María Giménez: "Donde haya oscuridad, yo busco dar luz con Elizabeth"

La actriz y productora dramática regresa a León para presentar su obra sobre la artista Elizabeth Siddal, por primera vez, en el Teatro San Francisco bajo la dirección de Paco Montes

14/03/2024
 Actualizado a 14/03/2024
María Giménez estrenó la obra ‘Elizabeth Siddal’ en el Teatro el Albéitar cinco años atrás; esta vez, regresa a León para actuar en San Francisco. | L.N.C.
María Giménez estrenó la obra ‘Elizabeth Siddal’ en el Teatro el Albéitar cinco años atrás; esta vez, regresa a León para actuar en San Francisco. | L.N.C.

«Sólo una cosa trémula queda de mí que jamás podrá ser algo», vaticinaba en tiempos decimonónicos la artista Elizabeth Siddal, que pasó a la historia más por su faceta de musa para los miembros de la Hermandad Prerrafaelita –entre los que se encontraba su marido, el pintor Dante Gabriel Rossetti–, que por su propia creación.

Los siglos posteriores dieron, en algún sentido, la razón a la londinense, que quedó enclaustrada entre las pinceladas de la ‘Ofelia’ de John Everett Millais, flotando a punto de hundirse en unas aguas de tinta que la mantuvieron suspendida, sin profundizar, hasta su aterrizaje en el conocimiento de la avilesina de origen y leonesa de corazón, María Giménez. «Visitadora médica, actriz y productora teatral» –«no tengo vida», quiere señalar entre paréntesis–, hace ya cinco años que estrenó su obra ‘Elizabeth Siddal’ en el Teatro el Albéitar; la segunda función producida por Giménez, con texto y dirección de Inés Piñole.

Esta vez, quien le acompaña entre bastidores es el director Paco Montes, que «ha conservado el texto de Inés», aportando un nuevo enfoque a la estética de la puesta en escena y haciendo de la protagonista una «Elizabeth nueva», como indica la intérprete, que también ha concedido su granito de arena al guion de la mano de los apuntes que la llevan acompañando desde el primer instante en que encarnó a la poetisa británica. «Hemos hecho una especie de reestructuración del texto y se ha ampliado la obra», cuenta rica en alborozo la avilesina de alma leonesa: «Hay risa, que antes había poca –ahora, también nos podemos reír–, y se entiende mucho mejor a la mujer artista; el espectador se va con una idea más clara de que ella también pintó, que también escribió poesía». En definitiva, una idea «más firme de lo que fue Elizabeth».

Es la primera vez que Giménez se sube a las tablas del Teatro San Francisco. También, la primera vez que interpreta a la Elizabeth de Montes en León. Los cambios acaecidos en este proceso de cinco años desde el estreno en la capital leonesa, con éxitos en escenarios de la talla del Teatro Lara de Madrid, igual que las modificaciones consecuentes del cambio en la dirección hacen que la actriz hable entusiasmada al otro lado del teléfono. Y es que, como ella misma señala, su obra con Montes «ha crecido mucho». Su acercamiento a un estudioso de la historia de Siddall, fruto del ímpetu de Giménez por investigar aquello que descubre, ha derivado en una obra de dimensiones y duración más amplias. «Es verdad que, desde el estreno, yo también he cambiado mucho», analiza: «Todos hemos cambiado mucho».

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Una escena de la función, emulando la ‘Ofelia’ de Everett Millais. | L.N.C.

A pesar de los cambios y del dinamismo que –dice– ha adquirido la puesta en escena, la intérprete sigue encontrando no pocos paralelismos con su propia vida y habla con la rapidez de una mente despierta de una historia atemporal. «Depende del momento que estés pasando por tu vida, te puedes sentir muy identificada, ya seas mujer u hombre», refleja solemne: «Hay mucha invisibilidad en el ser artista y Elizabeth habla de eso». Sus personalidades se confunden entre las palabras de Giménez, que presenta un pelo cobrizo, del tono de la vieja poetisa, no se sabe si por suerte o por prudencia. «Es como si no hubiéramos evolucionado», continúa: «Las actrices cumplimos una edad y ya no nos llaman tanto; quieren una mujer de 49 años que no tenga arrugas; quieren prototipos de mujeres que no existen y, por eso, la sociedad está como está». Confiesa que ese vaticinio que inicia este texto, esa propensión abocada a la invisibilidad, es lo que provocó su identificación inusitada con la londinense. «Porque esa mujer invisible somos todas las mujeres en algún momento de nuestra vida», añade.

Aun así, no quiere reducir a la etiqueta «feminista» la obra que el próximo viernes, 22 de marzo, sube a la escena de San Francisco desde las 20:30 horas y que, lejos de dejarla caer en el olvido, rotulan el nombre de Siddal en grande en unos carteles cuya protagonista se mimetiza hasta la médula, concediéndole toda la visibilidad. «Está claro que, quizás, nosotras nos podamos sentir más identificadas, porque las mujeres hemos sido las que han sostenido, las que han aguantado, las que han tenido que escribir con seudónimo, las grandes invisibles», aclara: Pero este no es un monólogo sólo de mujeres, es un monólogo de artistas». Y, profundizando como acostumbra, se esfuerza en apuntar: «Esta es una obra de cualquier persona que quiera visibilidad en la sociedad; donde haya oscuridad, yo quiero dar luz con Elizabeth».

Giménez contaba en su entrevista para La Nueva Crónica con motivo del estreno que sentía que la poetisa la había escogido a ella para esta representación. Cinco años después, sigue manteniendo la misma percepción. «Cuanto más investigo, más siento que ella está cerca de mí», relata sobre una «conexión» que define «bella»: «Ella me ha dado luz porque ha hecho que exista como actriz y siempre le estaré agradecida». Habla de ella como si estuviera viva y no esconde su intención: «De alguna manera, sigue existiendo». Y, si en algún espacio existe, es en su interpretación.

La conversación va llegando a su fin mientras Giménez enumera sus proyectos futuros. Explica que estará en mayo, de nuevo, en el Teatro Lara de la capital española para plantar en su escenario varias entregas de la puesta en escena. Explica, además, que una idea ha ido aflorando en su mente, sin ganas de desvelar demasiado. «Vamos a reírnos mucho y ya tengo más o menos pensado con quién quiero trabajar en la que sería mi tercera producción», confiesa: «Estoy escribiendo, pero no voy a decir más». De momento, invierte su tiempo en escudriñar la figura de Elizabeth Siddal. Lo hace sin otro propósito que descubrir a la artista detrás de la musa y, en ese intenso proceso, sin más ambición que –de paso– descubrirse a sí.

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