Ayer decían en Prioro que habría, con seguridad, más de dos mil personas en el pueblo para las fiestas, los luches... "¿en invierno? Divide por mucho".
Toda esta Montaña Oriental está superpoblada estos días y siempre hay quien ve en esos momentos la posibilidad de recordar, reverdecer, enseñar, contar a los más jóvenes de dónde venimos, abrir el desván de las nostalgias a los más veteranos, que aunque no fueran los pasados buenos tiempos la añoranza es aún más fuerte.
El martes de esta misma semana, a muy pocos kilómetros uno de otro, dos pueblos miraban hacia atrás sin ira, todo lo contrario, para revivir y recordar. En Boca de Huérgano, La Villa siempre dicen ellos, y Casasuertes, casi despoblado en invierno, dos actividades desembocaban en los mismos tiempos y los mismos recuerdos.

En La Villa celebraban el IVDía de la Maja del Centeno, con el subtítulo de ‘Homenaje a la tradición’.
En Casasuertes una de sus vecinas, Mar Trapiello, retomaba sus tiempos de maestra —creo que hay una generación que jamás dejan de ser maestras— e impartía para un buen número de vecinos de todas las edades un taller de ‘Hacer jabón con aceite’. Para hacerlo más fácil repartió entre los asistentes una hoja de instrucciones, escrita a mano, con letra de aquellas maestras de los ‘Cuadernos de Caligrafía’.
Las dos localidades ubicadas en la Montaña Oriental de la provincia leonesa recuperan de esta manera oficios, tradiciones y saberes qu forman parte de su memoria colectiva
Vamos por orden. En La Villa celebraron su IVJornada por la mañana, de la mano de MAD (Miguel Ángel Díez) y ‘los amigos de la etnobotánica de la Montaña Oriental’, cuya existencia ya es un motivo de celebración, pues recuperan, guardan y enseñan viejos saberes con los que los más jóvenes ‘alucinan’, como la niña que se puso en el centro de una rosca de centeno. "Es un elemento más de nuestra iniciativa, que pretende poner en valor el pasado y la cultura de nuestra Montaña, así como las estrategias de adaptación al medio rural, dando visibilidad al método tradicional llamado ‘majar el centeno’ por el que se obtenía el grano del cereal y se aprovechaba la paja para otros usos", decía MAD señalando al adorno de la niña y con una cesta de pan de centeno en sus manos.
Antes de pasar a la parte práctica, de ver cómo vecinos que habían majado el centeno y explicárselo a niños y jóvenes para que lo disfruten, habían ofrecido una breve introducción histórica "de los usos y posibilidades del centeno, de su importancia y de cómo ha evolucionado el conocimiento de éste en esta tierra en cuanto a sus usos y tradiciones". Miguel Ángel mostraba a los asistentes diversas variedades de plantas de la zona, diversos usos del centeno, un ‘elogio’ de sus características alimenticias incluyendo ese pan que ofrecía. Y también mostraba el ejemplo para conocer la vida y obras de ese parásito que es el cornezuelo.
Vecinos de todas las edades participaron en sendas actividades que requerían de paciencia, como todos los trabajos de antaño, y revivieron viejas costumbres heredadas de sus mayores
Como resumen se dijo, que; "el centeno ha sido durante siglos un símbolo de vida rural y de lucha, y es también recordatorio de las tradiciones y valores que han definido a esta comunidad montañesa lo largo de los tiempos. Su presencia en nuestros campos, junto con las historias y las leyendas que lo rodean, continúa inspirando un profundo sentido de arraigo y orgullo en aquellos que llamamos llamamos a esta tierra ‘la montaña, nuestro hogar’", concluyó MAD antes de que niños y jóvenes ‘disfrutaran’ majando centeno "en sandalias", bromeaba el viejo molinero.

Por la tarde cogió el relevo, en Casasuertes, el jabón de toda la vida, hecho con aceite, "filtrado con un colador de tela», explicaban las notas de Mar, que detallaban los ingredientes:900 gramos de aceite, 200 gramos de agua, mejor de fuente;133 gramos de sosa y 100 gramos de manteca de coco de la que se usa en cocina. Y fue mezclando, con consejos prácticos, como remover con un palo "de madera", triturar, añadir esencias que le den buen aroma, como azahar, bergamota, madreselva, lavanda. Preparar la lejía echando la sosa sobre el agua...

Los más jóvenes huelen aquella pasta que se va endureciendo, la veterana maestra sonríe, les explica los usos de aquellos jabones, les recuerda cuando sus antepasados bajaban con ellos al río, "que entonces no había lavadoras, por desgracia, que menudo invento fue".

Uno de los testimonios del libro de La Vieja del Monte recuerda un paso intermedio, aquellas primeras lavadoras en las que había que cerrar el proceso de lavado aclarando en el río.
Dos miradas atrás, sin ira, ni mucho menos, pero sí para recordar viejos olores, sabores y saberes;sino para realizar "un homenaje a la tradición", decía MAD.
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