Manuel Cuenya es de la opinión de que en los viajes uno acaba aprendiendo porque se confronta con realidades que desconoce. Incluso si se viaja a entornos más o menos cercanos, más o menos conocidos, también se puede aprender si uno es capaz de desplegar los cinco sentidos y dejarse empapar por todo aquello que ve, que siente y que escucha.
También los paisajes de la infancia forman parte de esos ‘mapas afectivos’ que el escritor berciano recoge en su nueva publicación. "Hay una parte fundamental en el libro que hace referencia al noroeste español, a lugares como Matavenero, el Valle de Salientes o Páramo del Sil, donde por cierto estuvo el poeta Ángel González impartiendo clases durante unos meses y que yo recupero aquí también. Digamos que hay algunos espacios que me tocan más de lleno y con los que a menudo vuelvo a mi paisaje de infancia que es Noceda del Bierzo, que me ha marcado definitivamente por ser el lugar de mi nacimiento y por ser el sitio que me ha procurado todos los afectos".
Manuel Cuenya valora de manera muy positiva la iniciativa de La Nueva Crónica de apoyar a los autores leoneses a través de un proyecto editorial en el que hasta la fecha han visto la luz los libros de Mauricio Peña ‘León, entre 2 siglos’; Valentín Carrera ‘Ahí estamos’; Félix Pacho Reyero ‘Cualquier tiempo pasado...’, y del propio Manuel Cuenya ‘Mapas afectivos’. "Aunque sea parte interesada, me parece que se está haciendo una grandísima labor y por supuesto agradezco al periodista, escritor y director de La Nueva Crónica, David Rubio, que haya impulsado este proyecto editorial y que además me vaya a acompañar y esté presente este miércoles en la puesta de largo de ‘Mapas afectivos’ en la capital leonesa. Me encanta que pueda ser así y que David esté pendiente y muy atento a todo lo que tiene que ver con la cultura en la provincia de León".
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