- 80 años será mucho decir.
- No lo es. Tengo 85 y todavía era un niño cuando mi padre, que también era campanero, me subía hasta las campanas por esas mismas escaleras por las que subimos hoy... algo menos estropeadas, pero las mismas.
Y heredó orgulloso el cargo de campanero. Y no es una figura literaria decir que son 80 años haciendo hablar a las campanas. «Se podría decir, porque con los toques diferentes que hay se habla a los vecinos para que vayan a la hacendera, al concejo, a un entierro, a casa quemada; a las fiestas patronales, que se hace volteando; a tente nube, que junto a niño muerto es la única que tiene letra...
- ¿Que tiene letra?
- La tiene. Claro, con el toque va diciendo la letra de ‘tente nube, tente tú, que Dios puede más que tú’...
Mil historias. Como que todas tienen un toque común inicial «menos el toque de casa quemada, a fuego, que empiezas a tocar directamente y a gran velocidad para congregar rápido al pueblo, que va haciendo una cola con calderos hasta la presa que atravesaba el pueblo... y tú sigues tocando para que se sumen más vecinos. Alguna vez me tocó hacerlo».
Y sigue hablando el hombre que hace hablar a las campanas.
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