Lectura y asfalto: un vínculo que encamina al medio rural

Castilla y León cuenta con casi la mitad de los bibliobuses de España, que permiten servir la cultura a 1.371 municipios: “Te sientes pleno cuando traes la lectura a los pequeños pueblos, porque lo mejor siempre es la gente”

Juan López (Ical)
24/01/2026
 Actualizado a 24/01/2026
 Niños acudiendo al bibliobús en Villalba de los Alcores (Valladolid) donde son recibidos por José Manuel Rodríguez. | ICAL
Niños acudiendo al bibliobús en Villalba de los Alcores (Valladolid) donde son recibidos por José Manuel Rodríguez. | ICAL

A las puertas del centro escolar de Villalba de los Alcores, en Valladolid, una decena de niños de varias edades esperan impacientes, nerviosos. En breves minutos hará su presencia el bibliobús, con ese aura que se dirige a un destino para transportar luz, color y aventuras; también romanticismo, intriga o terror en el interior de las páginas de sus libros.

En él viaja, como idiosincrasia del medio rural de Castilla y León, la diversidad, la de todos aquellos libros y revistas que están esperando un nuevo dueño para unos pocos días. Cada una de las caras de los más pequeños, que después estarán acompañados de adultos, sobre todo mujeres, esboza una sonrisa. Ya saben qué quieren tomar prestado. Cuando abre la puerta, les saluda, por su nombre y uno por uno, su ángel de la guarda, José Manuel Rodríguez: “He conocido a niños que ahora son adultos y siempre han sido usuarios”.

Rodríguez es uno de los principales exponentes de la vinculación entre la lectura y el asfalto, una combinación que casi siempre tiene el mismo destino: el medio rural. El miércoles, 28 de enero, se celebra el Día del Bibliobús en España. Y Castilla y León lo celebra como algo propio. No en vano, hablar de este servicio en el país es transportarse a esta Comunidad, pues cuatro de cada diez vehículos de esta tipología que se contabilizan en España se encuentran en la Comunidad, 30 de 77, una cifra que permite servir cultura a la puerta de casa en 1.371 municipios (más, si se tienen en cuenta las numerosas pedanías que hay en provincias como León). En España, llegan a 2.140, con lo que dos de cada tres municipios con servicio de bibliobús se encuentran en la Comunidad, que llegan a una población potencial de 1,5 millones de usuarios y realizan 2.158 paradas.

En algunas provincias, muchos municipios serían “otra cosa” sin bibliobús. “Podrían tener su personalidad, pero sería diferente. La cultura en general, y las bibliotecas en particular, constituyen una parte de la solución a la despoblación, que no se arregla solo con dinero, también con la vida diaria de las personas, que es cultura, información, servicios…”, expone el leonés Roberto Soto, presidente de la Asociación de Profesionales de Bibliotecas Móviles de España (Aclebim), pero también jefe de Sección de Coordinación de Bibliotecas de la Diputación de León, con lo que sabe de lo que habla.

Pero hoy es un día muy especial para José Manuel Rodríguez: “Es mi última ruta; este jueves me jubilo, tras 40 años en el servicio”. Los abrazos de sus ‘clientes’ no cesan. La ruta le lleva desde Fuensaldaña a Valdenebro de los Valles, pasando antes por Villalba de los Alcores y Montealegre. “He llegado al final de esta historia. Iba para maestro, pero me tropecé con el bibliobús, y de él ya no me he bajado”, recuerda este tordesillano, que repite en varias ocasiones que “lo mejor de todo este tiempo han sido las personas”.

