– Te hacen un homenaje que imagino que te satisface doblemente, porque viene del mundo de la trashumancia y en Salamón, una tierra especial para ti.
–Es un homenaje que agradezco de corazón, pues la verdad es que no me lo esperaba. Tengo que agradecer a los organizadores del acto: Ernestine Lüdeke, presidenta de la Fundación Monte Mediterráneo, una alemana inteligente y tenaz, que se ha propuesto, y lo está consiguiendo, que la trashumancia siga en condiciones más humanas y con las técnicas del siglo XXI; y a la Junta Vecinal de Salamón, que preside Ángel Alonso, y todo su equipo de vecinos del pueblo, que han llevado a cabo la organización y la logística del acto. Además, que el acto se realice en la Ermita de Roblo, tiene una especial significación, pues mi mujer es de Las Salas y en este lugar se realiza la romería más importante de los pueblos de Salamón, Valbuena y Las Salas, y del resto de localidades del valle. Que no siendo natural del lugar, te reconozcan los méritos, tiene para mí una especial importancia y significación.
–¿Cómo te fue ganando el mundo del pastoreo, la trashumancia, los rebaños… hasta convertirte en un gran experto, autor de libros de referencia?
– Mi primer acercamiento al mundo de la trashumancia, fue el 1 de junio de 1987, en la estación de El Burgo Ranero, junto con un compañero de trabajo, pues estábamos realizando un estudio sobre los puertos de merinas y necesitábamos conocer de primera mano algo más del mundo de la trashumancia. Ese día llegaba en tren una expedición de tres rebaños de la Cabaña de Perales y a su cargo venía Argimiro Rodríguez, de Tejerina (con el que desde entonces me une una larga amistad), y sin más nos presentamos y le dijimos nuestra pretensión de hacer el viaje con ellos andando hasta los puertos de Lois. Todo fueron facilidades y así fue el primer acercamiento. Y hablando y conviviendo con ellos y viéndoles actuar en el manejo del ganado, pronto me di cuenta de que allí había un mundo muy profundo, una historia muy importante que había que desentrañar.
–Mundo que ya no abandonaste.
– Luego vendrían otros viajes con otros pastores trasterminantes de Babia y Luna, y entrevistas con muchos otros pastores, visitas a los puertos, cañadas, muchas bajadas a Extremadura, y unos temas te llevan a otros, y a conocer muchas personas implicadas (historiadores, ecólogos, investigadores, ganaderos, etc.). Y como consecuencia, surgen los artículos, los libros, conferencias, etc. Y poco a poco, con mucho trabajo y esfuerzo para ordenar todas las notas y las ideas va uno comprendiendo mejor este mundo y reflejándolo en los escritos. Y aunque la gente se cree que eres un experto, la verdad es que es una historia tan profunda y con tantos matices, que entre más conoces, más te queda por conocer.
–En los últimos tiempos parece que hay cierto motivo de esperanza, iniciativas como esta de Ovinnova y Monte Mediterráneo ¿Cómo ves el presente y el futuro de este sector que fue tan importante en este país y en esta provincia?
–Tengo que decir que Ernestine Lüdeke, con la Fundación Monte Mediterráneo que lidera el Grupo Operativo Ovinnova, está realizando un gran labor para introducir innovación y las nuevas tecnologías en el sector y acercar a los jóvenes a la trashumancia, a la vez que facilitando los arriendos en los puertos de León, Palencia y Burgos; este verano cerca de 15.000 ovejas trashumantes van a acceder a los puertos por su intervención. Además de implicarse en mejorar las condiciones de las casetas de los pastores para que tengan unas mínimas comodidades, mediante la energía solar. Son iniciativas importantes, pero la administración debe implicarse mucho más con programas bien estudiados y planificados, a medio y largo plazo. Hay motivos para la esperanza, pero hay que trabajar mucho para atraer a jóvenes pastores bien formados en las técnicas tradicionales y a la vez en las nuevas tecnologías, que van a permitir que sea una profesión menos esclava y con más tiempo libre.
–También la creación del Ecomuseo de la lana merina.
–Este Ecomuseo de la lana de Alión, en Salamón, fue una apuesta personal del Ángel Alonso, alcalde de Crémenes, y tuvo todo mi apoyo para que se orientara hacia la lana de merina, un producto que fue el ‘oro blanco’ de la montaña leonesa durante más de cinco siglos, y que dio riqueza y trabajo a estos pueblos, y que en el futuro, si somos capaces de mejorarla, puede dar una segunda oportunidad a los pueblos de la montaña.
