Lo recorre su dueño recordando con una sonrisa tantos sudores. "Era de mi madre, llevaba 11 años sin funcionar, y me pasé semanas cafuñando aquí y allá, metido en el agua para que arrancaran los aparatos... échales Coca Cola, me decían, están buenos ellos".
Y funcionó, bueno es Quico. Las piedras de moler fueron llenando las pilas de pienso para ganado, harina para el pan... "No te imaginas las colas que había a la puerta; carros, mulas cargadas, gente que venía de toda estas comarcas, Omaña, Babia, de Lago, Villayuste, Soto y Amío, Viñayo, Cuevas, Benllera, Carrocera... uff".
Y la fábrica de la luz, en cuanto el cuadro de mandos detectaba una avería había que marchar a repararla. "Atendí a Canales y La Magdalena casi hasta 1980, entonces como no había contadores y se pagaba por bombillas. Ponía un regulador y si tenían dos bombillas y pagaban por una pues se apagaba el invento". Y añade: "La gente de antes sabía lo que hacía, ves el molino funcionando y son todo inventos artesanales".
Por eso le gusta que vayan a verlo, porque sigue siendo un molino en el que deja muchas horas de trabajo para que sea lo que siempre fue, un molino. "Me encanta enseñárselo a los niños, pero no me ponen más que trabas y problemas". Faltaría más.
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