Y de ahí, de Villavente aunque nacido en Santovenia y que mantiene la doble nacionalidad, es Justo Rodríguez, El tío Justo de Villavente, quien con los ochenta ya superados ha hecho méritos más que sobrados para ser un corazón tendido al sol —ya que anda Víctor Manuel cantando por estas tierras— pero, como le ocurre a tanta gente de su raza: «Resulta que te haces a trabajar y de eso no se quita uno. Yo estoy jubilado, claro, edad tengo y el trabajo hecho también, pero no sé qué sería de mi sin el huerto, me da la vida, hago allí muchas horas pero merece la pena cuando los ves crecer».
Y te invita a que le acompañes y veas ‘en directo’ cómo a esta tierra le arranca productos de tan buena presencia como sabor, «a base de estar encima de ellos, que para todo hay que tener mano, para las flores la tiene la mujer».
Cuando Justo Rodríguez se sienta y arranca a hablar un pozo de sabiduría popular empieza a manar, de una forma de recordar y contar la vida, la actual y la de sus recuerdos. «Trabajamos mucho, la ganadería, el campo y también en lasunos obras, que estuve unos cuantos años en ellas».
- ¿Ganarías buenas perras?
- No me quejo, algo de capital se hizo, pero te tengo que decir que entonces las cosas eran como eran, lo que se ganaba se entregaba en casa y eran los padres los que lo administraban, bien o mal ahí no me voy a meter. Es lo que había.
Y a ese pozo de saber le arrancó un reciente libro una especialidad de la casa, hacer sebes. No te lo voy a contar, escucha cómo lo cuenta él, el Tío Justo.
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