El violín de la leonesa Mencía Gómez sonó en uno de los escenarios más solemnes del país en uno de los momentos más extraños de la historia reciente. Fue en los Premios Princesa de Asturias 2020, los primeros celebrados tras el confinamiento por la pandemia, con mascarillas, distancia y protocolos que alteraron por completo la liturgia habitual.
Aquella actuación, ante los Reyes de España, marcó un hito en su trayectoria, pero su historia con la música había comenzado mucho antes, en la Escuela Municipal de Música de Astorga, continuó en el Conservatorio Profesional de Música de Astorga “Ángel Barja” y se consolidó en el Conservatorio Superior de Enseñanzas Musicales “Eduardo Martínez Torner” de Oviedo. Hoy, desde Mallorca, combina la docencia musical con su vocación artística, una pasión que le acompaña desde la infancia.
“Fue muy raro, muy extraño”, recuerda al rememorar aquel 2020. “Era la primera vez que vivíamos una situación así. Para nuestro gremio fue muy complicado: conciertos cancelados, proyectos y planes que se suspendieron de golpe”. En ese contexto de incertidumbre, la música clásica también tuvo que adaptarse.
Tocar en un acto de tal solemnidad, y además bajo unas circunstancias excepcionales, convirtió la experiencia en algo difícil de olvidar. “Era la primera vez que tocaba para alguien tan importante como los Reyes de España. Tienes que seguir un protocolo muy estricto, estar pendiente de mil cosas, y a eso se sumaban las medidas sanitarias. Fue el doble de complicado y el doble de preocupaciones”.
Los ensayos tampoco fueron los habituales. La orquesta se redujo al mínimo y hubo que dividirla en pequeños grupos. “No podíamos estar todos en el mismo espacio. Se hicieron como dos pequeñas orquestas y cada grupo tocaba piezas distintas. Ensayamos muy poco y todo fue muy limitado”. A eso se añadía un enemigo inesperado para los músicos de cuerda: la mascarilla. “Para los violinistas es horrible. Apoyamos el instrumento en el cuello y era muy incómodo”.
La pandemia no solo transformó los escenarios, también alteró por completo la rutina de estudio. La sorprendió en pleno curso en Oviedo. “Tuve la suerte de poder irme a casa justo antes del cierre perimetral y vivirlo junto a mi familia”. A nivel personal, aquel paréntesis forzoso tuvo una doble lectura. “De cara al estudio fue una etapa muy positiva, ya que disponíamos de un montón de horas para practicar”.
Sin embargo, el exceso de tiempo no siempre se traducía en avances. “Las clases tardaron en retomarse y eran de manera online, cosa que entorpecía mucho el proceso”. La enseñanza virtual no sustituía la cercanía del aula ni la corrección directa del profesor.
Con perspectiva, la reflexión es inevitable. “Ahora te das cuenta de la suerte que tenemos de que todo haya vuelto a la normalidad”.

De Astorga al violín
La relación de Mencía con la música no fue inmediata ni predestinada. “Yo sabía que quería hacer música, pero no tenía claro el instrumento”. Fue al pasar de la escuela de música al conservatorio cuando eligió el violín. “Desde entonces ha sido mi instrumento de toda la vida”.
En esa elección pesó el entorno familiar y sus raíces en Astorga. “Mi abuelo era tamboritero y maragato, muy conocido aquí. Creo que por ahí me viene un poco la rama musical”.
Su etapa en el Conservatorio de Astorga está llena de buenos recuerdos. Destaca la base técnica adquirida y el papel fundamental de su profesora de violín, Aida González, “a quien le debo prácticamente todo”.
El salto a Oviedo
Tras el Bachillerato llegó el momento de cursar el Grado Superior de Música en Oviedo. El cambio fue intenso. “Es como cuando te vas a la universidad. Al principio es chocante, pero es algo por lo que hay que pasar”.
La adaptación al Conservatorio Superior exigió un cambio de mentalidad. Tras un periodo de estancamiento, decidió cambiar de profesor y comenzó a trabajar con el maestro Nasushkin, una decisión clave para finalizar con éxito su formación musical.

La dureza de la música clásica
La música clásica exige muchas horas de estudio y una gran constancia. “Lo más duro es la cantidad de horas que hay que dedicar para que luego se perciba como un hobby”. Desde pequeños, los alumnos del conservatorio compaginan estudios obligatorios con formación musical especializada.
Para Mencía, la educación musical debería ocupar un lugar central en el sistema educativo por sus beneficios en la concentración, la rehabilitación y el desarrollo emocional.
Vocación docente y futuro profesional
Hoy desarrolla su carrera en la enseñanza del violín, trabajando con alumnos desde los tres hasta los setenta años. “La música no puede ser algo impuesto. Tiene que disfrutarse”.
Aunque en sus inicios soñaba con formar parte de una orquesta profesional, encontró en la docencia una estabilidad y una cercanía humana que valora profundamente.
“Volvería a elegir el violín una y mil veces”, afirma sin dudar. El instrumento que comenzó a estudiar en Astorga y perfeccionó en Oviedo sigue marcando su vida.
El violín de Mencía Gómez continúa sonando, lejos de los focos de los Premios Princesa de Asturias 2020, pero con la misma pasión que la convirtió en protagonista de uno de los momentos culturales más simbólicos tras la pandemia en España.