Cuando empezó en este servicio de la Diputación de Valladolid, él mismo conducía el vehículo y era el bibliotecario. “Aquello era un caos, porque además vivía más gente en los pueblos y había colegio en todos ellos. Ahora es una relación más personal. La despoblación se ha notado”, señala, ligeramente apenado, y siempre acompañado de su inseparable chófer, el brasileño Ronison Dias. Emocionado, despide a cada uno de sus usuarios en cada localidad. “Hoy es un día muy especial para mí”, remarca. “Es maravilloso lo querido que me he sentido; que están deseando que les lleves lectura y cultura. Es un servicio muy demandado en el medio rural”, manifiesta, sobre todo por las mujeres. Nueve de cada diez abonados adultos son féminas, “tienen más inquietud, y los hombres, o no la tienen o les cuesta más mostrarla”. “Incluso, algunos les piden a sus esposas que les cojan libros porque les da pudor”, admite.

Día de emoción

La “pena” le supera en esta jornada. Tantas veces subido al bibliobús y ahora lo verá pasar por la carretera. “Cuando pueda lo saludaré, porque ha sido algo vocacional”, desliza, sobre un servicio que es “heredero” de ‘La Barraca’ durante la II República, que “llevaba la cultura a los pueblos”. “Me va a costar, la gente da mucho: amistad, afecto, empatía. Nos conocemos, son muchos años, y siempre los mismos usuarios, a muchos de ellos los he visto crecer”, incide Rodríguez. Profundiza, incluso, sobre un concepto poco reconocido, como es la soledad, tanto del bibliotecario como del usuario: “He aprendido a escuchar y que me escuchen. El vínculo no es solo el libro, es también la persona. Estamos rodeados de un fuerte componente humano”.

Y eso se nota. Sobre todo en Fuensaldaña y en Villalba de los Alcores. En este último los niños de Primaria se suben. Dejan los libros ya leídos y cogen los nuevos, uno sobre los Récord Guinness y otro de Isadora Moon. Tras el habitual trámite con José Manuel, le dan una sorpresa que le emociona. Le han preparado un dibujo y todos juntos se funden en una “piña de abrazo”. Alguna lagrima se deja caer. Igual que cuando llegan Pilar Criado, veterana usuaria del servicio: “Leo mucho gracias al bibliobús, pero hoy no sé que coger”. Tiene un mes y medio para leerlo, y con posibilidad de prórroga. Pero de repente llega Mónica Hernández y le recomienda ‘El maestro de azúcar’, de Mayte Uceda. “No te vas a arrepentir”, le dice. “Con que me lo diga Mónica me vale”, asiente Pilar. Las dos destacan el vínculo y las historias que da tiempo a vivir durante media hora dentro de un vehículo que por fuera es un camión y por dentro te sumerge en vivencias casi familiares.

Vínculos ‘casi familiares’

Mónica Hernández, que llega con botas de goma blancas, es una de las propietarias de Quesos Hernández García. Su atuendo se debe a que ha salido un momento de su trabajo, en la planta familiar de Quesos Hernández García. Aprovecha y le trae uno a José Manuel, quien le promete que le pagará por Bizum. “Me fío plenamente de él”, ironiza, con una carcajada. “Son muchos años que nos conocemos”. De hecho, recuerda que era niña la primera vez que subió al bibliobús “y ya estaba él”. Otra usuaria le pregunta por los pasteles por la jubilación y él ya solo señala que “ha llegado al final de esta aventura tan bonita y en paz consigo mismo”.

La penúltima parada en la vida laboral de Rodríguez es Montealegre de Campos, donde solo espera Pilar, otra antigua ‘clienta’ que le da dos besos y un abrazo al bibliotecario, al que le conmina a visitarles “ahora de otra manera”. “Yo vengo mucho, porque me gusta la ruta de los molinos, por el río Anguijón. Habrá que intentar coincidir”, traslada. En esta jornada nadie ha reservado ni ‘Hamnet’, la novela de Maggie O'Farrell, ahora con una película nominada a los Oscar, ni ‘Futbolísimos’ o Gerónimo Stilton para los más pequeños. “Son los títulos que más me piden”, señala.

