Mensaje al futuro

"Alguien duda de que el sexo con el que nacemos determina nuestras probabilidades de éxito?"

Sofía Morán de Paz
06/11/2016
 Actualizado a 12/09/2019
"Niñas, alegres, sin complejos, orgullosas de sus habilidades". | MIA THORN SO
"Niñas, alegres, sin complejos, orgullosas de sus habilidades". | MIA THORN SO
Mensaje al futuro, así se llama la nueva campaña que ha lanzado Pavofrío hace unas pocas semanas, presentada en el marco de la celebración del Día Internacional de la Niña (8 de Octubre), y centrada en la importancia de mantener la confianza y la seguridad de las mujeres españolas.

Según un estudio realizado por el Instituto Sondea para Campofrío, a partir de los 30 años las mujeres experimentamos un notable descenso en nuestra confianza. ¿Los motivos? La falta de reconocimiento laboral, las dificultades para conciliar nuestro trabajo con nuestra vida familiar y el estrés derivado de ello, son los factores que mayor impacto tienen en esa pérdida de seguridad.

El spot nos presenta los testimonios de varias niñas, alegres, libres de complejos, orgullosas de sus habilidades, sintiéndose únicas, y mostrando el patrimonio más importante que tienen como niñas, su espontaneidad y autenticidad.

Además del anuncio, que para promocionar Pavo bajo en grasa ya resulta muy inspirador, la campaña incluye la creación de una Aplicación gracias a la cual las madres que lo deseen, podrán grabar a sus hijas enviándose un mensaje a ellas mismas, a la mujer que serán en el futuro.

Todos estos mensajes serán almacenados como si de una cápsula del tiempo se tratara, hasta el 8 de Marzo de 2036 (Día de la mujer), año en el que se recuperarán sus grabaciones y esas mujeres podrán recordar sus testimonios como niñas, llenos de valentía, de ganas de luchar por sus sueños.

El estudio en el que se apoya esta campaña fija los 30 años como la edad en la que las mujeres experimentamos esa caída en picado de nuestra confianza, pero esto no es algo que llegue de la noche a la mañana, es más bien un proceso que suele comenzar en la pubertad, cuando nos acabamos contagiando de los estereotipos de género, cuando descubrimos lo que son los complejos, los prejuicios, los miedos…

¿Alguien duda de que el sexo con el que nacemos determina nuestras probabilidades de éxito? No importa lo claro que lo tengamos y lo mucho que nos esforcemos en conseguir la misma educación para nuestros hijos y nuestras hijas.

La sociedad está ahí, implacable, favoreciendo desde muy temprano las diferencias en juegos y juguetes, creando actividades y roles diferentes para niños y niñas. Por esto más adelante aun nos encontramos, por ejemplo, carreras universitarias ‘de chicas’, como Educación infantil o Enfermería, un par de ejemplos donde el número de mujeres matriculadas es escandalosamente superior al de hombres. Aun así, muchas de nosotras no percibimos la desigualdad hasta muchos años después, cuando te casas (o no) y aparece la sombra de la maternidad sobrevolando cada entrevista de trabajo. Porque resulta que para un hombre no supone ningún freno laboral tener un hijo, pero a nosotras, la maternidad nos brinda un invisible techo de cristal. Y eso de repartirse las labores del hogar… ¡eso, eso sí que es un mito! O qué me dicen del famoso: «¡Cuánto te ayuda tu marido!», que te espetan así, sin anestesia, cuando les ven a ellos haciendo la compra o paseando con los niños, y dan por sentado que estas son labores destinadas únicamente a las mujeres, a las madres.

Pero a pesar de todo esto, el mayor obstáculo que nos encontramos las mujeres hoy en día es con nuestras congéneres. Nos juzgamos unas a otras con una vehemencia despiadada. Por gordas, por flacas, por querer casarnos y también por querer seguir solteras, por trabajar 10 horas al día o por quedarnos en casa a criar a nuestros niños, por salir demasiado o hacer vida de convento…

Todo, todo es susceptible de ser criticado y analizado. Somos como la izquierda de este país, incapaces de entendernos y mucho menos de apoyarnos, porque siempre acabamos tirándonos los trastos a la cabeza…

Y con todo esto en la mochila, no es de extrañar que lleguemos a los 30 con la confianza ‘en reserva’.

Sofía Morán de Paz (@SofiaMP80) es licenciada en Psicología y madre en apuros
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