Hay montañas que se suben con las piernas y otras que, además, se ascienden con la memoria. Ayer, sábado 29 de agosto, un grupo capitaneado por D. José Antonio Reñones, director de la editorial Lobo Sapiens, emprendió la ascensión al Teleno con un propósito que iba mucho más allá del mero desafío montañero: reencontrarse simbólicamente con una de las figuras más antiguas de la memoria de estas tierras, el dios Tilenus.
La subida, aunque dura, se convirtió así en un acto cargado de significado.
Entre los asistentes, a sus 73 años, y con dos infartos a sus espaldas, uno de los participantes afrontó la subida al monte con la ilusión, el respeto y también la humildad de quien sabe que cada paso tiene su valor. Ese, soy yo mismo quien, modestamente, se atreve a poner por escrito esta experiencia, autor además de uno de los libros que se ofreció al dios Tilenus. Llegar arriba fue, sin duda, una pequeña victoria personal, de esas que quizá no aparecen en ninguna parte, pero que significan mucho para quien las consigue.
El descenso puso a prueba mis piernas ya castigadas por el esfuerzo. Las rodillas comenzaron a fallar y cada paso se convirtió en una lucha por mantener el equilibrio y continuar avanzando. Allí desapareció cualquier pretensión de demostrar nada. Solo quedaba seguir, despacio, con prudencia y con la determinación de llegar abajo.
La cumbre del Teleno, una de las montañas más emblemáticas del territorio leonés y escenario de antiguas tradiciones vinculadas a las comunidades que habitaron estas tierras, fue el lugar elegido para rendir homenaje a la divinidad que, según la tradición histórica, estuvo vinculada a este territorio.
Al alcanzar la cima, el grupo quiso recuperar el valor simbólico del fuego como elemento de comunicación, purificación y ofrenda. Ante la inmensidad del paisaje, se llevó a cabo una ceremonia en la que dos de los últimos libros publicados por Lobo Sapiens fueron ofrecidos a Tilenus a través del fuego, convirtiendo las obras en una particular ofrenda a la montaña con la lectura de un texto de ofrenda.
El gesto encierra también una poderosa metáfora: allí donde durante siglos el fuego pudo ser señal, rito y vínculo con lo sagrado, ayer volvió a arder como vehículo entre el presente y un pasado que se resiste a desaparecer. La palabra escrita, representada por los libros, regresaba de este modo a la tierra de la que nacieron muchas de las historias, leyendas y conocimientos que hoy intentan preservarse.
Para todos los asistentes, la ascensión tuvo, por tanto, una doble dimensión. Por un lado, la física, la de conquistar la cumbre del Teleno, por otro, la simbólica, la de acercarse a la memoria de un territorio y reivindicar sus raíces culturales.

Desde lo alto, con el inmenso y bello paisaje extendiéndose alrededor de la montaña, el homenaje adquirió toda su dimensión. El Teleno dejaba de ser únicamente una cima para convertirse en escenario de un encuentro entre pasado y presente, entre montaña y cultura, entre tradición y creación literaria.
La iniciativa de Lobo Sapiens vuelve a poner de manifiesto el vínculo entre la edición y la defensa de la memoria cultural. Porque publicar un libro no significa únicamente imprimir palabras sobre papel: también puede significar conservar una voz, rescatar una tradición y mantener encendida una llama que viene de muy lejos.
Ayer, en la cumbre del Teleno, esa llama volvió a arder. Y con ella, simbólicamente, el recuerdo de Tilenus, el antiguo dios al que el grupo quiso rendir homenaje desde una de las montañas más cargadas de historia y significado del noroeste peninsular. La montaña, una vez más, fue testigo.
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