No le faltaba razón pues el ‘carrivache’ (¿cachivache con carro?) fue una de las atracciones de la mañana para los chavales del Instituto de La Robla que le vieron pasar y todos aquellos que se cruzaron con él sin que se inmutara y no se podían creer que se atreviera con el temido Puerto de Pajares. Pero se atrevió.
En esta comarca cercana el puerto muchos apostaban que era «la evolución» de otro singular personaje, muy habitual por estas carreteras, con una bicicleta ‘adaptada’ en la que lleva todo lo necesario para vivir. Es un ex minero de Moreda, al que le gusta mucho ‘pasar a Castilla’ (expresión muy asturiana para decir que cruzan el Pajares) y lleva 25 años atravesando estas carreteras. En su última visita —antes de la pandemia— lamentaba que se le había roto «el carrito que le acoplo a la bici y en el que llevo hasta 170 kilos de cosas para hacer lo que me gusta, andar por los caminos, ser libre. Voy mucho para la zona de La Vecilla y Boñar y todo eso ¿Subir el Puerto? Ome claro».Por eso las apuestas eran que «es el minero de Moreda» y conjeturaban que en la pandemia «en vez de arreglar el carrito montó este tinglado».
Habrá que esperar. Si es así lo hará pues «el minero de Moreda» —así le gusta que le llamen— es un clásico de estas carreteras. «¿Otro periodista? tenéisme abrasao, ¿qué pasa, qué no quedan paisanos como yo?», decía un día de nieve que paró a tomar un café caliente en Villamanín. «Además de minero soy caminante, y músico, toco la acordeón, los teclados… Toco con un grupo de León, somos diez, pero aquí no hay perras y cuando queremos hacer algo de caja bajamos para el sur».
- ¿Cómo sellama el grupo?
- La orquesta del minero de Moreda; dice con sorna. Y se va ¿Será él el del carrivache?
Hay expectación para ver si vuelve, el minero o el carrivache o los dos. No había tanta desde los tiempos de otro histórico de un vehículo ‘extraño’ por las carreteras leonesas, desde que en los años 70 y 80 las recorría con su «burro-coche o coche-burro» el famoso Tigre de Villahibiera, que le había quitado el motor a su Diane 6, en el hueco colocó una silla y soldó unas varas de carro para ‘uncir’ a ellas al burro con el que recorría los pueblos desde las tierras de Rueda hasta las de Riaño y su comarca, ejerciendo su oficio de estañador, aunque él te ofrecía una lista más larga de sus ocupaciones: «Soy correcaminos, hojalatero, estañador, arreglador de canalones, inventor...» y habría que añadir que también «excepcional contador de historias, fabulador, imprevisible como pocos, libre, ingenioso, irrespetuoso, sorprendente...».
Realmente se llamaba Guillermo Rubio Sánchez, pero para todos era El Tigre de Villahibiera, aunque ni él mismo sabía el motivo del apodo. «Será porque me parezco a aquel famoso boxeador El Tigre de Chamberí».
Sería, aunque no fue boxeador, pero si la cosa va de títulos de películas al recordado Tigre la que le iba como anillo al dedo es ‘Aquellos chalados con sus locos cacharros’. Y al del ‘carrivache’... ése ya ni te cuento.