1794 publicó los resultados de las pruebas de Chappé. Igualmente, el 4 de noviembre se da cuenta de las pruebas realizadas por el equipo del profesor del Real Observatorio de Madrid, don Salvador Ximénez Colorado, en las que se corroboraron los excelentes resultados obtenidos con catalejos de lentes acromáticas. Con el heliógrafo se podían transmitir señales en código Morse (código ya usado en los telégrafos eléctricos, ya existentes), mediante el uso de la brillante luz del sol, y ello lo constituyó en un sencillo pero muy efectivo instrumento para comunicaciones ópticas instantáneas a largas distancias. El telégrafo eléctrico constituye una de las primeras aplicaciones industriales de la electricidad.
Con el descubrimiento de las pilas eléctricas y de los fenómenos electromagnéticos, el sistema de comunicaciones a distancia recibió un gran impulso. Se puede decir que el telégrafo eléctrico nació en la primera mitad del siglo XIX para poder transmitir noticias a mayor velocidad que la del ferrocarril (que comenzó a desarrollarse por entonces), y de hecho, tuvo su primera aplicación en las primeras líneas ferroviarias. En los diez años que median entre 1854 y 1863 quedó constituida la primera red de telegrafía eléctrica, sobre la base de una red de estructura radial que, partiendo de Madrid, enlazaba con todas las capitales de provincia y principales ciudades incluyendo a Baleares y Ceuta, pero dejando fuera a Canarias y a Melilla. Estas líneas principales estaban unidas entre sí por otra serie de líneas transversales… y así, en 1863 ya habían construidos 10.000 km de líneas. Al terminar el siglo XIX se había alcanzado la cifra de 32.494 km. Como en tantos logros conseguidos por la ciencia, una vez más se puso de manifiesto que los investigadores españoles han sido pioneros en muchos de dichos logros, y en las comunicaciones telegráficas a través del mar también hubo pioneros españoles. La primera referencia escrita que se conoce sobre cables submarinos para transmisión de señales telegráficas se debe al español Francisco Salvá y Campillo. El 16 de diciembre de 1795 Salvá, en la Memoria presentada en la Academia de Ciencias de Barcelona, resaltó las ventajas del telégrafo eléctrico sobre el óptico para comunicar a dos pueblos separados por el mar, y escribió: «En ninguna parte pueden establecerse mejor los telégrafos eléctricos. No es imposible construir o vestir las cuerdas de los 22 alambres de modo que queden impenetrables a la humedad del agua. Dejándolas bien hundir en el mar, tienen ya construido su lecho, y sería una casualidad bien rara que alguno llegase a encontrarlas y descomponerlas, en su consecuencia, conduciendo los cabos hasta los parajes o casas donde se establezcan las máquinas eléctricas y sus respectivos instrumentos, podrán comunicarse todas las noticias del mismo modo y con mayor prontitud que se hace por tierra con los repetidos telégrafos.Los ingleses Watson, Bewis y otros hicieron, en 1747, entrar parte del Támesis en la cadena por la que debía pasar la descarga de la botella de Leyden». En cuanto al alfabeto ideado por Morse, basado en combinaciones de puntos (dots) y rayas (dash) concretas para codificar cada carácter alfabético y numérico, Morse realizó un estudio largo, cuidado e inteligente de la lengua inglesa, a partir del cual dedujo cuáles eran las letras de uso más frecuente en este idioma, y asignó a éstas los códigos más breves, mientras que a las letras menos usadas asignó los códigos más largos. Este alfabeto, introducido en 1844, fue inmediatamente adoptado, al contrario de lo que había ocurrido con su equipo transmisor-receptor. Con su invento, Morse ganó una gran fortuna con la que compró una extensa propiedad, y en sus últimos años se dedicó a hacer obras filantrópicas, aportando sumas considerables a escuelas como Vassar College y la Universidad de Yale, además de otras asociaciones misioneras y de caridad. Y haría falta un gran telegrama mundial que pusiera… «nos falta más humanidad, y menos poder y dinero».