«Soy malo, y eso es bueno. Nunca seré bueno, y eso no es malo». ¿Sería Mario algo más que un simple fontanero si primero Donkey Kong y después Bowser no se hubieran empeñado en secuestrar a toda princesa que se cruzaba en su camino? Porque cabe recordar que la primera aparición del icono de Nintendo fue como ‘jumpman’ en el juego Donkey Kong de 1981, y fue gracias al simio de la gran ‘N’ por lo que este simpático saltimbanqui italiano inició su imparable camino al estrellato como protagonista de más de una veintena de títulos.
Porque un héroe necesita un némesis, y para hacer el mal no vale cualquiera. Que le pregunten si no a Marcus Phoenix. ‘Gears of War’, la saga que revolucionó el mundo de los juegos de acción en tercera persona, vio como el híbrido de planta y Locust -raza alienígena contra la que combate el protagonista- sin movilidad que Epic Games eligió como jefe final de la segunda entrega causaba estupefacción entre unos fans que todavía guardaban en la retina el combate frente a Raam de la primera parte.
En el extremo contrario se encuentra el Joker. Este payaso neurótico y maníaco, llevado magistralmente a la gran pantalla por Heath Ledger, es la contrapartida ideal de Batman tanto en el cine como en la saga Arkham, donde su carisma suple en gran medida al del caballero oscuro, que queda relegado a un segundo plano.
Cierra este póker de villanos legendarios Ganondorf. El poder, la ambición y la astucia del Gran Rey Malvado de Hyrule ha convertido a la saga Zelda en una de las más prolíficas referencia del mundo de los videojuegos y a Link en el segundo gran icono de Nintendo.
Miyazaki vs QTE
En los últimos años se popularizó, gracias en gran medida a la saga ‘God of War’ un tipo de combate denominado como ‘Quick Time Event’ (QTE) donde en determinadas fases de un combate el jugador tenía que pulsar un botón en determinado momento para que la cinemática avanzase, una mecánica que resultaba muy vistosa pero que restaba inmersión al crear la sensación de que el jugador no era responsable de lo que pasaba en la pantalla.
Entonces apareció Miyazaki y la saga Souls para poner todo patas arriba. El director propone todo lo contrario: libertad para el jugador y enemigos ‘ordinarios’ tan letales como cualquier gran villano, eliminando una fórmula que salvo excepciones - Megaman, Ghost ‘N’ Goblins - proponía un camino simple lleno de enemigos prácticamente inofensivos hasta encontrarse con el jefe final de turno.
El éxito de Bloodborne, que ha sorprendido incluso a la propia Sony vendiendo más de un millón de copias, es el ejemplo de que los jugadores lo tienen muy claro: larga y próspera vida a los villanos.