– Mientras la merina leonesa llega a Australia y se convierte en un sector pujante, en España sigue el camino contrario, de decadencia ¿Qué hemos hecho mal?–Hemos hecho muchas cosas mal. Siempre hemos creído que lo de fuera era mejor que lo nuestro. Y eso ha pasado con la importación indiscriminada de muchas razas ovinas foráneas y cruces indiscriminados con nuestro merino que estuvo a punto de desaparecer, en los años sesenta del siglo pasado. En esos años, por la aparición en el mercado de las fibras sintéticas, se dejó de seleccionar para lana y se perdió gran parte de la finura atesorada durante siglos. Otros países del hemisferio sur (Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Argentina, Chile y Uruguay) han seguido apostando y seleccionando para la lana y hoy son un referente mundial. Mientras tanto, España, cuna del merino, sigue ignorando esta potencial riqueza.
–Dime algo que despierte cierta esperanza en el futuro.
– Siempre hay lugar para la esperanza y la alegría. Así Argimiro Rodríguez, de Tejerina, y otros socios familiares, que durante muchos años han trashumado a León y ahora mantienen una explosión de merinas estantes cerca de Villanueva de la Serena (Badajoz), decidieron dar un paso adelante con sus propios recursos, y han logrado importar de Australia semen y embriones congelados de ovejas de probada calidad para iniciar una mejora de la lana. Y en el mes de octubre pasado, ya han nacido en su finca de la “Fuente de los Romeros”, los primeros corderos australianos con unos resultados extraordinarios a los seis meses de edad, tanto en la finura y longitud de la lana como en las ganancias de peso y conformación para la producción de carne. Si lo hacemos bien, se abre un futuro esperanzador. Pero el Estado debe apoyar y potenciar estas iniciativas.
–Siempre has apostado por la creación de una Escuela de Pastores, ¿cómo está el tema?
– Hay algunas escuelas de pastores en el País Vasco, Pirineo Catalán, en los Picos de Europa (zona asturiana), e incluso en Andalucía que están funcionando bastante bien. Pero no en Castilla y León, donde no ha habido sensibilidad por este tema. Y es muy importante formar a gente joven con vocación en la cultura tradicional, manejo del ganado en los puertos, nutrición, ecología, genética, etc. Y también en las nuevas tecnologías que ayudan al manejo del ganado. La sabiduría empírica de nuestros viejos pastores debe trasmitirse a las nuevas generaciones antes de que éstos desaparezcan. La inversión en su formación es la mejor garantía para la conservación de la trashumancia y la conservación del medio ambiente.
–¿Qué destacarías de la personalidad de los pastores, de su mundo, sus ideas?
–Los pastores trashumantes atesoran una cultura impresionante y cuando hablas con ellos te sorprende la cantidad de conocimientos que tienen, pues en el mundo del pastoreo hay que conocer de muchas materias para que el ganado esté en buen estado y produzca. Esos conocimientos se adquirían por experiencia y se iban trasmitiendo de unos a otros, durante años, por eso el llegar a Rabadán o Mayoral, costaba casi una vida, pero era necesario ese largo aprendizaje. No había libros y todo se trasmitía de forma oral. Aún hoy muchos de sus conocimientos, no están en los libros de texto y los debemos aprender de ellos. Son por ello, en la mayoría de los casos, personas cultas que se expresan con mucha claridad. Debemos acercarnos a ellos, con mucha humildad y respeto, siempre dispuestos a escuchar. Al final, con muchos de ellos, he acabado teniendo un trato casi de familia.
–¿Te atreverías con uno de ellos, con una historia concreta?
–Hay algunos pastores que me han marcado como personas y como profesionales, como son Dionisio Rodríguez, de Tejerina, mayoral de la Cabaña de Perales durante más de 40 años , y su hijo Argimiro, que dirige actualmente el rebaño familiar, y que ha hecho posible la transición de conocimientos del mundo tradicional al actual. Con Dionisio tuve muchas charlas, que llenan muchos folios, y era un pozo de conocimientos y sabiduría del mundo tradicional. Su forma de hablar y expresarse, serían aptas para dar cualquier charla en una universidad. Su hijo Argimiro, ha hecho posible, que la sangre mejorada de las ovejas españolas, vuelva de nuevo a nuestro país después de más de 200 años de su salida de nuestros puertos. También José Álvarez Pozal, el mayoral de Torre de Babia, recientemente fallecido, con el que tuve numerosas charlas me ha dejado una huella especial.
– ¿Y de la experiencia en Australia?
–Por supuesto. Otra persona muy importante, ha sido Bruce Taylor, un granjero australiano productor de lana de calidad, con el que compartí durante un mes completo, codo a codo, todas las labores propias del merino. Y pude comprender, que a pesar de los 20.000 km que separan a Bruce de Argimiro (que por cierto se conocen en persona) había muchas similitudes en su comportamiento y manera de actuar con el ganado; como si el mismo merino hiciera de hilo trasmisor. De allí saque la conclusión, de que si para ellos, la lana es una riqueza muy importante, también lo podría ser para nosotros, si nos sabemos organizar y nos ponemos a trabajar con una programación adecuada.