Los huevos de Cela, la minifalda de Umbral, historiador y panadero y otras historias leonesas

23 de abril, Día del Libro en una tierra de muchos y grandes escritores, pero también de un largo y muchas veces desconocido anecdotario de singulares y bohemios; de curiosas historias leonesas de visitantes ilustres como Paco Umbral, Cela, Ángel González o Tuñón de Lara, entre otros

Fulgencio Fernández
23/04/2023
 Actualizado a 23/04/2023
Camilo José Cela, Ángel González, Basilio Fernández y Manuel Tuñón. | L.N.C.
Camilo José Cela, Ángel González, Basilio Fernández y Manuel Tuñón. | L.N.C.
El Día del Libro, estación de llegada de los desvelos, o no, de escritores. Registro ante el notario de la edición de un proceso cargado de avatares de las vidas de tipos de todo pelaje. Muchos singulares, bohemios, extraños, supervivientes...

León acumula un buen número de curiosas historias, muchas desconocidas, olvidadas, otras más contadas pero no por ello menos singulares: Un Premio Nacional que tuvo que ser el primero en ganarlo después de muerto pues en vida negó ser escritor (Basilio Fernández); unreconocido historiador que se embarcó en montar una panadería en León (Tuñón de Lara); un hombre que no dormía dos días seguidos en la misma cama por lo que tuvo que ser detenido su día de mayor gloria, al recibir un premio de gran prestigio (Suárez Carreño); un Nobel que recordaba León sobre todo por lo que zampó en su estancia en La Vecilla (Cela); un periodista al que costó caro debatir sobre la minifalda (Umbral)... y un largo etcétera.

Los bohemios


Siempre han llamado la atención las historias de bohemios, habituales en literatura, y León tuvo 2 de manual: José Suárez Carreño y Mario Arnold (José García).

Suárez Carreño, que había nacido en Méjico fruto de la emigración desde su Valderas familiar (en 1915), regresó a León con su madre, Petra Carreño, que invirtió los ahorros en el recordado café-concert Iris, en la Calle Ancha, uno de los tres que había en León. Trasladado a Madrid a hacer carrera literaria su irrupción en la literatura fue espectacular, ganando en muy poco tiempo tres premios de gran prestigio en tres géneros diferentes: El Adonais de poesía (1943), el Nadal de novela (1949) y el Lope de Vega de teatro (1950)... y desapareció de la literatura, aunque no de los círculos literarios y la conspiración política.

Esta doble condición la mantenía "no durmiendo dos noches seguidas en el mismo lecho", lo que alimentaba su fama de conquistador y de esquivo con la justicia franquista, que acudió a buscarlo a un lugar donde seguro que estaba: recibiendo el Premio Nadal de novela (con ‘Las últimas horas’), de cuyo glamuroso acto salió esposado por la Policía.
De su leyenda posterior se recuerda que en una excursión con famosos la actriz Aurora Bautista compró una finca en Lugán... y de José siempre se sospechó que se ganó la vida trabajando de negro para escritores y empresas. Su final, triste, lo cuenta Andrés Trapiello en uno de sus diarios: "Murió solo, en la extrema pobreza, sin decírselo a nadie".

Mario Arnold nació en León en 1904, marcado por su condición de hijo de suicida, mudó su nombre de José García como inicio de una vida realmente de novela y bohemia. En León se granjeó la simpatía de aquel León de posguerra y penurias matando el hambre de muchos colegas gracias al negocio familiar, uno de aquellos históricos colmados, pero su ciudad se le quedaba pequeña pero cuando regresó al entierro de su madre vivió uno de sus sonados romances, con Ana María Martínez Sagi, poeta y lanzadora de jabalina, también tenista, que le acabó abandonando por la novelista catalana y marquesa Elisabeth Mulder, a la que volvería a encontrar en el frente, el leonés en el grupo de Líster y ella en la columna de Durruti. La historia de Sagi ha protagonizado un par de obras de Juan Manuel de Prada.

Arnold se fue a Madrid y a través del escritor, actor y modelo de Bellas Artes Carranque de los Ríos se introduce en el mundo del cine como actor ; siguió escribiendo, vivió en varios países, coleccionó sonoras conquistas y hasta conoció la cárcel como consecuencia de su paso por el citado batallón de Enrique Líster, histórico del PCE.

No lo tuvo fácil a la salida de la cárcel, no le fue bien en París, fue reportero mercenario, se hizo representantes de cantantes de copla... y se fue a Venezuela, donde falleció con 58 años. Conoció el llamado ‘cazador de luceros’ (título de uno de sus libros de poesía) algunos días de gloria y otros de dolor, cuya descripción rescataba Bruno Marcos tomada del amigo de Arnold, Pérez Herrero: "Se lanzó al palenque de las letras al lado de los estrafalarios poetas de chalina negra y requemada cachimba (…) Así era Mario Arnold, un visionario, el poeta del dolor, sin abrigo y sin hogar. Nadie como él supo arrancar los secretos del dolor por ser todo él, el mismo dolor".

