La violencia y todas sus caras son hilo conductor en la nueva dramaturgia del leonés Marcos Castro de la Puente. ‘Observación en Sol menor’ es el tercer trabajo de largo formato de un joven que ha trabajado de la mano de Asu Rivero, Daniel Alonso, Ramón Villa, Margarita Morais y Roberto Morón, entre otros, y que confiesa estar más acostumbrado a los monólogos.
Actor, dramaturgo, músico e ingeniero informático, Castro de la Puente descubrió su pasión por el teatro cuando era un niño. Ahora, pasados los años, no titubea al describir esa pulsión como su «vocación más pura». Ataviado con la citada pureza, ejerce el leonés como dramaturgo, actor y director de ‘Observación en Sol menor’; una obra de la que también forman parte la ayudante de dirección Rosa Beunza, la actriz y bailarina María Atiénzar, el músico Esteban Lavigne Huete y la diseñadora de vestuario Laura Montes García. Una obra que, además, será estrenada este viernes, a las 20:30 horas, en el teatro San Francisco de la capital provincial.
– ¿Cuándo empieza a fraguarse ‘Observación en Sol menor’?
– Esta obra nace alrededor de noviembre de 2024, cuando empiezo a escribirla. Nos está tocando vivir un tiempo de catástrofes naturales violentas que a mí me han marcado mucho. Por aquella época fue la dana de Valencia, pero este mismo verano nuestra tierra ha sido asolada por los incendios. Sentía que tenía que escribir algo que tenga que ver con toda esa violencia y cómo cala hasta lo más profundo de nosotros, hasta nuestros sueños. Lo quería hacer de una manera poética porque creo que es necesario: este mundo ya es muy violento y no creo que sea bueno replicar esa violencia en escena, sino trabajarla en la palabra, en el cuerpo y en la música para poder reflexionar y profundizar en un tema tan relevante como este. Desde el principio supe que iba a ser algo colectivo para que no quedase solo en mi visión; quería que fuese un trabajo que implicara a más personas y más disciplinas y que la música tuviera una presencia, que fuera un personaje más y tuviera una importancia activa dentro de la obra.
– ¿Quizá esta dramaturgia sea un intento por encontrar una explicación a esa violencia?
– No sé si encontrar una explicación o, más bien, hacerme consciente de qué implica, no sólo a nivel social, sino a nivel personal. Yo he sentido que, de alguna forma, en mi día a día, hay algo de toda esta violencia que nos envuelve y me preocupa. No pretendo ofrecer una respuesta que solucione el problema de la violencia porque me parece que no estaría siendo fiel a la realidad o sería demasiado pretencioso, pero sí que creo que se puede hacer una observación del tema, hablar de lo que hay que hacer para hacernos conscientes y buscar ese punto de vista. Hay una frase de la obra que dice: «Ojalá llegue un día en que sepamos cuándo decir ‘no es esto lo que quiero’ y sea verdad». No tengo una clave, no tengo una explicación clara, pero aun así creo que firmemente que es necesario que nos juntemos a observarlo, a pensarlo y a reflexionarlo para tomar un punto de vista crítico.

– ¿Qué papel juega el arte y, más en concreto, el teatro en esa reflexión?
– El teatro o el arte yo lo entiendo como un canal de comunicación potentísimo. Creo que las personas nos entendemos desde otros niveles gracias al arte; un nivel mucho más primario, más del instinto, del animal. Es como la poesía. Cuando lees poesía muchas veces no estás entendiendo del todo lo que estás leyendo, pero lo entiendes a otros niveles: lo entiende tu cuerpo, lo entiende algo que hay dentro de ti. Me parece que trabajar un tema tan crudo como es la violencia que nos envuelve a través de la poética y del arte es la mejor forma de no banalizarlo y de llegar a unas reflexiones a las que no se podría llegar en una simple conversación.
– Todas las personas involucradas en ‘Observación en Sol menor’ son menores de 30 años. ¿Esta constante que es la violencia afecta más a la juventud?
– Yo creo que nos afecta a todos. Nuestros ancianos también sufren otros tipos de violencia como la soledad. Pero sí considero que ahora mismo a la gente joven nos está tocando vivir un tiempo muy difícil: en todas las épocas han existido complicaciones y problemas que te ponen al límite como persona, pero ahora van a una velocidad multiplicada por tres porque el mundo va mucho más rápido y casi no te da tiempo a asimilar un conflicto, que ya estás envuelto en el siguiente. De hecho, hay una creciente de problemas relacionados con la salud mental. Esto no es normal y algo tenemos que hacer para cambiar y mejorar la sociedad. No quiero quedarme sólo en el pesimismo, sino analizar lo que hay, aceptarlo y afrontarlo para buscar cómo podemos dar un paso más adelante.
– ¿Por qué es importante que sean jóvenes quienes, subidos a un escenario, hablen de estos problemas?
– Porque nos toca vivir todas esas situaciones durante muchos años y tenemos que ser los primeros en concienciarnos. Si no desarrollamos una mirada crítica, una visión profunda sobre los temas sociales, algo estamos haciendo muy mal. Quizá es importante que estemos presentes para empezar a elaborar un discurso propio y para establecer lazos y puentes con todas las personas, con gente que tiene más experiencia que nosotros y de la que podamos aprender. ¿Cómo tendemos esos puentes? Haciendo este tipo de proyectos jóvenes que a otras personas, como observadores, les sirvan para dialogar. En el diálogo hay un entendimiento y un avance, entonces elaboremos nuestro discurso para que llegue a todas las personas y podamos establecer lazos de comunicación y entendimiento entre todas las generaciones.