Entrar en el local de Aureliano es un viaje en el tiempo. Motos de todas las épocas, bicicletas, máquinas de escribir, un curioso extractor de leche materna, un artesano tacatá de madera, varias máquinas de coser de recordadas marcas, vidrieras de la Catedral (paneles), monedas antiguas, viejas maquinillas de afeitar y pulverizadores para mojar el pelo... Y para cada una de ellas tiene Aureliano un recuerdo, también para quien se la vendió y en la mayoría de los casos se lo regaló. «Yo por mi oficio recorría muchos pueblos, no solo de León, también de provincias cercanas y preguntaba a las gentes por cosas viejas que no quisieran. Y el que busca encuentra, al menos en mi caso así fue. No hay más que ver el local».
–Aureliano, ¿eres pescador? porque lo llevas en el apellido.
–Tuve que serlo. Aprendí ahí para el río Omaña.
–¿Y Alegre?, que lo llevas de primero.
–Más que pescador. Hay que serlo, hay que darle alegría a la vida que penas ya bastantes te da ella a ti.
Y lo cumple. Es fiel a esta filosofía y participa en varios grupos de bailes, danzas, canción tradicional, carnaval... y no hace falta insistirle mucho para que te cante una canción. De un lado porque es colaborador y de otro, no menos importante, porque sabe que canta bien. Muy bien.
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.