Hablando de cárcel... como funcionario de la prisión (director) pasó por León ‘el tercer Machado’, Francisco, hermano de Antonio y Manuel, que también escribía.Estuvo en la ciudad de 1924 a 1931 y su presencia trajo el fruto de varias visitas de Antonio y la creación del famoso sonetoa esta tierra: "Otoño con dos ríos nos ha dorado / el cerco del gigante centinela / de piedra y luz, prodigio torreado / que en el azul sin mancha se modela", escribe en el segundo cuarteto.También Francisco escribía y su poema más conocido fue ‘El reloj de la cárcel’.

El panadero Tuñón


Entre los visitantes con historia, como Machado, es muy curiosa la presencia en la capital "como panadero" del prestigioso historiador Manuel Tuñón de Lara.

La cosa tiene ‘su miga’. El altísimo Tuñón —había sido pionero del baloncesto— ya había sufrido todo tipo de represiones, cárceles... cuando conoció en la milicia a un leonés que le convenció de montar una panadería en León. Tuñón quería abandonar el para él peligroso Madrid, vendió lo que tenía y montaron el negocio panadero y hasta aprendió los secretos de las mejores pastas. Era 1942.

Pero, además del pan, a Tuñón le podía la pasión por la historia, su militancia, y entró en contacto con el exilio interior, incluso con los maquis, conoció la represión y la contó en el semanario clandestino Demócrito.

Dos años más tarde regresa a Madrid, deja el pan en manos de su socio, y retoma su conocida carrera de historiador.

No todos los visitantes mantuvieron un compromiso como el de Tuñón, al menos no se desprende de las memorias de Camilo José Cela (’Memorias, entendimientos y voluntades’), en las que recuerda su presencia en La Vecilla para curar su tuberculosis, en 1937. Era el llamado año del hambre pero él recuerda lo bien que se comía: “Desayunaba tres huevos fritos con panceta, morcilla o chorizo, según los días, o a elegir, un plato sopero de papas de harina de maíz con un dedo de azúcar encima, dos tazones de café con leche, uno mojando tostadas de pan de mollete con mantequilla o veinte galletas de María Artiach, y dos manzanas y dos plátanos…". Cuenta del desayuno, la comida también la describe, es fácil de imaginar.

Julio Llamazares recordaba esta estancia leonesa de Cela en un artículo en La Nueva Crónica: "Camilo José Cela, como es sabido, permaneció en La Vecilla durante varios meses, en la famosa fonda de Ricardón, el jefe local de la Falange, en plena guerra civil, curándose de una tuberculosis. Acababa de caer el frente del Norte y en las montañas de León la represión era despiadada, pero el joven Cela no se enteró, o no se quiso enterar, ocupado como estaba en comer cuatro veces al día hasta seis platos diferentes para reponerse de su enfermedad". Le extraña que sea poco conocido este pasaje aunque... "tengo de Cela como persona la peor opinión que pueda tener de alguien, pero sí que me parece un indicador más del desconocimiento de los leoneses de su pequeña intrahistoria".

Más que visita fue lo que hizo el gran poeta Ángel González, también para curar la tuberculosis, pero en su caso en Páramo del Sil, donde su hermana es maestra y él mismo acaba ejerciendo en Primout. Allí entabla amistad con el médico Lodario Gavela, que cura enfermedades, atiende a guerrilleros y abre escuelas... la noticia de su asesinato, ya de regreso en Oviedo, causa profundo dolor al gran poeta.

No fue una visita, pues estuvo varios años, la presencia de Paco Umbral, quien dejó la impagable serie de reportajes sobre las tabernas leonesas y muchos desencuentros con aquel León ‘raposo’. Siempre se cuenta la polémica por la proyección en el Círculo Medina —propiciada por él— de ‘Orfeo’, pero su primo Pereletegui, que fue quien le trajo a León, recordaba con humor su paseo hasta el obispado a recibir la bronca de Almarcha por haber hecho enla radio (Umbral) un debate sobre la minifalda con votación final, en la que ganó el sí (por 7 a 5). Acordaron repetir el debate, accedió el controvertido presentador, y en este caso el resultado fue 8 a 4... pero nuevamente a favor del sí. "Paco ya tenía las maletas hechas", ironizaba Pereletegui señalando que solo fue la gota que colmó el vaso. Y él la buscó.

Un ramillete de leoneses y visitantes. Curiosos, como Basilio Fernández (Valverdín, 1909) que ganó el Nacional de Poesía en 1991 sin haber publicado ningún libro en vida pues negaba que escribiera poesía. Un sobrino encontró sus cuadernos, publicó una edición para la familia... y ganó el Nacional regalando el titular más fácil: "Nace un poeta muerto".

Por cierto. Está en imprenta el libro de poesía de un conocido leonés que ha escrito de otros temas (de arte, sobre todo) pero que va a sorprender pues, como Basilio Fernández, en silencio jamás dejó de escribir poesía... En fin, leoneses.
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