En entrevistas y reportajes que van apareciendo en las páginas de este periódico se suceden los testimonios de gente que empezó a trabajar siendo un niño. Ayer mismo Escobar, de Matallana, decía que comenzó a guardar ganado con 8 años y con 14 fue a la mina. Vicente, de La Uña, nos contaba cómo con solo 10 años «trabajaba de Lazarillo» para un ciego que veía; Paulino ‘El pastor manco’ de Sancenas contaba que llegó «con 10 años para cuidar vacas»; Braulio ‘El Lugareño’ recordaba que «casi no llegaba al mostrador cuando entré de guaje en el Universal...». Podía seguir y seguir.
El trabajo infantil es una realidad tan dura como evidente en esta provincia y en otras tierras cercanas, como Asturias, tan parecida en oficios —la mina, la ganadería, el pastoreo, la hostelería o, a mayores, el mar—y en gentes. De esa realidad el Museo del Pueblo de Asturias ha hecho una exposición que ha titulado ‘La dura infancia. Fotografía y trabajo infantil en Asturias, 1885-1971’, con la que «pretende poner el foco de atención sobre una realidad que fue habitual en la sociedad asturiana y española hasta tiempos muy recientes y que aún lo sigue siendo en otros lugares del mundo».
La invisibilidad del trabajo infantil lo fue por partida doble para las niñas pues se recluía en el ámbito familiarY esta muestra de alrededor de medio centenar de fotografías, tan cercana a nuestra realidad, se inaugura este sábado (a las 12 horas) en el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León (MSM) con sede en Sabero.
Señalan los responsables de esta muestra sobre trabajo infantil que «a través de estas decenas de imágenes del fondo fotográfico del museo, el visitante podrá ver los diferentes ámbitos del trabajo infantil: el campo, la montaña, el mar, la mina, la industria, la construcción y los servicios urbanos. En todos ellos, los niños y las niñas de esa época trabajaban para ayudar en la economía familiar», para avanzar que seguramente «estas imágenes van a conmover al público, ya que en ellas se puede ver la dureza de muchos trabajos realizados por menores de edad, entre ellos el de la minería, donde los llamados ‘guajes’ eran habituales en las explotaciones».
Aunque hoy en día el trabajo infantil está considerado como una lacra social y muchas de las situaciones en las que se retrata a los niños y niñas de esta muestra serían inadmisibles es evidente que no hace tanto tiempo que casi eran escenas cotidianas. «Sin embargo, no deberíamos proyectar sobre ellos y ellas una mirada exclusivamente conmiserativa. Es preciso analizar las circunstancias que les tocó vivir, la precariedad que acuciaba a muchas familias humildes, para entender que el esfuerzo de todos sus miembros, incluidos los más pequeños, era indispensable en su supervivencia» y pensar que, aunque en menor medida, sigue siendo una realidad en nuestra tierra y, por desgracia, en muchos países sería posible realizar estas mismas fotografías.La exposición ‘La dura infancia’ está realizada íntegramente con fondos del Muséu del Pueblu d’Asturies y la mayor parte de las imágenes que la componen nunca habían sido mostradas al público. Fueron realizadas por fotógrafos como Miguel Rojo Borbolla, Rómulo Álvarez, Constantino Suárez, José Ramón Lueje, Valentín Vega, Gonzalo Vega, Francisco Ruiz-Tilve, Julio León Costales, Javier Sánchez Suárez...
Señalan en el catálogo una característica añadida, la diferencia de sexos también en este campo, pues «si la invisibilidad social fue siempre consustancial al trabajo infantil, en el caso de las niñas lo fue por partida doble, al estar casi siempre recluidas al ámbito doméstico y por seguir la segregación de género las mismas pautas que en el mundo adulto. Desde muy pronto tenían que sustituir a la madre en numerosas tareas (limpiar la casa, cuidar de los hermanos pequeños, traer agua de la fuente)». Se convertían en una madres de pocos años de edad.