El músico extremeño acude en esta ocasión con un recital basado en su último álbum ‘Extremadura fado’, un alarde en toda regla de frescura, finura y espontaneidad, de magisterio en eso que podríamos llamar canción de (o desde) la raya. Porque Luis Pastor coloca un pie en cada lado de la frontera ibérica y deja que la comunicación fluya entre ambas orillas como rara vez sucede con esos vecinos a los que prestamos infinita menos atención de la que merecen.
Pastor lleva la mayor parte de su vida afincado en la meseta capitalina, pero no por ello ha renunciado a la raigambre, al aroma de esos orígenes occidentales que le siguen ejerciendo como orgullosos delatores. Y pocas veces ese enamoramiento transfronterizo se ha hecho tan explícito como esta, una colección que se erige en intersección óptima.
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