Servicios más diversos

Desde un punto de vista más administrativo, el leonés Roberto Soto manifiesta que ha cambiado el número y cualidad de los “servicios” que presta el bibliobús, que es “mayor”. Ahora se atiende a clubes de lectura, se desarrollan actividades de animación a leer, programaciones completas, préstamos colectivos de aula y se adquieren libros a la carta cuando son de interés general. Los vehículos llevan consigo un seguimiento por geolocalización, se han fomentado las redes sociales. “Nos hemos ido adaptando a los tiempos, que es fundamental, porque si no lo haces, mueres”, abunda en esta idea.

Especial dedicación tiene el servicio a poblaciones más pequeñas, sobre todo por el “problema de la despoblación”, destaca, en declaraciones a Ical. Celebra que muchos niños “descubrieron, gracias al bibliobús, un universo fuera de su localidad”. Al respecto, menciona que él conoce “catedráticos, políticos, periodistas y otros cargos oficiales” que “fueron niños del bibliobús”. “No es casualidad, no son un caso o dos. Esto indica que entre la familia y la escuela, junto a este servicio, le aportó calidad de vida a esas personas y a quienes le rodean, para que sean mejores y avancen. Hemos demostrado que puede dar un mejor futuro a las poblaciones y es una esperanza para seguir adelante”, profundiza Soto.

 El leonés Roberto Soto, presidente de la Asociación de Bibliobuses de España. | ICAL
El leonés Roberto Soto, presidente de la Asociación de Bibliobuses de España. | ICAL

Relata que cuando llegó a este servicio en 1991 había un porcentaje de 60 por ciento niños y 40 por ciento adultos usuarios, mientras que en la actualidad está al 50 por ciento, y en muchos pueblos el 90 por ciento son adultos “porque no hay colegio y no hay niños”, un apartado que apena porque “todo lo que tiene que ver con la cultura tiene temática humana”. “Somos personas trabajando para personas, y si hay niños, mejor, son el futuro”, sostiene.

Así, cree que los números “son importantes”, pero coincide con José Manuel Rodríguez en que es un servicio “de absoluta proximidad”. “Yo veo confianza y complicidad. La gente te ayuda y te equivocas”, asevera, y menciona que cuando algún vehículo se ha atascado en la nieve, los vecinos “salen a ayudarte”.

Soto es uno de los firmantes del denominado ‘Compromiso de Urueña’. Tomó forma hace dos años, cuando la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) y el Ministerio de Cultura organizaron una jornada en la Villa del Libro de Urueña, con alcaldes y bibliotecarios, para “hablar de la lectura en el medio rural”. De ahí se extrajo un decálogo que “obliga a las administraciones a ocuparse debidamente de las bibliotecas rurales”. Entre los puntos más interesantes, “entender que la biblioteca es un servicio básico y esencial para el medio rural”; que no habrá biblioteca sin personal; y que cuando no sea posible establecer un edificio, a esa localidad llegará el bibliobús. “Todos tenemos el mismo derecho”, dijo Soto.

Ese mismo derecho que José Manuel ha arraigado durante cuatro décadas en cada rincón de la provincia de Valladolid. Hoy se despide de Pilar, la de Montealegre, de Mónica y Pilar, las de Villalba, de todos y cada uno de los niños de los colegios que permanecen abiertos en el medio rural y que han marcado este episodio, quizás uno de los más importantes de su vida. Seguramente su profesión le ha configurado una personalidad de querer más a los demás, de ser mejor persona, de llevar la cultura y la lectura a los pueblos. Hoy, su bibliobús se despide bajo el teso y la línea horizontal del cielo que separa Montes Torozos y Tierra de Campos. A lo lejos queda ya el Castillo de Montealegre, y José Manuel alza su mano con un adiós. Otra compañera tomará su relevo a partir de ahora e iniciará una nueva aventura, un nuevo capítulo de un nuevo libro, el que une lectura y asfalto.

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