«Cuando mi padre ingresó en una residencia le dije: ‘te voy a hacer el primer tractor que tuviste, el Barreiros, para que lo tengas en la habitación’. La desgracia es que no pudo llegar a verlo, me dio mucha pena».
La frase, la anécdota triste, resume perfectamente la filosofía de vida de Tino Benavides y de su afición a hacer reproducciones a escala, de gran precisión y en acero inoxidable, de maquinaria agrícola, aquella que llevó el cambio, la mecanización y una nueva vida, al campo leonés y con él a su pueblo: Villoria de Órbigo.
Con aquel tractor quería que su padre tuviera allí, a la vista, aquel Barreiros cuya llegada a la familia fue un cambio fundamental. Pero también buceaba Tino en sus recuerdos, en aquellos primeros años ayudando en casa, trabajando en el campo, aquellas noches de regresar de la fiesta de algún pueblo y marchar al campo... «Era duro pero no lo recuerdas así, era aquella vida, y a mí el mundo de la maquinaria agrícola siempre me fascinó».
Y la vida le llevó a alejarse del campo... pero no del todo. «Trabajé unos cuantos años en un taller de maquinaria agrícola y mi gusto por ellas fue creciendo, estaba en mi salsa, pero lo de pensar en hacer esas piezas en acero no era más que un hobby».

Lo que ocurre es que el hobby fue ganando espacio, encontrando hueco en los días de Tino Benavides y comenzaron a nacer esas piezas de acero inoxidable ¿Porqué en este material y no otros mucho más habituales en este tipo de trabajos, como la madera, sobre todo?
- Me gusta mucho, ofrece un acabado muy atractivo, es resiente y, sobre todo, lo sé trabajar. Solo le encuentro un defecto».
- Nadie es perfecto.
- Ya. Te lo digo, que no se puede pintar y aunque, por ejemplo, el tractor de mi padre me gusta mucho cómo quedó, y funciona, resulta que no lo puedes pintar y un Barreiros, la famosa marca de origen gallego, sin su tradicional color naranja parece que le falta algo... Pero bueno, las que entran por las que salen.
De hecho, de alguna manera el origen de este reportaje estuvo en el comentario de una foto de la última página en el que se decía que era un Barreiros... y otro hombre de Villoria, Tomasín, «aclaró el entuerto en base a los colores del tractor, entre otros detalles no menores».
De hecho, seguir una conversación entre los dos, Tino y Tomás, mientras observan los aparatos es recrear viejos tiempos de cosecha, remolacha, riego y madrugones a orillas del Órbigo, de los avances de cada época. «El tractor fue muy importante, cómo no, pero no eches en saco roto los sudores que evitó este que tiene aquí, la descoronadora de remolacha» y mientras él lo recuerda Benavides la coge en sus manos, mueve las ‘roscas’ y va explicando cómo funciona el aparato a escala, cómo descorona la remolacha, que también sirve para las patatas. «No te imaginas el trabajo que le quitaban a aquellos paisanos».

Y van desfilando por sus manos, demostrando su funcionamiento, admirando la precisión y el acabado, los citados tractor y descoronadora, pero también el carro basculante mecánico de un eje, el cultivador de caballo de un surco, la grada fija con tabla, el arrancador de patatas de dos surcos, los mismos que tenía la sembradora de patatas, el subsolador de cinco púas con rodillo o la vertedera fija de tres surcos... Cada una de ellas va acompañada de una historia, de un recuerdo, un accidente, una anécdota, de una vida, ésa para la que sigue mirando Agustín Benavides, con cierta añoranza que ahora ha convertido en obras de elevada artesanía en acero inoxidable.
- ¿Cuánto tiempo puedes emplear en cada una de las piezas?
- No te lo sabría decir pues como se trata de un hobby le dedico lo que puedo, en tiempo libre, cuando me veo con ganas... con algunas de estas máquinas he estado cinco o seis meses, en otras algo menos.
- ¿Y cómo eliges las máquinas que vas a reproducir?
- Lo fundamental es que me digan algo a mi, que me sugieran o recuerden vivencias. Una esta clara, el primer tractor que tuvo mi padre; otras son algunas que yo veía cuando andaba por Villoria y estaban en alguna casa, en algún corral, de algún amigo...
Y ahí está una decena de ellas y para seguir creciendo pues Tino va cogiendo oficio, aunque también alguna queja. "La vista ya me avisa cuando me pongo a soldar, por ejemplo, piezas muy pequeñas".
- ¿Y exponerlas?
- Pues, la verdad, solo me lo han propuesto en las fiestas de Villoria y las expusimos, pasó mucha gente y gustaron mucho;pero claro, allí jugaba en casa. A ver, si alguien quiere verlas.