Mechas, masaje y terapia: ahí está el nuevo viernes perfecto

El pasado fin de semana se celebró el Día Mundial de la Salud Mental, un día marcado en el calendario para dar visibilidad y generar conciencia en esta sociedad que ya no sabe ni donde mirar

18/10/2026
 Actualizado a 18/10/2026
Miles y miles de videos cortos, clips y 'stories' donde nos cuentan que han acudido a su sesión psicológica semanal.
Miles y miles de videos cortos, clips y 'stories' donde nos cuentan que han acudido a su sesión psicológica semanal.

El pasado fin de semana se celebró el Día Mundial de la Salud Mental, un día marcado en el calendario para dar visibilidad y generar conciencia (¿aún tenemos de eso?) en esta sociedad que ya no sabe ni donde mirar.

La misión, ya de por sí complicada, me lo pareció aún más este año, imposible ver más allá de este frenesí de inquilinas, acampadas multitudinarias y cuchilladas preelectorales. Aunque si lo piensan bien, esta actualidad política y social nuestra está impregnada de salud mental, o más bien, de la falta de ella, ustedes ya me entienden.

Las cosas han cambiado mucho, muchísimo. Las nuevas generaciones han conseguido sacudirse el estigma, el miedo y la vergüenza, normalizando el hecho de acudir a terapia. Términos como “depresión”, “ansiedad” o “trauma” han pasado a formar parte de nuestro vocabulario habitual. Y está bien, de verdad que está bien, porque romper el silencio era necesario. Sin embargo, esta popularización también encierra un peligro claro: acabar frivolizando con los trastornos mentales. Y ya estamos dentro.

Ahí están los influencers, creadores de contenido y tiktokers que nos hablan de belleza, bienestar, maternidad, viajes… y ahora también de salud mental. Sin miedo a nada. Empeñados ellos en mostrarnos las bondades de acudir a terapia “aunque no te pase nada”, porque te ayuda a salir de tu zona de confort y luego te sientes guay. Te lo meten con calzador como si fuera uno de esos “Packs de experiencias para dos”, junto con masaje corporal exfoliante y reparador.

Miles y miles de videos cortos, clips y stories donde nos cuentan que han acudido a su sesión psicológica semanal y “vaya maravilla chicos, salgo como nueva”. Y un poco de brillo y purpurina.

Pero joder, es que la salud mental no es esto. No es un plan súper molón, indispensable y de lo más cool que puedes intercalar entre un masaje y la visita a la peluquería para completar un viernes perfecto de autocuidado y bla bla bla.

Que como siempre, o nos quedamos cortos o nos pasamos de la raya.

Las enfermedades mentales son problemas serios, muchas veces incapacitantes y que generan mucho sufrimiento en muchos hogares.   

Y es que la confusión con todo esto es importante. Estar triste no es estar deprimido. Sentirse agobiado o nervioso por alguna circunstancia no implica tener ansiedad. El trastorno obsesivo compulsivo no es una simple manía por el orden, ni el trastorno bipolar consiste simplemente en cambiar de humor.

Háganme caso, tenemos que levantar la mirada de la pantalla, del escaparate de vidas perfectas y gente guapa, del postureo, del filtro y la mentira. Los mayores consumidores de las redes sociales son los adolescentes y los más jóvenes, quienes se comparan constantemente y acaban por confundir ese postureo con la puta vida real.

Así que dejemos las cosas claras: la tristeza, el miedo, la incertidumbre o la rabia son emociones básicas normales que debemos experimentar en muchos momentos de la vida y que están ahí por una razón.

Lo de interpretar cualquier malestar, duelo o periodo gris como una enfermedad mental es un mal de nuestro tiempo. Será que preferimos vivir anestesiados y por eso tiramos de fármaco a la mínima oportunidad, ignorando completamente nuestra capacidad para lidiar con el sufrimiento. Que la tenemos y es enorme, afortunadamente.

Y no me entiendan mal, que no se trata de ir flagelándonos por la vida. Pero resulta fundamental aceptar que a veces es saludable sentirnos mal como respuesta a las circunstancias que vivimos, y que la tristeza o el miedo son emociones que nos van a ayudar a crecer y a desarrollar habilidades y fortalezas para seguir adelante. Digan lo que digan las redes sociales.

Sofía Morán de Paz-Leiguarda (@SofiaMdePaz) es licenciada en Psicología Clínica y Madre en Apuros.
 

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