Lucía Miranda: "El teatro también consiste en contar historias de quienes ya no están"

La dramaturga vallisoletana dirige la obra 'Caperucita en Manhattan', que este jueves trae a León a Carolina Yuste, Miriam Montilla, Carmen Navarro y Mamen García

06/11/2025
 Actualizado a 06/11/2025
Carmen Navarro, Mamen García, Lucía Miranda, Miriam Montilla y Carolina Yuste forman parte de 'Caperucita en Manhattan'. | DOMINIK VALVO
Carmen Navarro, Mamen García, Lucía Miranda, Miriam Montilla y Carolina Yuste forman parte de 'Caperucita en Manhattan'. | DOMINIK VALVO

Teatro documental, pedagogía y ficción son elementos a los que habitualmente echa mano la directora y dramaturga vallisoletana Lucía Miranda. Su último proyecto, ‘Caperucita en Manhattan’, es una adaptación teatral de la célebre novela de Carmen Martín Gaite, un clásico de iniciación que Miranda convierte en un viaje escénico intergeneracional, poético y vital. 

«Leí ‘Caperucita en Manhattan’ cuando tenía doce años», recuerda: «Me la regaló mi madre en una feria del libro de Madrid, y me gustó tanto que volví al año siguiente para que Carmen me la firmara». La dramaturga, tan familirizada con la obra de la escritora salmantina que hasta se le escapa hablar de ella sin especificar sus apellidos, encontró en aquella lectura un hecho definitivo. «Es una novela que me ha acompañado toda la vida», dice: «Luego viví tres años en Nueva York y creo que es uno de esos libros que te empujan a seguir caminos y a decir: quiero vivir esta aventura que está viviendo este personaje».

La historia de Sara Allen, una niña de Brooklyn que sueña con cruzar el puente hacia Manhattan para vivir con su abuela, le sirvió a Miranda para explorar temas que trascienden esos otros que habitualmente tratan los cuentos de hadas. «En apariencia es una novela de iniciación: el viaje de una niña que sueña con vivir en Manhattan porque todas las cosas interesantes pasan allí», relata: «Pero, cuando haces una segunda lectura, conociendo la biografía de Carmen, entiendes que también es una obra de duelo y de despedida». La hija de Martín Gaite murió con 29 años a causa del sida, y ese hecho, confiesa la directora, atraviesa de forma invisible el texto: «Te planteas qué le cuentas y qué no le cuentas a una hija, hasta dónde le das libertad. La novela toma entonces otra dimensión».

La adaptación teatral respeta el espíritu y el lenguaje del original, introduciendo asimismo una capa emocional que no está exenta de algunas pincelas biográficas de la escritora. «He intentando juntar las dos lecturas: la de la niña que fui, fascinada por la aventura, y la de la adulta que entiende el dolor de la pérdida», refleja la vallisoletana. El resultado es una pieza que funciona tanto para el público infantil como para el público adulto. «Como pasa con las películas de Pixar, quieres que la historia emociones a personas muy distintas», añade: «Que funcione igual para un niño de ocho que para un espectador de ochenta».

La obra llega este jueves al Auditorio Ciudad de León, donde, desde las 20:30 horas, el elenco de Teatro La Abadía compuesto por Carolina Yuste, Mamen García, Miriam Montilla y Carmen Navarro se convertirán en protagonistas de un evento cuyas últimas entradas podrán adquirirse entaquilla desde las 16:30 horas. La puesta en escena aterriza de su mano en la capital provincial coincidiendo con el año en que se cumplen cien del nacimiento de Carmen Martín Gaite. A la coincidencia la describe Miranda como una «carambola preciosa». «Cuando Juan Mayorga me preguntó qué quería hacer en La Abadía le dije enseguida que ‘Caperucita en Manhattan’», revela la directora: «Era un proyecto que llevaba bastante tiempo en el cajón».

Y es que la dramaturga es ferviente defensora de lo que Martín Gaite calificaba de «conexiones significativas». Y cuenta una de las suyas: «Cuando vivía en Nueva York daba clases de español y propuse la novela como lectura. Una alumna sabía del libro más que yo y resultó que su madre era amiga de Carmen y que ella se llamaba Sara Allen, igual que la protagonista». Pasado ya el tiempo, Lucía Miranda no deja de sorprenderse por aquella casual carambola. «¡Qué probabilidad había de que una chica de Valladolid acabara dando clase a la persona que inspiró el nombre de su personaje favorito!», ríe.

La dramaturga Lucía Miranda con un ejemplar del libro
La dramaturga Lucía Miranda con un ejemplar del libro. | DOMINIK VALVO

El destino no tardó en tejer de nuevo sus hilos: esta vez, durante un viaje del equipo de Miranda a Nueva York para leer fragmentos de la obra en la feria del libro. «Fue emocionante: por primera vez se escuchaba la voz de Carmen en la ciudad donde transcurre su historia», rememora la directora: «Son esas coincidencias las que ella misma llamaría conexiones significativas». 

Trasladada ya del papel al escenario, la veintena de personajes de la historia son encarnados por tan sólo cuatro actrices. «Eso es muy de mi teatro», confiesa la dramaturga: «Pero ellas hacen un trabajo maravilloso, con cambios de vestuario, pelucas y voces». Todo, según señala, en un verdadero «despliegue de la imaginación».

Y, aunque buena parte de la trayectoria de Miranda se asocia al teatro social y documental, aquí se decanta sin dudar por la fábula. «Es una obra profundamente festiva», explica: «Quizá tiene algo pedagógico por cómo relaciono la biografía de Carmen con la novela, pero sobre todo es una celebración, una fiesta de la imaginación». Esa búsqueda de equilibrio entre lo real y lo simbólico marca también su evolución como creadora. «Una amiga mía dice que hay dos Lucías: una que hace teatro documental, y otra que se lanza a la ficción más loca», cuenta: «Supongo que la maternidad ha influido mucho... Desde que soy madre me interesa más el mundo del cuento, del disparate; me gusta inventar mundos».

Su próximo reto es precisamente unir esas dos vertientes. «En mi siguiente espectáculo, ‘Las últimas’, que se estrenará en mayo en elCentro Dramático Nacional, quiero hibridar ambos caminos», resuelve: «Hasta ahora parecía que cada obra era de una autora distinta; ahora intento que convivan en un mismo espacio». 

Miranda habla con entusiasmo, consciente de que su Caperucita no es solo un homenaje, sino también un diálogo con la memoria y con el paso del tiempo. «Me gustaría que el público se emocione, que ría, que sienta que esta historia sigue viva», termina por decir: «Porque al final el teatro también consiste en eso: en seguir contando las historias de quienes ya no están».

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