También sabe, y mucho, Leoncio García de heroicidades mineras pues, al margen de las muchas que pudo observar en primera persona en su trabajo, que fueron muchas, vivió una casi en sus propias carnes con la muerte en un accidente de su hermano, el recordado Chuchi de La Ercina, que, además, era luchador, practicante de la lucha leonesa, la otra pasión de García Rodríguez. Y además Chuchi encontró la muerte como un verdadero héroe, tratando de rescatar a otros compañeros y sabiendo que se estaba jugando la vida.No extraña que Leoncio García luche contra el olvido, ya lo hizo en sus tres libros anteriores —‘La memoria del carbón’, ‘Del sol a la oscuridad’ y ‘Entre mina y ciudad’— y lo hace, con más fuerza aún en esta nueva entrega en la que hace honor a la segunda parte del título y ofrece «algo más».
Ese algo más podría ser, por ejemplo, las singulares biografías de las gentes de la mina que desfilan por el libro, no son biografías al uso las del gran Patayo, las de Nano el de Veneros, Juanjo el de Casetas y tantos otros, no son datos fríos y años en la mina, no son solo sus oficios, es un verdadero viaje al alma y a la entrega de estas gentes a su oficio, con un rico anecdotario añadido, minero y personal, del pueblo y la familia, de la mina y los mineros... un muy atractivo viaje a las gentes.
No extraña en quien acumula tantas experiencias ya que García inició su carrera profesional en Hulleras de Sabero y Anexas, empresa que considera fundamental en su formación. Posteriormente trabajó en Huelva, con Entrecanales y Távora, de donde pasó a La Empresa Nacional del Uranio, ENUSA. En ésta, durante 21 años fue jefe de mina, en la destacada explotación de Ciudad Rodrigo, Salamanca. También colaboró en la profundización de la gran mina de uranio Akouta-Níger, de la cual ENUSA es copropietaria y a la que dedica un amplio capítulo de este cuarto libro minero de Leoncio García Rodríguez, el enemigo del olvido.